Suscríbete

Diario de Mallorca

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Día Mundial de Lucha contra la Depresión
Salud mental Susana Arboleya Psiquiatra en Son Espases

«Los trastornos mentales graves no reciben la atención que necesitan»

La doctora Susana Arboleya asegura que muchas urgencias psiquiátricas son por «intolerancia a la frustración»

La psiquiatra Susana Arboleya, en Son Espases. Son Espases

El deterioro de la salud mental es la otra gran pandemia de estos tiempos, aunque más silenciosa y menos mediática que la del coronavirus. La psiquiatra del hospital Son Espases Susana Arboleya explica que la mente es una parte más del cuerpo que integra la salud, y como tal, hay que acostumbrarse a cuidarla, e invertir los recursos necesarios para que reciba una atención adecuada.

Preguntar cómo ha afectado la covid en la salud mental de los ciudadanos es casi obligado.

Te puedo responder con datos. En 2021, en comparación al año 2020, las consultas en las unidades de salud mental de Baleares se han incrementado un 16%, y sobre todo por trastornos de la esfera ansioso-depresiva. Esto es, a la práctica, 30.000 personas más tratadas con ansiolíticos y 17.000 más que toman antidepresivos.

Más personas con ansiedad, depresiones y todo tipo de cuadros psiquiátricos y psicológicos. ¿Repercute eso en los suicidios?

No tiene por qué... y más si hablamos de las islas. Mientras que 2021 para España fue el año con más suicidios desde que se empezó a recoger este dato en 1906, Baleares fue la única comunidad que los redujo a la par que estalló la pandemia, en concreto un 10% menos.

¿Los intentos también han disminuido?

Si se contabilizan los intentos de suicidio es otra historia. En la población adulta las tentativas han crecido un 50%, y en los menores de 18 años, un 30%.

¿Cómo ha llevado el sistema sanitario esta avalancha de problemas de salud mental?

Te diré que la lista de espera, que antes estaba en 41 días, ha crecido hasta los tres meses. Pero esto siempre ha pasado. Las unidades de salud mental siempre han estado infradotadas, por lo que el sistema ya estaba tensionado antes de la covid.

Siempre infradotadas. ¿Es una cuestión histórica?

Sí, sin duda alguna. La salud mental siempre ha estado al margen, porque se consideraba que la mente no es parte del cuerpo y que los trastornos se escogen, no se padecen. De hecho, hace poco que Psiquiatría es una especialidad integrada en los hospitales grandes con su propio espacio, hasta hace poco estábamos separados. Pero falta mucha educación emocional, no solo en las escuelas, sino también en las familias. Si se hiciera prevención, si se enseñara a gestionar las emociones, no estaríamos tan saturados en las unidades de salud mental.

¿Saturados de pacientes que necesitan un psiquiatra o un psicólogo?

Mucha veces no. La realidad es que los médicos de cabecera también están colapsados, y a veces derivan a los especialistas a pacientes que igual no lo necesitan. Como Atención Primaria carece de este recurso, los médicos generales no dan de sí para hacer de filtro. Por eso nos llegan usuarios con cuadros clínicos muy leves, que nosotros realmente no deberíamos atender, y tampoco tenemos la posibilidad de priorizar a los pacientes por gravedad, así que al final los trastornos mentales graves no reciben la atención que necesitan.

¿Ayudaría que hubiera psicólogos en los centros de Atención Primaria?

Sí, incorporar la salud mental en la atención integral del paciente en la Primaria es una asignatura pendiente. Aunque también entiendo a los que dicen que eso es imposible, porque los médicos en estos centros apenas tienen tiempo, unos diez minutos por paciente. Así no se puede.

Entonces, al no tener alternativa, acuden a vosotros.

Sí. Buscan una ayuda externa y, al final, el sistema se colapsa con los trastornos mentales leves. Pero algunas veces estos casos no necesitan ayuda profesional, porque tienen problemas de la vida que causan malestar y tristeza, y eso es normal. Gran parte de las urgencias en psiquiatría tienen que ver con la intolerancia a la frustración.

Usted plantea, entonces, que sentirse triste no es motivo para acudir a un profesional.

Es que es normal estar triste, y sobre todo en según qué situaciones. Lo que pasa es que vivimos en un mundo que parece que nos obliga a no sentir las situaciones desagradables. Y además, en una sociedad como la nuestra, en la que prima el bienestar inmediato y absoluto por encima de todo, las restricciones no se han llevado bien, y eso conduce a pensar que la solución está en pedir ayuda a un profesional. A veces son otro tipo de cuestiones las que se deberían atender primero.

Cuestiones que no soluciona un psiquiatra, imagino.

Claro. Nosotros no podemos dar respuesta a situaciones desesperadas en las que es totalmente lógico sentir agobio o tristeza: si el paciente no puede dar de comer a sus hijos o pagar el alquiler, no necesita medicación ni terapia. Necesita ayudas sociales. Garantizar la vida digna también tiene un papel muy importante, y en ese sentido la falta de recursos repercute en el ámbito sanitario.

En tal caso, ¿cómo se detecta que una persona necesita ayuda profesional?

Cuando esa tristeza provoque una conducta aberrante, fuera de la norma, violencia, cambios abruptos en la personalidad, alucinaciones, consumo de tóxicos... entonces sí que hay que pedir ayuda. Y sobre todo, cuando se tienen ideas de suicidio, o cuando la muerte se plantea como la única salida al sufrimiento.

¿Cómo se deben tratar los casos leves que no llegan a experimentar esos síntomas?

Es muy importante que las familias tengan espacios de calidad en los que conversar. Hay que hablar en casa, abrirnos, comunicarnos. Muchas veces, el malestar se palia así, con conversaciones sanas, adultas y respetuosas, hablando claro y sin tabúes respecto a la salud mental. Puede que no se solucione el problema, pero es probable que se lleve mejor. De todas formas, si la situación emocional entorpece el día a día e incapacita para trabajar, mantener relaciones sociales o llevar a cabo un autocuidado con la higiene o la alimentación, hay que acudir rápidamente a un profesional.

Se habla de los jóvenes como los grandes damnificados por el deterioro de la salud mental. ¿Qué pasa con la gente mayor?

Las personas de la tercera edad son poco consultadores. Ellos toleran mucho mejor, por ejemplo, las situaciones de pérdida de un ser querido, por una cuestión generacional y por aprendizaje acumulado. Pero muchas veces, necesitan más ayuda de la que piden. Igualmente, lo de los jóvenes es claramente una urgencia social. En un mundo tan cambiante y convulso, tienen muchas dificultades de adaptación, y la sociedad debería ofrecerles herramientas para apoyarles, porque está claro que han salido muy perjudicados de esta situación de emergencia mundial.

Compartir el artículo

stats