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José Luis Tovar General de la Guardia Civil, jefe de la zona de Cataluña

«La Guardia Civil debe respetar todas las ideas, siempre que no deriven en acciones fuera de la ley»

El nuevo jefe de la Guardia Civil de Cataluña cuenta con que su condición de mallorquín y catalanoparlante será una ventaja en su puesto El general Tovar hace un repaso de sus 40 años de carrera y esboza sus prioridades: «Tenemos que ser útiles al ciudadano»

El general mallorquín José Luis Tovar, jefe de la Guardia Civil de Cataluña.

El general mallorquín José Luis Tovar, jefe de la Guardia Civil de Cataluña.

El nuevo jefe de la Guardia Civil de Cataluña es mallorquín, de Calvià, y catalanoparlante, lo que considera una ventaja en su puesto. El general José Luis Tovar, de 58 años, es también uno de los mayores expertos en cuestiones de tráfico, y en su etapa de jefe de la Comandancia de Girona coincidió con Carles Puigdemont en la alcaldía, con quien mantuvo «una relacion institucional muy correcta». A lo largo de esta entrevista hace un repaso a sus 40 años de carrera.

Es usted el tercer mallorquín que alcanza el generalato en la Guardia Civil en los últimos treinta años. Es un gran colofón a su carrera.

La verdad es que sí. No tenía esa información, pero me siento muy honrado de representar a las islas. Parte de la responsabilidad la tiene el trabajo que pude hacer en Balears. En Eivissa como teniente y capitán, y en Mallorca como capitán y comandante.

Cuando entró en la academia en 1981, ¿soñaba alguna vez en llegar hasta aquí?

La verdad es que no. Este año hace 40 años que entré en la Guardia Civil. Da un poco de vértigo pensarlo. La vida te lleva a veces por caminos extraños, pero nunca pensé en llegar a general. Sí en hacer una carrera larga en la Guardia Civil, donde me he sentido muy a gusto desde el principio. Se tienen que alinear un poco las estrellas y hacer las cosas relativamente bien para llegar hasta aquí. Y tener el apoyo de mucha gente: de mis guardias, el buen hacer de todos mis subordinados durante todos estos años, de mi familia y de mis amigos... Estoy muy agradecido por el cariño personal que he recibido en todos los sitios por donde he pasado. Todo ha ayudado.

Su último destino en Mallorca fue como comandante, al frente de los grupos de Información y Policía Judicial. ¿Qué recuerda de aquella época?

Quizá fue un trabajo más gris, más oculto, pero muy importante, haciendo de coordinador de las operaciones que se llevaban a cabo. Pero yo cuando me siento cómodo es como jefe de unidad, mandando un grupo de personas para dar servicio a la sociedad, en contacto con el terreno y con una responsabilidad. Ese es el papel que más me ha gustado siempre, el que he desempeñado durante la mayor parte de mi carrera y al que vuelvo ahora a Cataluña.

Poco después de su marcha ETA perpetró el atentado de Palmanova. ¿Cómo lo recuerda?

Fue muy doloroso, es una de esas cosas que uno tiene clavadas en el corazón. Yo sabía como guardia civil que en cualquier momento todos corríamos ese riesgo. Pero quién me iba a decir a mí, cuando estaba destinado en Álava de teniente con 23 años, que nos tocó vivir bastantes atentados, o estando en Barcelona, cuando sufrimos el atentado de Vic... Quién me iba a decir a mí que los últimos asesinados de ETA iban a ser en Calvià. Todavía me emociono cuando lo pienso.

¿Se pecó quizás un poco de exceso de confianza en la Guardia Civil y en la sociedad mallorquina en general, de pensar que una cosa así no iba a ocurrir nunca aquí?

No, no. Quizás si se hubiera mirado debajo del vehículo se hubiera podido detectar la bomba. O no, porque al parecer estaba muy bien escondida. Pero no se puede echar la culpa por exceso de confianza. Tenemos que vivir, la vida tiene que seguir y uno no puede vivir constantemente como si tuviera un cuchillo en el cuello. La culpa no es de las víctimas, la culpa es de los asesinos, siempre.

Doce años después se sigue sin saber quiénes fueron los autores. ¿Cree que llegaremos a saberlo algún día?

No es que lo crea, es que estoy seguro. Responderán ante la justicia.

Su nombre llegó a barajarse hace un par de años como jefe de la Comandancia de Balears. ¿Le hubiera gustado?

Claro, por eso lo pedí. Lo que pasa es que la decisión de mis superiores fue otra y lo asumí con disciplina. Y además no de mal grado. Yo he estado bien en el destino en el que he estado. Pero también hay que entenderlo, que si puedes cuadrar la carrera profesional y tu trabajo con tu vida familiar, es inmejorable. Yo lo he conseguido en algunas ocasiones y en otras pues he tenido que continuar siendo un excelente cliente de las compañías aéreas y marítimas. Pero he estado encantado de estar en mi destino en Madrid unos años más. El destino en Balears era una opción por un tema más bien familiar, y hubiera sido un orgullo mandar esa zona, pero bueno, es un tren que pasó y no hay que darle más vueltas.

