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El hospital se impone al hotel

El hospital se impone al hotel

Los hoteles llevan lustros ejerciendo de logotipos de Mallorca. Al lado de la catedral, sa Foradada o las cuevas del Drach siempre queda un hotel para ser utilizado como signo y referencia de la isla del monocultivo turístico. Ahora ella misma deberá ingresar en estos establecimiento para curarse de una pandemia que le priva de visitantes y trabajadores. Después, a medida que se vaya avanzando entre inmunidades y vacunas, la convalecencia y la rehabilitación serán largas y dolorosas, con cicatrices que requerirán de mucho tiempo para ser borradas.

Los hoteles siguen siendo la imagen de Mallorca, pero tanto a su alrededor como en su interior desprenden una realidad y un drama inimaginable hace apenas dos semanas en esta Mallorca que, engreída ella, se creía inmune a toda fatalidad que no sobrepasara los temporales costeros y las torrentades alocadas.

Fijémonos en el paseo marítimo de Palma, siempre a la vanguardia de los acontecimientos. Los militares medicalizan el hotel del Palacio de Congresos en previsión de alojar en él a pacientes leves de coronavirus. Era la única concentración humana que no podía imaginar el centro de convenciones. Hasta ayer se nos había dicho que los hospitales de Mallorca iban sobrados y que estaban preparados para cualquier cosa.

Al impacto de esta imagen todo adquiere otra dimensión. Sabemos lo que nos espera aún permaneciendo sanos. Hoteles convertidos en hospitales. No hay más que decir.

Visto esto, el compromiso de Francina Armengol para pagar el paro a los fijos discontinuos que no logren trabajar, se vuelve estricta necesidad al igual que la compra de mascarillas, tests y demás material. También la contratación de nuevas plantillas de sanitarios.

En cambio, los reproches de Company a la presidencia, aún con bastante carga de razón, se quedan en minucia que debería haber esperado tiempos mejores. Porque hoy el ciudadano tiene preocupaciones más graves por afrontar y resolver.

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