08 de marzo de 2018
08.03.2018
Día Internacional de la Mujer

Historias singulares en femenino

Lliteras llama a trabajar "juntas y juntos" por la igualdad real, al tiempo que Siles considera que los hombres deberían celebrar el 8-D, "porque tienen madres, hermanas, hijas" - Elena habla de "empoderarse" y Yolanda, de "ganar el futuro"

08.03.2018 | 02:09
En primera persona. Una entrenadora de un equipo de rugby masculino; una víctima de maltratos que, como terapia, escribió un libro; una ex prostituta que lucha por la abolición de la explotación sexual; una ´kelly´ a la que le duele su trabajo; una joven madre de cuatro niños pequeños y una jovial abuela de 93 años reflexionan sobre su vida en primera persona con motivo del Día de la Mujer.

Marta Lliteras
Entrenadora de un equipo de rugby masculino

"Los jugadores sólo quieren una persona preparada al frente"
Entreno a 70 hombres, de entre 18 y 55 años. Soy entrenadora de tres cuartos (de la defensa) del Club de Rugby Majadahonda. También ejerzo de directora deportiva. Estamos en Primera Regional y queremos subir a División de Honor B (que sería como la segunda división en el fútbol). En mi categoría no hay ninguna entrenadora. Por debajo, tampoco. Sólo en División de Honor, hay una y es segunda entrenadora.

La verdad es que los chicos sólo quieren que haya una persona capacitada al frente. Cuando me ficharon, no les pareció anormal. Se trata de un club que siempre ha apostado por mujeres en cargos directivos y formativos. Tiene también un club en División de Honor femenina. Es algo que está totalmente normalizado. Eso me da confianza, el ver que nos valoran y nos hacen caso.

Me encanta hacer grupo con ellos, escucharlos... Me gusta analizar con qué rival vamos a jugar la semana siguiente y analizar sus fortalezas y sus debilidades. La única dificultad con la que me he encontrado son a veces las instalaciones deportivas. Si no lo hay, tengo que pedir un vestuario aparte para cambiarme. O me ducho antes o después de que ellos lo hayan hecho. Por lo general, la gente que es ajena a nuestro deporte y me ve en el campo de rugby puede pensar que igual soy la fisioterapeuta o la novia de algún jugador. Lo tienen asociado así. Pero la gente que es del mundillo ya sabe que el Majadahonda tiene una mujer entrenadora.

Cuando la Federación oferta un curso de entrenador en ningún momento dice que esté prohibido para mujeres, pero es que ninguna mujer se apunta. En este sentido sí veo que una puede ser un referente. A mí me lo han dicho a veces: "Qué valiente eres". En la isla tenemos muchos clubes deportivos femeninos como el CIDE de voleibol o el Collerense, también deportistas. Y no les hacemos caso. Todos tenemos que aportar. Hay que implicar a los hombres. Y eso es algo de todas. Es una barrera que nos imponemos. Hay que ir juntas y juntos.


María Antonia Fraguas
Víctima de maltratos que ha escrito un libro basado en esa experiencia

"Los mitos del romanticismo han dañado mucho a las mujeres"
Me lo decía, y no me lo creía. El educador social al que habíamos ido a ver por mi hijo, una persona a la que no conocía de nada, me estaba avisando de que yo era una víctima de maltratos y que llamase inmediatamente a la policía y me fuera a un piso de acogida. "¿Pero qué has bebido?", le pregunté. Me quedé cuatro meses en shock después de aquello. Mi reacción fue de negación, porque a veces no es fácil ser consciente de que te maltratan. El maltrato no se produce sólo cuando te dan una paliza y te dejan un ojo morado. Hay un maltrato psicológico, sexual, incluso económico. A mí, mi marido me decía cosas como "Eres una inútil", "¿Dónde vas así vestida?", "Eres una mala madre". Yo misma me quedé con esas ´etiquetas´. Llegué a pensar que no me merecía nada bueno. Me creía esas cosas, porque me las decía alguien a quien quería. Mi marido me menospreciaba, controlaba mis amistades y criticaba mi familia. Quería aislarme.

Yo seguía mal. Arrastraba una depresión desde hacía tiempo. Un médico me dio la baja, y me acabaron derivando a la Fundación IReS. Me vio otra psicóloga. Yo pensaba que me diría que el educador social estaba equivocado. Pero no. Corroboró lo del maltrato. No fue fácil dar el paso definitivo. Teníamos tres hijos en común y 13 años de matrimonio. Cada vez que lo intentaba, me suplicaba: "Cambiaré. Si me dejas, voy a morir". La psicóloga me dijo que él usaba tácticas de manipulación y que tenía que cortar de golpe. Y eso es lo que hice. "Me quiero separar, por las buenas o por las malas", le dije. Y se fue. Se fue fuera del país. Pero me siguió intentando controlar por teléfono. Me llamaba hasta 30 veces al día.

