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Baleares, una sociedad polarizada

Políticos, investigadores y filósofos analizan cómo ha empeorado la fragmentación ciudadana en los últimos años y cuáles pueden ser las consecuencias en las islas

Una sociedad polarizada

Una sociedad polarizada

«Hoy parece que todo vale, o piensas como yo o eres el enemigo». El fenómeno de la polarización social y política se ha visto agravado en el panorama nacional y autonómico durante la última década. Términos como «fascista», «comunista» o «progre» se han convertido en insultos entre dos presuntos bandos que evidencian un distanciamiento de los ciudadanos en Balears. «Nos encontramos en un momento donde el juego de la retórica de buenos y malos, amigos y contrarios ha cobrado mucha fuerza», asegura Hugo Viciana, investigador en Ciencias Sociales y profesor de la Universidad de Sevilla. Pero, ¿de dónde surge esta polarización? ¿Qué papel han jugado los partidos políticos en este contexto? ¿Cuáles podrían ser las consecuencias?

Desde la perspectiva de Antoni Aguiló, filósofo e investigador social en la Universidad de Coimbra (Portugal), este proceso se potenció con la crisis económica del 2008, en la que comenzó a abrirse una brecha en la sociedad: «A partir de la recesión y las políticas de austeridad, aumentaron las cifras de pobreza y también el número de parados. A esto también habría que añadirle el giro de la socialdemocracia hacia proyectos más liberales». Un componente, el de la crisis, que también señala Pere Joan Pons, diputado del PSOE en el Congreso de los Diputados: «Todas las crisis externas de los últimos años han provocado un malestar social enorme y ha generado una reconfiguración de los espacios políticos». Otro de los aspectos que han afectado al auge de la polarización es la cuestión territorial, con el choque entre el soberanismo español y el independentismo catalán como eje fundamental. «En Balears la política lingüística ha sido uno de los elementos que más ha dividido», apunta el propio Aguiló.

Partidos ideológicos

Pero, sin duda, el factor más determinante que señalan sociólogos y personajes políticos es el discurso de las formaciones y su posicionamiento ideológico, que se ha traducido en un distanciamiento entre los ciudadanos. Es lo que el investigador Hugo Viciana denomina como polarización afectiva: «Es la disposición que tienen los individuos a relacionarse con personas que simpatizan con partidos divergentes. La identidad y la emoción son piezas que se han encajado en los discursos». De hecho, en un estudio a nivel nacional de la revista Plos One en el que trabajó Viciana, se destacó que el 75% de los participantes mostraban algún grado de hostilidad ante la idea de relacionarse con individuos de partidos opuestos.

«Cuando una formación como el PP o Ciudadanos presenta en el Parlament una propuesta positiva, esta es automáticamente rechazada porque no forma parte del núcleo del Govern. Creo que nos hemos olvidado del servicio público que debemos cumplir, por encima de la ideología», declara Isabel Llinàs, exdiputada del Partido Popular en las islas. Una fragmentación que ha provocado que todo sea blanco o negro, según Pere Joan Pons: «Ya no existen los matices, ahora es socialismo o libertad, parece que nos hemos vuelto seguidores de equipos de fútbol». Sin embargo, Viciana considera que esto va más allá de los partidos, ya que quizá también es un problema de las instituciones: «¿Los partidos ofrecen división y los ciudadanos la compran o es a la inversa? Lo que está claro es que hoy en día tenemos un sistema en el que llegar a acuerdos con partidos ideológicamente diferentes les puede costar muy caro a nivel de votos».

Desafección

Ante esta situación de bloqueo y falta de diálogo, se está generando un sentimiento que también afecta a la polarización como es el desinterés y desapego de los ciudadanos hacia la política. «Hay un problema de raíz, la desconfianza del electorado en los partidos. Por este motivo surgieron Unidas Podemos o Vox», analiza Antoni Aguiló. Una sensación que también comparte Isabel Llinàs: «Estamos llegando a un punto social de pasotismo muy preocupante. La gente cada vez tendrá más desapego porque los políticos van por un lado y la ciudadanía por otro».

La crisis del 2008, la cuestión territorial y el posicionamiento emocional de los partidos son algunas de las causas

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El fenómeno de la división se está extendiendo con mucha rapidez a nivel global, incluida Balears. «El choque y el desprestigio entre los partidos y votantes distintos existe en las islas», asegura Llinàs, aunque para Pere Joan Pons, «no se puede comparar con la polarización que se vive en otras comunidades como Madrid, por ejemplo». En lo que todos los testimonios coinciden es que esta fragmentación está en línea ascendente, y que, con la llegada de la covid-19, se podría generar un impacto aún mayor sobre el territorio insular.

Preocupación por el futuro

«Sería difícil concebir que la pandemia no fuera un factor propiciante de fuertes encontronazos políticos y afectivos, es algo que está afectando al bienestar de muchas personas», informa el investigador Hugo Viciana. Desde una perspectiva política, Antoni Aguiló expone que el bloqueo podría ser constante: «Si los partidos no están dispuestos a flexibilizar sus posturas, será muy difícil que lleguen a acuerdos, será difícil formar gobiernos y habrá más elecciones, lo que también conllevará más hartazgo de la gente».

Además, el propio Aguiló indica que «todo lo que está en el centro del tablero desaparecerá, es el claro ejemplo de Ciudadanos». Pero lo que más preocupa entre los sociólogos y políticos es el posible aumento de los discursos de odio y las hostilidades, tal y como sostiene Isabel Llinàs: «Si este año no hay industria turística, el invierno que viene será terrible. Socialmente se podrían producir graves altercados porque la gente no podrá cubrir las necesidades básicas».

Frente a este conflicto, el diputado socialista Pons considera fundamental la llegada de los fondos europeos a las islas: «La respuesta que se ha dado ante la crisis de la covid me parece una gran solución a este fenómeno, es un ejemplo de solidaridad en España». Por otro lado, para Viciana no es suficiente enfocar este conflicto desde las instituciones, también es necesaria una respuesta de la gente: «Corresponde a la sociedad civil no aceptar el todo vale y tratar de promover normas para acabar con el odio». Un ejercicio de empatía y comprensión, concluye Antoni Aguiló: «Hay que hacer un esfuerzo e intentar aproximarnos al otro, al final no estamos divididos en un 50% comunistas y un 50% fascistas».

El impacto de las redes y las «burbujas informativas»

Los algoritmos de medios como Twitter o Instagram también han jugado un papel fundamental según los testimonios. «En las redes se ha promovido la expresión de posiciones más radicales ya que les da muy buen resultado a nivel de visualizaciones. Las emociones como la indignación o el enfado se difunden muy rápido a través de estos canales», analiza el investigador Hugo Viciana. Otro conflicto que generan las redes, según indica la exdiputada Llinàs, es lo que se conoce como «burbujas informativas»: «La gente busca por las redes corrientes de opinión que refuercen su propia creencia, esto le da seguridad a la persona pero empobrece su sentido crítico». «Acaban induciendo el perfil ideológico del usuario», confirma Aguiló.

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