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Pesca

Denuncian que barcos de cerco venidos de fuera dejan atunes rojos muertos en el mar

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Denuncian que barcos de cerco venidos de fuera dejan atunes rojos muertos en el mar Iñaki Olaizola

Los pescadores de Balears están muy enfadados porque esta temporada se está repitiendo una circunstancia que, pese a sus reiteradas denuncias, las autoridades no acaban de solucionar: las redes de sus barcos de arrastre capturan de forma accidental grandes atunes rojos en avanzado estado de descomposición que se encuentran en los fondos marinos tras haber sido abandonados a la deriva por las grandes embarcaciones de cerco venidas de la península y de Francia, Italia y Malta a la pesca de esta codiciada especie. 

Estas «capturas» accidentales provocan en las artes de las barcas baleares graves destrozos y, en la mayoría de los casos, la pérdida de sus capturas diarias ya que el cuerpo del túnido ha podido ser abandonado a merced de las corrientes hace días o incluso semanas y, si su estado de descomposición es muy elevado, se «desmenuza» al ser capturado por la red de los arrastreros llenando de restos de atún las capturas de la jornada y haciendo inviable su comercialización posterior.

Pero, ¿por qué los grandes barcos de cerco venidos de otros litorales abandonan a la deriva estos grandes túnidos que tienen un gran valor comercial? Lo explica Antoni Garau, secretario general de la Federación Balear de las Cofradías de Pescadores.

Denuncian que barcos de cerco venidos de fuera dejan atunes rojos muertos en el mar

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Llevados a granjas de engorde

«Estos cerqueros suelen meter vivos a los atunes rojos capturados en unas grandes gavias que son remolcadas a granjas de engorde situadas en varios puntos de la península», comienza su explicación el responsable de la Federación balear recalcando esta acción es legal y está completamente regulada ya que está establecido con qué piensos deben ser «engordados» los túnidos de manera previa a su evisceración, despiece y congelación antes de ser enviados a su principal y más lucrativo mercado para su posterior comercialización, Japón.

«El problema es que durante su transporte en la gavia con destino a las granjas de engorde se dan a menudo situaciones en las que los túnidos están sometidos a un gran estrés, en ocasiones embisten violentamente contra la red de la jaula, y algunos de ellos mueren», continúa Garau denunciando que, muy habitualmente, estas gavias «sobrepasan con creces» su capacidad transportando por tanto a los túnidos en un insoportable estado de hacinamiento.

Y para evitar que estos atunes computen en la cuota de capturas que tiene asignada cada una de estas embarcaciones, deciden abandonar los cuerpos en medio del mar provocando los citados perjuicios a los pescadores profesionales de las islas.

Las empresas propietarias de estos barcos de cerco también contratan y llevan a bordo submarinistas para controlar el estado de los atunes durante el traslado y, en caso de que alguno de ellos muriera a consecuencia del estrés o por alguna otra causa, tienen un método para abrir parcialmente para desembarazarse del cuerpo sin el que el resto de sus congéneres recuperase la libertad.

En este punto se pregunta Garau por qué los comisarios del ministerio de Agricultura y Pesca o los comunitarios de la propia UE que deben ir a bordo de estos cerqueros para controlar que no sobrepasen sus cuotas de capturas no hagan nada para evitarlo.

Porque si no se percataran de estos hechos, cuando menos estarán incurriendo en una actuación negligente o francamente mejorable. Habida cuenta que estas embarcaciones tendrían la capacidad de manipular a bordo los atunes muertos por esta causa, eviscerándolos y congelándolos para su posterior comercialización o, simplemente, izándolos para que sirvieran de alimento de la tripulación antes de que su carne se pudriera, la única explicación plausible es que los armadores optarían por este abandono en medio del mar para que esos «kilos» dejados a merced de las corrientes no computen como parte de la cuota de capturas asignada.

El secretario general de las Cofradías de Pescadores de este archipiélago sostiene que el «mar balear» es el verdadero santuario para la pesca del atún rojo y que por eso se desplazan hasta sus aguas barcos de cerco de la península y de otros países de la UE para dedicarse a la captura de esta lucrativa especie.

El experto explica que las principales empresas españolas que arman estos barcos y que se dedican al engorde y comercialización de esta especie son la catalana Balfegó, con sede en Ametlla de Mar (Tarragona), y la murciana Fuentes, que operaría desde Cartagena. Entre las dos tienen operativos seis cerqueros con cuotas individuales de capturas similares que oscilan entre las 212 y 297 toneladas por embarcación y temporada.

Estas embarcaciones, junto a otras que practican el arte de palangre en superficie y que también se dedican al atún rojo, todas ellas venidas de la península ya que en las islas no hay ningún barco de esta modalidad pesquera, serían, junto a los cerqueros llegados de Francia, Italia o Malta, serían las culpables de estos abandonos en alta mar aunque es prácticamente imposible demostrarlo.

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