A partir de toda esta experiencia escribí un libro, ´Barrotes que no se ven´. Recoge los pasos que di hasta acabar rompiendo. Nunca hay que olvidar que las relaciones deben basarse en el respeto y la igualdad. Por ser mujer, no tienes que aguantar según qué cosas, ni que te menosprecien ni tener relaciones sexuales si no quieres. Y en esto los mitos del romanticismo han dañado mucho. Si dice que te querrá hasta el final y después te humilla, no es amor. Los ataques de celos, tampoco. La vida es sólo una, y no vale la pena vivir amargada.


Pilar López
Comadrona con 4 hijos, con edades que van desde los 6 al año y medio

"¿Cómo es mi día a día con cuatro hijos pequeños? ¡Un maratón!"
¿Cómo es mi día a día? ¡Un maratón! A las siete estamos en pie. Y a las siete y media despertamos a nuestros cuatro hijos. De seis, cinco, tres y un año y medio. Las dos mayores son niñas y los pequeños, niños. Mi marido les prepara el desayuno y yo les cambio, hago que se sienten a desayunar... A las 8.15, él se los lleva, y yo me quedo arreglando el... desastre. Pero después aterrizo en el trabajo, me pongo a revisar analíticas, a hablar con pacientes y se me olvida todo lo demás. No es fácil, claro que no es fácil. Ahora tengo 31 años, y tuve mi primera hija con 25. Cuando me quedé embarazada, justo había dejado una interinidad. Pero vine a la isla -yo soy de Madrid- y me contrataron en el Ibsalut estando embarazada. Al principio, estaba de lunes a viernes en el centro de salud y los fines de semana, guardias en el hospital, porque me gusta atender partos. Con mi segundo hijo, dejé de hacer estas guardias. He ido ocupando interinidades y ahora estoy en la Casa del Mar (Palma). ¡He tenido suerte de que mi empresa haya apostado por mí! En mi consulta me sorprende las mujeres que se reincorporan enseguida al trabajo después de ser madres. Tengo autónomas que se reincorporan a la semana. Hay que recordar que la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda la lactancia materna exclusiva durante los seis primeros meses del bebé. Una mujer no está repuesta de un parto, tanto física como psicológicamente, hasta un año después. Por eso pienso que la baja maternal, como mínimo, debería ser de un año. Yo he podido constatar que la mayor ansiedad que sufren las madres es por la perspectiva de reincorporarse al trabajo. ¿De verdad que la única solución es dejar a un bebé de cuatro meses en la guardería?


Shirley Siles
Presidenta de las 'Kellys', colectivo de camareras de piso

"Desayunaba un Red Bull y un calmante para aguantar el día"
El Red Bull te da alas, dice el anuncio. ¡Vaya si las da! Ha habido temporadas en que cada mañana me tenía que tomar un Red Bull para aguantar todo lo que venía después. Lo tuve que dejar porque un día me dio muchas palpitaciones y nunca más. También en temporada, durante el desayuno, es habitual que tomemos un Iboprufeno, para aguantar el dolor. Son ocho, nueve y hasta 10 horas diarias. ¡Llegas a tener un dolor en el cuerpo como si hubieras hecho un decatlón! Tengo una hernia discal y una rodilla operada porque se me rompió el menisco con el movimiento de mover un trapo con el pie para limpiar el suelo. Incluso muchas veces he limpiado de rodillas para asegurarme de que no quedase ni un pelo. A mí me lo dijo mi médico: "De acuerdo, tienes 49 años y a esa edad todo envejece. Pero este desgaste que tú tienes no es por la edad, sino por el trabajo".

Yo trabajaba en un hotel cinco estrellas. Hacía 10 habitaciones al día. Puede parecer que no son muchas, pero es que, en un cinco estrellas, hay que dejar cada habitación como los chorros del oro. Si los supervisores o la gobernanta encuentran un solo pelo en la bañera, ¡es un pecado mortal! Y no es una exageración lo que estoy diciendo. Me acuerdo de una vez que me hicieron volver, porque en un armario había quedado una percha que era un poco más fina que las demás. Y las mamparas de los baños, ¡hay que dejarlas perfectas! ¡Como si fuesen invisibles! No sabes cómo me fastidian esos enamorados de San Valentín que se ponen ´Te quiero´ con un pintalabios en la mampara (ríe).

¿Que por qué no hay camareros de piso? ¡Sí que los hay! Empieza a haber. Y, si no hay más, es porque los hombres dicen: "Es que este trabajo es de mujeres". Pues, mira, yo conozco hombres que han trabajado con nosotros y han acabado la temporada fatal. Me acuerdo de uno que, cuando empezó, debería pesar unos 80 kilos. Era un hombre bien, fuerte. Acabó el verano con unos 50 kilos, ¡estaba hecho un tirillas! Por el esfuerzo, la falta de descanso, por comer mal... Cogemos carros de ropa con un peso increíble y no olvides que los hoteles tienen moqueta y no veas lo que cuesta moverlos. Las ruedas se atascan cada dos por tres, y a veces hay rampas.