Usted ha pasado los últimos seis años como jefe de operaciones de la Guardia Civil de Tráfico a nivel nacional, lo que implica tener bajo su mando a los más de 10.000 agentes de la Guardia Civil de Tráfico que hay en toda España. ¿Cómo era su día a día?

Bueno, pues un poco vertiginoso. Esta parte del servicio es la más operativa, pero hay otras áreas de la agrupación sin las cuales esto no funciona. No funciona sin un buen sistema de gestión de recursos humanos o recursos materiales. La parte mía era muy bonita: es gestionar qué hacer, cómo hacerlo y dónde. Es muy interesante y he tenido un muy buen equipo. Y lo dejo con cierta penita, porque la agrupación de Tráfico es una gran especialidad dentro de la Guardia Civil. Pero el otro día, cuando me despedía, les decía a los compañeros que voy a echar mucho de menos el amarillo, pero que el verde me gusta tanto o más. Así que también voy a estar muy a gusto en Barcelona.

Estos años le han convertido probablemente en uno de los mayores especialistas en el tráfico de España. Recuerdo una conferencia que dio precisamente en el Club Diario de Mallorca en que se lamentaba de las más de mil muertes anuales que causaban los accidentes de circulación y se conjuraba para tratar de reducir ese número. Precisamente en 2020, con las restricciones de movilidad por la pandemia, se ha logrado bajar a menos de 800 víctimas mortales. ¿Se podrá mantener o estamos condenados a volver a las cifras anteriores cuando se recupere la normalidad de la circulación?

Por desgracia estamos recuperando el índice de siniestralidad de los años anteriores. Ha sido un año muy triste porque las vidas que hemos ganado en la carretera se las cobrado con creces la enfermedad. Pero está claro que podemos mejorar y vamos a trabajar en ello. No solo desde el punto de vista de la normativa y de hacer cumplir esa normativa, que es una de las funciones de la Guardia Civil de Tráfico. Y que es una labor ingrata, porque a ningún guardia civil le gusta poner una denuncia. Pero hay que hacerlo porque desgraciadamente no todo el mundo actúa con responsabilidad. Y el hecho de incumplir las normas implica poner en riesgo a los demás. Pero la Guardia Civil tiene más funciones, como los auxilios humanitarios o averiguar por qué se producen los accidentes y tratar de poner remedio. También influyen las medidas de seguridad de los vehículos. Vamos a mejorar, pero tenemos que trabajarlo. No podemos dar nada por hecho.

¿Y cree que hay margen para reducir la siniestralidad en carretera?

Sí, estoy seguro de que sí. Pero depende de muchos factores. También depende de la educación. Y se está consiguiendo. Estamos mejorando. Yo tenía una Vespa Primavera con la que iba al instituto en COU y no llevaba casco, porque no estaba concienciado. Vamos mejorando, y hay margen de mejora porque todavía asistimos en muchos accidentes en carretera en los que las víctimas no llevaban el cinturón.

En la Vía de Cintura de Palma se ha limitado la velocidad a 80 kilómetros por hora. ¿Cree que es una buena fórmula para reducir los accidentes?

Es pronto para decirlo, pero lo que sí le puedo asegurar, y es algo evidente, es que los accidentes que haya serán menos graves. Es física pura. Desde ese punto de vista, pacificar la circulación es un acierto. Luego hay que tener en cuenta la fluidez, pero una reducción de velocidad no tiene por qué afectar. Yo tengo la experiencia de Madrid, y en la M-30, en episodios de contaminación alta, la velocidad se reduce a 70. Y mi experiencia personal es que cuando eso sucede, la circulación es más fluida. Pero cada carretera es un mundo y hay que tener en cuenta las incorporaciones, los vehículos pesados... Y son los ingenieros los que tienen más información.

Aunque fue nombrado oficialmente jefe de la Guardia Civil en Cataluña la semana pasada, tengo entendido que ya se incorporó hace unas semanas en comisión de servicios. ¿Cómo está la situación y cuáles son sus prioridades?

Sí, aunque mi nombramiento fue la semana pasada, he estado unas semanas junto al general Pedro Garrido, cosa que le agradezco porque me ha ayudado a ponerme al día. La situación es complicada, como en otros sitios, pero ha mejorado respecto a años anteriores. Mi objetivo es dar un servicio de calidad. Tenemos que ser útiles al ciudadano y yo voy a trabajar para que mis guardias civiles tengan las condiciones y los recursos adecuados para prestar ese servicio, ayudar a la gente y ayudar a los guardias, que han vivido situaciones duras. La tolerancia es una vía de dos sentidos: pedimos respeto, pero debemos aceptar y respetar las ideas de los demás, mientras no deriven en acciones fuera de la ley.

¿Cree que la Guardia Civil se ha visto condicionada por el clima político en Cataluña?

La política del día a día no debe condicionar a la Guardia Civil. La política que nos condiciona a nosotros es la que genera la acción parlamentaria cuando se promulga una ley. Cuando esa ley se publica es cuando la Guardia Civil se ve implicada, porque su obligación es hacerla cumplir

¿Su condición de mallorquín y catalanoparlante supone una ventaja en este puesto?

