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Diario de Mallorca

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BOULEVARD

Los contagios se han multiplicado por ocho con el pasaporte covid

Madrid, Castilla y León, Castilla-La Mancha y Extremadura tienen datos menos desbocados sin certificado que Mallorca, donde se necesita el DNI para tomar un café de 1,20 euros

El álbum volcado por José Bono incluye una foto en Palma en 1991, en casa de su compatriota manchega Sara Montiel y con consortes.

Siéntate en tu casa y verás pasar el desmentido de tu enemigo. Porque de los autores de Vamos a Salvar Vidas Torturando a los Vivos, llega ahora el sensacional espectáculo Contágiate de la Covid como Puedas porque solo es una Gripe. Pronto llamarán negacionistas a quienes sostengan que el coronavirus no debe confundirse con un vulgar catarro, sorprende la continuidad en el Consolat de las apocalípticas que han pisoteado la Constitución con el apoyo del irrelevante TSJ, el Tribunal Síseñor de Justicia que acuñó la melodramática y muy jurídica expresión de «pandemia terrible». ¿Pero no quedamos en que es una gripecita?

Si lucieran un mínimo de coherencia, la primera decisión de las autoridades gripadas consistiría en retirar de inmediato el fantasmagórico pasaporte covid. Desde su instauración en Mallorca el 4 de diciembre, los contagios se han multiplicado por ocho. La incidencia ha pasado de cuatrocientos a 3.300, si me aguantan un número en domingo. Por supuesto, ni se nos ocurre atribuir la responsabilidad al certificado, como harían los responsables sanitarios si la flauta de la correlación les hubiera sonado positiva por casualidad. En algún momento habrá que evaluar la calidad de los pseudocientíficos que han orquestado esta farsa.

No diga gripalizados, diga griparalizados (petit hommage al gran Planas Sanmartí). Por fortuna para nuestros propósitos cartesianos, hay comunidades que no obligan a sus ciudadanos a circular con el pasaporte en la boca, véanse Castilla y León (75 por ciento), Castilla-La Mancha (107), Madrid (2) o Extremadura (70). El dato adjunto es el crecimiento porcentual semanal, menos desbocado en todos los casos que el 111 por ciento de Mallorca, donde se necesitan el DNI y el mamarracho para tomar un café de 1,20 euros.

En una ocasión de los años noventa necesitábamos saber si una maniobra urbanística del alcalde de Palma podría redundar en responsabilidades ante los tribunales. La respuesta nos sobrepasaba pero, por fortuna, en el auditorio de Sa Nostra hoy La Caixa se celebraba un importante congreso de urbanismo. Concentraba a decenas de catedráticos y profesores de la disciplina. Nos desplazamos al salón y planteamos la duda. Pese a su entusiasmo ante el dilema no supieron dar una respuesta concreta, ninguno de ellos, ni siquiera un esbozo teórico. El suelo es el limbo a ras de tierra.

Lo narrado no es casualidad, el urbanismo está legislado para extraviarse en su laberinto. Desde esta perplejidad paso a contarles lo que he visto en son Rapinya, enfrente y junto al ilustre colegio CIDE. Van construyendo bloques de casas, y más bloques de casas, y otros bloques de casas adyacentes a los anteriores. Y así hasta doscientos y trescientos metros sin solución de continuidad, en todas direcciones. Los más avispados ya habrán alcanzado mi perplejidad, ¿dónde están las calles, travesías o pasajes, para que el resto de ciudadanos podamos circular por el entorno? Ni un solo vial, ni trazas de que vayan a abrirse en el futuro. Palma se construye como un bloque macizo, dando lugar de hecho a gated communities prohibidas en teoría. Aunque seguro que los catedráticos y especialistas urbanísticos sabrían defender la ciudad sin calles, a cambio de un precio ajustado.

En la imagen que nos ilustraba el pasado domingo, nos preguntábamos qué pueblo mallorquín había servido de escenario para la distinguida publicidad de la principal marca británica de maletería. Es curioso que la mayoría de respuestas apuntaran a Valldemossa y demás enclaves montañosos, la pulsión de la Tramuntana. Pues bien, se trataba de Binissalem, otra prueba de que Mallorca no tiene zonas sin encanto, solo incautos dispuestos a pagar más para sentirse archiduques de Chopin.

En la imagen que hoy nos ilustra, un sábado a mediodía de agosto me llama a casa el entonces ministro de Defensa José Bono, que descansaba en Formentor y quería parlamentar. No levanté acta tan minuciosa de la conversación como acostumbra el político, que acaba de volcar el álbum que incluye su visita al piso de su compatriota Sara Montiel en el edificio Mediterráneo del Paseo Marítimo. Por orden de aparición, Zeus Tous (solo una pierna), José Bono jr., José Bono sr., Ana Rodríguez, Ana Bono, Antonia Abad y Pepe Tous, Amelia Bono y Thais Tous.

Reflexión dominical nucleica: «Podem de qualque manera demanar per què el codi genètic no té més lletres primes?» (Àngel Terron, The poetry of science).

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