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El estado de bienestar es ruin

El estado de bienestar es ruin

El estado de bienestar es ruin

Estamos en el momento álgido y más crítico del confinamiento. El calendario y los acontecimientos así lo señalan. La fragilidad se ha acentuado porque no hay una sola noticia buena y brotan puntos de desánimo. Los resultados del esfuerzo exigido y asumido se prometen pero no se vislumbran. Más bien todo lo contrario, la curva fatal sigue ascendiendo y arrastra con ella mayor número de muertos. Los hospitales de Mallorca están preparados pero, ante el espejo de lo que ocurre en Madrid, nadie está en condiciones de asegurar que la logística disponible, los eventuales hospitales de campaña y los tests rápidos y demás medios que llegarán "lo antes posibles" sean suficientes.

Primer fin de semana sin poder evadirse de Palma y los pueblos envueltos en su soledad. Abundancia de multas y contados arrestos pero, con todo, no es lo peor porque hay un dato para el escalofrío y la parálisis del ánimo. Si las UCI se colapsan, y algunas lo harán, deberán decidir a la carrera quien es mejor candidato potencial para vivir y quien queda para la mala suerte de morir.

Total, que el estado del bienestar era demasiado frágil. Un virus lo ha mandado al garete en dos días. Es ruin porque, cuando se ha quitado la careta, ha mostrado su verdadero rostro mesquino, avariento y de malas mañas. Estas son acepciones que el diccionario más ortodoxo aplica al término ruin. Aquí, en nuestras vidas, están.

Un estado del bienestar convenientemente vacunado y honesto permite visitar a los ancianos en sus residencias y les posibilita vestimenta anticontagio. También se provee de mascarillas y pruebas médicas para todo eventualidad posible. Y, sobre todo, no convierte a los médicos intensivistas en jueces de la existencia humana. Tampoco valora las "patologías previas" como derecho preferente a la muerte por coronavirus.

Este estado del bienestar, concebido para la rutina y la uniformidad, calcula, en cambio, frías probabilidades de supervivencia y clasifica sus necesidades en función de la disponibilidad con protocolos centrados en cuestiones técnicas. En sus momentos de apuro, como ahora, ni siquiera te permite velar y despedir a los muertos. Después, cuando todo se tranquilice, te venderá que el duelo necesita hacer su proceso. Al salir de la cuarentena también te estampará un ERE en la cara y te recordará que es el momento de la declaración de renta.

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