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«La oferta de alojamiento ilegal está descontrolada», denuncia la patronal de viviendas turísticas de Ibiza

La Asociación de Viviendas y Alojamientos Turísticos alerta de la «mala imagen de la isla» que dan las infraviviendas que se ofrecen en plataformas como Airbnb

Turistas en Platja d’en Bossa de Ibiza.

Turistas en Platja d’en Bossa de Ibiza.

«No importa si hay virus o no, la oferta ilegal es la de siempre, está descontrolada», afirma Manuel Sendino, gerente de la Federación Hotelera de Ibiza, que asegura que a pesar de la pandemia la oferta es «la de siempre». «Igual alguien que explotaba algún espacio este año no lo hace por la falta de demanda, pero a la gran mayoría le merece la pena», indica Sendino, que recuerda las estrictas medidas de prevención de los contagios que deben asumir los establecimientos hoteleros.

En lo que va de verano, algunos hoteles ya han sido objeto de varias inspecciones para controlar que cumplen estos procesos, explica Manuel Sendino, que recuerda que los establecimientos han tenido que adaptar rutinas de limpieza y desinfección que duda que se lleven a cabo en los alquileres turísticos ilegales. En este mismo sentido se manifiesta José Antonio Llano, presidente de la Asociación de Viviendas y Alojamientos Turísticos (AVAT), que destaca lo que la pandemia ha supuesto para quienes tienen inmuebles con licencia para alquiler turístico. «El protocolo es muy importante», comenta Llano, que lamenta «la mala imagen de la isla» que ofrecen las «infraviviendas y alojamientos tercermundistas» que se ofrecen para este verano a través de plataformas como Airbnb: tipis, yurtas, tiendas de campaña, chozas, furgonetas, cuartos de calderas y hasta chabolas con techo de sombrilla y paredes con maderas o cristal.

Sin baño ni agua caliente

«Está claro que no cumplen ninguna normativa», critica el presidente antes de recalcar que una vivienda no puede obtener la licencia de alojamiento turístico sin cumplir unos requisitos, entre los que se encuentran, por ejemplo, el número de baños en función de las plazas que ofrezca. Muchos de estos alojamientos, de hecho, carecen de baño. Como mucho, cuentan con uno de compost al aire libre. Lo mismo que las duchas, la mayoría de las cuales no disponen, siquiera, de agua caliente.

Sendino destaca que, en el caso de los hoteles, una habitación «de las pequeñas» tiene unos diez metros cuadrados. Nada que ver con algunos de los espacios que se pueden encontrar en la plataforma, como una vieja sala de calderas que la anfitriona denomiza «la celda» y en la que apenas cabe un colchón de 90. Estos establecimientos ilegales ofrecen servicios, por los que cobran extra, como wifi, ventiladores, secadores, desayuno, comida o sesiones de yoga y terapias alternativas.

Tanto Llano como Sendino reconocen que se han llevado las manos a la cabeza «como cualquier otra persona» al ver las tarifas, que superan los cien euros por noche, en algunos casos. Sendino confiesa que algunos de estos alojamientos le han recordado, por el tamaño de los espacios, a las cabinas en las que se duerme en los hoteles colmena japoneses.

«Venimos denunciando este intrusismo desde hace muchos años», destaca el portavoz de las viviendas turísticas, que reclama más medios y fórmulas para frenar la oferta ilegal. «No hay suficientes», recalca Llano, que señala que la asociación es una firme defensora «de que quien la haga, la pague». «Tanto si son alquileres legales como ilegales», destaca el presidente antes de insistir en que eso es algo que sus asociados tienen claro. Llano cree que se podrían buscar otras fórmulas para tratar de frenar esta oferta implicando a otros departamentos, no sólo a los relacionados con Turismo, especialmente en el caso de estos espacios que no cumplen las mínimas condiciones de seguridad o salubridad.

«Está claro que hay intención de frenarlo, pero las administraciones fallan», afirma el gerente de la Federación Hotelera. «Les ha faltado eficacia», critica Manuel Sendino, que señala que la normativa actual «obstaculiza mucho» la labor de actuar contra la oferta ilegal. Incluso cuando los propios ciudadanos afectados denuncian las molestias que los inquilinos de estos pisos y casas sin licencia turística les causan.

De hecho, los alojamientos denominados «singulares» siguen floreciendo en la isla. Son muchos los propietarios que han instalado tiendas de campaña, tipis o yurtas en sus propias fincas con el objetivo de rentabilizarlas. Algunos de ellos ofrecen, en el mismo terreno, hasta seis o siete espacios con los que llegan a obtener alrededor de 6.000 euros en apenas veinte días.

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