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Rufián y sus dicterios

La comparecencia en el Congreso del exministro del Interior Fernández-Díaz y del exdirector de la Oficina Antifraude de Cataluña, grabados ambos cuando presuntamente se confabulaban para luchar políticamente contra sus adversarios políticos independentistas utilizando para ello el aparato del Estado, ha sido un éxito de la democracia, que sin embargo ha quedado eclipsado por la puesta en escena de la sesión, de la que solo quedará memoria de la zafiedad de Rufián y de los insultos que volaron como dagas por el aire.

Estos casos de franca corrupción (aunque en este caso no tenga contenido propiamente económico, como suele ser habitual) tropiezan con las dificultades que oponen PP y PSOE, que alegan el interés del Estado para tapar la realidad (es inaceptable su pacto para evitar que los policías profesionales declarasen en el Parlamento). Con la particularidad de que los partidos nuevos, que son los que deberían oxigenar la Cámara, acabar con las viejas inercias y traer claridad a raudales sobre estos episodios oscuros, se pierden en la espectacularidad de su llamativa puesta en escena, sin ser capaces de ahondar en el fondo de las cuestiones. En definitiva, este pasado miércoles todos corroboramos el florido repertorio de dicterios que maneja el señor Rufián, pero no conseguimos enterarnos de lo que era la famosa "policía patriótica". Mucho ruido y pocas nueces.

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