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Antonio Papell

Podemos, Ada Colau, Cataluña

La nueva organización populista dirigida por Colau y Doménech pretende aglutinar a toda la izquierda catalana no independentista, aunque la rama catalana de Podemos ha quedado fuera.

El nuevo partido político impulsado por la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, se ha vertebrado en torno a "los comunes" del ayuntamiento de Barcelona -es en buena medida un "partido municipalista"„, corporación en que Barcelona en Comú (BComú) tiene once concejales de 41, que representan a En Común Podem, de Xavier Doménech, ICV, EUiA y Equo. El liderazgo real de la nueva formación es ejercido por el tándem Colau-Doménech. Hasta ahora, En Comú Podem era la coalición que englobaba a Podem Catalunya y a las demás formaciones mencionadas.

La rama catalana de Podemos, Podem Catalunya, capitaneada por Albano-Dante Fachín, ha quedado sin embargo fuera, a pesar de las advertencias de Pablo Iglesias, quien no ha querido sin embargo viajar a Cataluña (sí lo hizo Echenique, sin éxito) para no desautorizarle pero que mantiene una línea inequívoca de convergencia con Doménech. La posición de Fachín, secundado por las bases (con una participación ridícula por cierto), supone una fisura entre Podemos y la nueva formación catalana, y dificulta evidentemente las pretensiones de Iglesias de controlar a las confluencias (ha habido un movimiento similar en Galicia, que sin embargo Podemos ha podido controlar a tiempo). Además, una parte de Podem Catalunya (al parecer integrada por errejonistas) ha abandonado a Fachín y se ha adherido a Colau, lo que supone una ruptura clara de la homogeneidad "podemita". Con la particularidad de que por primera vez se detecta materialmente la otra ruptura, la producida entre Iglesias y Errejón.

La nueva organización populista dirigida por Colau y Doménech pretende como es evidente aglutinar a toda la izquierda catalana no independentista. De ahí que siga defendiendo con tibieza el "derecho a decidir" y hasta la conveniencia del referéndum€ aunque acordado con el Gobierno. Claramente, la nueva organización busca atraer, además de a la izquierda no nacionalista, al nacionalismo centrista moderado, al clásico catalanismo político progresista que no desea en absoluto la ruptura con España ni la hegemonía del nacionalismo recalcitrante de Esquerra o de la CUP.

En cualquier caso, no hay indicio alguno de que Colau y Doménech deseen mantener una relación verdaderamente federal con Podemos: la "fraternidad" habrá de producirse, si se produce, desde una posición claramente independiente. Y es curioso que este mismo vocabulario -el de la fraternidad a toda prueba„ está siendo utilizado por Podemos de Andalucía, donde cada vez es más notoria la pretensión de romper amarras que muestra Teresa Rodríguez, secretaria general de Podemos en la región y portavoz en el Parlamento de Andalucía.

Así las cosas, la posición de Podemos, después del II congreso que ha marcado el liderazgo de Iglesias y la postergación del errejonismo (equivalente al moderantismo), no es boyante. Por un lado, el resultado del congreso confina a la organización en la extrema izquierda, en alianza estrecha con Izquierda Unida, un valor seguro pero limitadísimo; por otro lado, el mapa estatal de Podemos es demasiado fluido. En Cataluña, en Galicia, en Andalucía€ Incluso en Valencia la unidad es vaporosa.

La pretensión de Podemos es, como se sabe, conseguir el sorpasso con relación al PSOE, lo que en principio no parece imposible estando como están los socialistas. La victoria de los socialistas partidarios de la "gran coalición" con el PP dejaría mucho sitio expedito a Podemos; en cambio, si se impone la opción más izquierdista, reduciría el espacio de Podemos y le obligaría a plantearse a medio plazo una solución "a la portuguesa". Sea como sea, Podemos se está pareciendo cada vez más a Izquierda Unida, el errejonismo está viéndose excluido de un proyecto radical de izquierdas en que Garzón se siente muy cómodo, y el PSOE, reducido a proporciones alarmantemente bajas en Cataluña, tiene que reaccionar si quiere eludir el riesgo cierto de convertirse en una fuerza testimonial.

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