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Jose Jaume

Desde el siglo XX

José Jaume

Mariano Rajoy siempre ha estado allí

La pretensión del presidente del Gobierno de situarse al margen de la corrupción que enfanga a su partido es incompatible con los datos que se conocen. Lleva década y media al frente del PP

No es cuestionable afirmar que Mariano Rajoy siempre ha estado allí. El actual presidente del Gobierno no ha salido de la sala de máquinas del PP en más de década y media. Desde los primeros tiempos de Aznar, Rajoy ha sido una pieza clave de los engranajes internos del partido de la derecha conservadora española. Después de Aznar ha ocupado ininterrumpidamente su presidencia. No es, pues, ajeno a nada de lo que ha acontecido y acontece en su seno. Pretender lo contrario, que los españoles nos creamos que ha estado al margen de los casos de corrupción que lo han sacudido y sacuden, es ridículo, una soberana tomadura de pelo. Conste que cuando Abraham Lincoln sentenció que "se puede engañar a todo el mundo algún tiempo; se puede engañar a algunos todo el tiempo, pero no se puede engañar a todo el mundo todo el tiempo", no tenía en la cabeza la acreditada capacidad de embuste y tergiversación que exhiben los dirigentes del PP, Rajoy el primero, pero así y todo el aserto del presidente de los Estados Unidos, que supo reconciliar al país tras la Guerra de Secesión (fue magnánimo con los vencidos. Hizo lo contrario de lo que después de 1939 ejecutó el general Franco), acaba por cumplirse: nadie, salvo los que siempre están dispuestos a tragar con lo que diga, y ahí hay tanto ciudadanos como tertulianos, aceptan ya la ausencia de responsabilidad del presidente del Gobierno.

No es imprescindible retrotraerse al "Luis, sé fuerte", aunque nunca sobrará recordarlo, para constatar que Mariano Rajoy es directamente responsable de todo lo que concierne al PP. ¿O es que en una organización tan piramidal como es ese partido su presidente pasa a ser una reina madre con nulos poderes? ¿O es que no se rinde cuentas a quien es su máximo dirigente? ¿O es que en los papeles de Bárcenas, acreditados como auténticos, a pesar del "todo es falso, salvo alguna cosa" de Rajoy, no se establece la operativa con la que se actuaba?

Cuando el presidente dice que el Gobierno no entorpece la acción de la Justicia nos ofrece otro episodio del cinismo que exhibe el PP. ¿No es entorpecerla lo que está sucediendo en la Fiscalía Anticorrupción? ¿No lo son las afirmaciones que espeta el portavoz del PP en el Congreso de los Diputados, Rafael Hernando, poniendo en entredicho a los jueces que sitúan al PP en el epicentro de las sucesivas tramas de corrupción que investigan? El Gobierno y el PP bloquean cuanto pueden la actuación de los jueces. Sucede que al desbordarles la catarata de fango que cae sobre ellos desbarran más de la cuenta, porque solo si se pierde el oremus se entiende lo ocurrido en los últimos días: las declaraciones de los ministros Zoido y Catalá (el de Justicia está laminando la creencia en la separación de poderes) y las de Rajoy en las Américas, lejos del nuevo estropicio que se ha desatado en España.

En lo que conviene insistir, es que en un país de Europa occidental, en un estado con una democracia de las denominadas de calidad, un presidente de Gobierno sacudido por lo que está zarandeando a Rajoy habría dimitido. Sería impensable su permanencia. Aquí, no. Aquí la oposición del PSOE y Ciudadanos es la que propicia que Mariano Rajoy siga siendo presidente del Gobierno, que albergue razonables perspectivas de serlo en el futuro inmediato. El PSOE, preso de su abstención en la investidura, y Ciudadanos, obligado por quienes están en condiciones de exigirle, no albergan la intención de llevar su acoso hasta el límite que le obligaría a dimitir o convocar elecciones. No lo harán, al menos mientras los socialistas no solucionen su interna disyuntiva. Pero los ciudadanos tenemos derecho a reclamar que las cosas cambien de una vez por todas.

Es descorazonador observar cómo el entero sistema institucional español está siendo demolido desde dentro, al tiempo que se proclama su fortaleza. En la charca de las ranas reina el gran batracio. Sesamos claros: no es otro que Mariano Rajoy Brey.

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