Pues claro. Aunque yo nací en Huelva, tenía unos meses cuando mi padre fue destinado a Calvià. Y le agradezco mucho que nunca se fuera de allí. Un compañero me definió una vez perfectamente: soy un mallorquín de pata negra, porque soy mallorquín, aunque nací en la sierra de Huelva, donde hay muy buen jamón, entre otras cosas. Me siento muy mallorquín, y Mallorca siempre será un lugar donde fondear.

Supongo que también ayuda que usted estuviera durante seis años al frente de la Comandancia de Girona. No es un recién llegado.

Sí, claro. Conozco bien Cataluña, sé dónde voy, y voy contento. Y es una ventaja, claro que sí.

¿Cómo están las relaciones con los Mossos d’Esquadra? ¿Se ha entrevistado ya con el mayor Trapero?

Sí, he tenido dos reuniones con él durante este periodo y las relaciones son estupendas. Tenemos una relación operativa muy correcta. Ya lo era cuando yo estuve destinado en Girona hace seis años, y sigue siendo así.

También coincidió en Girona con Carles Puigdemont como alcalde de la ciudad. ¿Cómo era su relación? ¿Hubo algo que le hiciera prever lo que pasó después?

Pues no. Fue una relación institucional muy correcta. Yo asistía a las reuniones de la Junta Local de Seguridad en el Ayuntamiento con él como alcalde. Y antes de ser alcalde, también coincidimos en distintos actos, y tuvimos siempre una buena relación. Luego ya, cada uno es dueño de tomar sus decisiones y decide hacia dónde ir.

La covid nos ha cambiado la vida a todos, también a la Guardia Civil. ¿Cómo les ha afectado la pandemia?

Fue un cambio funcional absoluto. Tuvimos que emplearnos en lo que se empleó toda la sociedad, en atajar el virus. Desde las comandancias hemos participado en el control de la movilidad, en asistir a la gente más aislada y más necesitada, en los servicios públicos más esenciales... Y también nos hemos preocupado de que los guardias no enfermaran, para poder seguir prestando el servicio y por cuestiones básicas de salud, evidentemente, para no ser tampoco un vector de contagio. Hemos tenido que establecer protocolos y formas de trabajar adecuadas para no generar un problema.

El Tribunal Superior de Justicia de Cataluña ha ordenado a la Generalitat a impulsar la vacunación de policías y guardias civiles, que va muy retrasada. ¿Qué ha pasado?

No tengo información en concreto de cuál ha sido el problema. Puede que hubiera alguna disfunción, pero estoy seguro de que se solventará pronto.

¿Ha empezado ya esta vacunación masiva de los guardias?

Sí, se está organizando y entiendo que no habrá problema para conseguirlo. Pero bueno, habrá que verlo.

¿Usted se ha vacunado ya?

Sí, me han puesto la primera dosis en Madrid. Yo soy de los de AstraZeneca, tengo menos de sesenta años, y ahora estoy a la espera de lo que digan las autoridades sanitarias sobre lo que tengo que hacer con la segunda dosis.

Después de 40 años en la Guardia Civil, si echa la vista atrás, ¿de qué se siente más satisfecho?

Lo que me da más satisfacción es haber acertado con mi vida. Este mes de julio hará 40 años que me vestí de uniforme, es toda una vida. Yo tomé la decisión cuando tenía catorce años, en Calvià, y en el instituto nos dijeron que teníamos que elegir una rama, decidir entre letras o ciencias. Y en aquel momento me decidí. Pensé: yo quiero ser guardia civil. Mi padre era guardia y yo vivía en el cuartel, y tenía muchos amigos en el pueblo. Y veía que mucha gente venía al cuartel cuando tenía un problema, y consultaban al guardia. Lo que ahora se llama policía de proximidad, arbitraje, conciliación... todo eso ya estaba inventado allí. Y cuando la cosa funcionaba veía a los guardias contentos y las personas agradecidas. Y cuando no, a los guardias apenados por no haberlo podido solucionar bien. Aquello tenía algo. Así que tomé la decisión. Me fui a la academia a los 18 años y he estado en doce destinos. Y de eso es de lo que me siento más satisfecho, de haber acertado.

Y la otra cara de esta pregunta: ¿De qué se arrepiente?

A veces se arrepiente uno de cosas que hizo sin ser consciente. He sido mando de unidad prácticamente toda mi carrera, y aquí hay que tomar decisiones y ser responsable de ellas. Seguro que en muchas no habré acertado. Y también tengo, no un arrepentimiento, sino una sensación de pena por los que se han quedado atrás. Los que han muerto por terrorismo o por enfermedad. El coronel Ismael Bellés, compañero de promoción y destino, falleció recientemente por la covid, y esa es la pena más grande, pero es algo que debemos aguantar todos. Y quisiera aprovechar para expresar mi pésame por la muerte de sus colegas periodistas en Burkina Faso.

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