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Antonio Papell

El modelo uruguayo

La presencia en España del expresidente uruguayo José Mugica, a quien Juliana ha llamado "uno de los referentes sentimentales de la nueva izquierda española", no es casual. Sus apariciones junto a Ada Colau, virtual alcaldesa de Barcelona al frente de Barcelona en comú, y a Manuela Carmena, que será la regidora de Madrid al frente de Ahora Madrid, no son casuales, y demuestran cierta similitud entre aquel Frente Amplio que nació en Uruguay en 1971 para romper el viejo bipartidismo formado por el Partido Blanco y el Partido Colorado, y que agrupó en un primer momento a las grandes fuerzas de izquierdas socialistas, comunistas y a otras formaciones progresistas liberales y democristianas. En cualquier caso Uruguay experimentó una dura dictadura 1973 y las elecciones de 1985, y el Frente Amplio sólo se convirtió en parido de gobierno en 2005.

El Frente Amplio ha sido y es un instrumento de regeneración de la política uruguaya que puede considerarse exitoso, tanto de la mano de José Mugica, un político singular que ha permanecido todo su mandado viviendo en su humilde residencia, como de Tabaré Vázquez, el nuevo presidente, muy en línea con el anterior. Y todo indica que Podemos está mirándose en este espejo, intentando formar una candidatura de unidad popular bajo su liderazgo con el fin de formar "frente" de izquierdas con pretensión de hegemónico. No hace falta decir que en España el concepto de 'Frente Popular' tiene resonancias histórica ingratas, pero lo tiempo han cambiado mucho y tenemos que perder el miedo a las palabras.

En España, las candidaturas de unidad popular, vertebradas por Podemos en algún caso o al menos impulsadas como opciones de futuro por la formación de e Pablo Iglesias, pueden pescar en un espectro notablemente más reducido. Aquí, la izquierda socialdemócrata, homologada con sus afines europeos e internacionales, es el PSOE, que se disputa el poder con la derecha conservadora y que sabe a la perfección la envergadura limitada de las opciones que figuran a su izquierda. En otras palabras, el frente amplio español incluirá a las organizaciones situadas a babor del PSOE más o menos en la posición que ha ocupado históricamente Izquierda Unida, con sus conocidos vaivenes al ala y a la baja.

En ras circunstancias, las opciones de unidad popular están teniendo éxito en las grandes conurbaciones, muy politizadas, como Madrid y Barcelona. Los ciudadanos de estas urbes saben que más importante que el sesgo ideológico, es el talante, el proyecto. El proyecto se ha contagiado a otras localidades, como las mareas gallegas pero no parece que haya a trascender del ámbito municipal.

Con toda probabilidad, los gobiernos municipales de Madrid y Barcelona, macarán una impronta en el gobierno, desmitificarán la izquierda en este país y llenarán el ámbito municipal una audacia creativa que se echaba en falta desde hace años. Con todo, la principal dialéctica de pode en el ámbito estatal y también en el autonómico será la formada por los grandes partidos estatales, que conservarán previsiblemente hegemonía. Claro que la influencia de este frente de izquierdas no será desdeñable, e incluso podría terminar imponiéndolos en el gobierno si la grandes formaciones políticos no rectifican y se adaptan a unos nuevos tiempos en que los mercados jugarán como siempre un papel eminente pero no el suficiente para fijar las pautas y pos anclajes en que deben sustentarse los grandes elementos el Estado de Bienestar.

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