El 8 de marzo debería ser todos los días. ¡Siempre! No sólo deberían ir mujeres, deberían ir todos a la huelga. Los hombres tienen madres, hijas, hermanas... Son muchas desigualdades. De sueldo, por el permiso de maternidad... Una mujer ve una oferta de trabajo y tiene que tener en cuenta muchas variables. Si combina con el cuidado de los niños, con el horario de la escuela, con el trabajo que debes hacer en casa para tenerla arreglada...


Elena (nombre ficticio)
Educadora de igualdad en médicos del mundo y ex prostituta

"Hay que abolir la prostitución; no se puede legalizar una esclavitud"
Con 18 años, llegué a Italia desde Rumanía. Iba para trabajar de cuidadora, pero, cuando llegué, me dijeron que no había ninguna oferta. Estando en Italia, la mafia argelina intentó captarme. Un chico de la mafia venía siempre al bar donde yo trabajaba. Venía con un cochazo y me decía que me iba a llevar a su casa. Era gente peligrosa de verdad, llevaba una pistola. Me escapé y me vine a Mallorca. Aquí sabía a lo que venía, a ejercer (la prostitución). Empecé en la calle. En Avenidas. De nueve de la noche a seis de la mañana, siete días a la semana. Los sábados, a las cinco de la mañana sí que nos podíamos ir a tomar algo al acabar. De lo que ganaba, la mitad era para mí y la otra mitad para él, mi proxeneta, que era mi cuñado. De mi mitad le tenía que dar para el piso, las fiestas y la ropa. A veces, robábamos. Y, si había robado una camiseta o unas zapatillas, también se las tenía que pagar luego a él para quedármelas. Una noche me escapé. Le dije que me iba a Italia. Pero me quedé en Mallorca. Empezaron a buscarme, mientras yo ejercía en una casa a escondidas. Estuve dos años así. Pero Mallorca es pequeña y un día me los crucé. Sigo recibiendo amenazas de mi antiguo proxeneta. Se fue a Bélgica con mi hermana y mi hermana tuvo que abandonarle, porque le pegaba.

En los pisos y en los clubes, hacía lo que se llaman ´plazas´. Estaba unas semanas y después iba cambiando. En una casa estuve muchos años. Yo quería salir de esa vida, pero sin saber castellano no podía hacer nada. Una noche, haciendo la calle, vinieron de Médicos del Mundo y de Casal Petit. Gracias a ellos, empecé a hacer cursos de formación, aunque no eran homologados. Al final sí que pude hacer un curso homologado de actividad asistencial, y empecé a trabajar. No es fácil. Siempre tienes el miedo al estigma. La directora del centro donde trabajo actualmente se enteró. "Estoy muy orgullosa de tenerte en mi empresa", me reconoció.

He tenido que empezar una vida nueva. He perdido a mi familia, porque dejé de enviarles dinero que ganaba con la prostitución. He perdido amigos. No puedo volver a Rumanía, porque mi proxeneta es de mi mismo barrio de Rumanía. En Palma, mis contactos eran 'puteros' y mujeres que ejercían.Tuve la suerte de encontrarme con feministas abolicionistas. Estoy en contra de la legalización. He aprendido a empoderarme. Recuperé mi dignidad y mi vida. Me han dado herramientas. La base de la prostitución es el patriarcado. Si no hubiese demanda, no habría oferta y las mafias no traerían a nadie. A los que ya son 'puteros' igual no los cambias. Pero hay que intentar cambiar la mentalidad de los jóvenes. No es verdad eso de que la prostitución es libertad sexual. Ellos te eligen, ellos te pegan por hacer lo que les da la gana. No quiero que se vea la prostitución como algo normal, porque no lo es. Estamos legalizando una esclavitud.

Ahora estudio, trabajo... Lucho. Intento llevar una vida normal. Con mi pareja, mis estudios, mis perros. Y sigo haciendo voluntariado. Soy educadora de igualdad en Médicos del Mundo, para ayudar a otras mujeres. Vamos a clubes, a pisos, repartiendo información, ayudando. Cuando viene el Día de la Mujer y reflexiono sobre los retos que nos quedan por delante, pienso en que hay que evitar que nos intenten invisibilizar.


Yolanda Lagomarsino
A sus 93 años, se define como una mujer "con muchas inquietudes"

"Somos la palanca que mueve el cambio, ¡ganemos el futuro!"
La evolución de la mujer ha sido tremenda. En mi época, se las preparaba para casarse, tener hijos y llevar la casa. El marido, a trabajar. Ahora, la mujer tiene más libertad en todo. Se puede separar y ¡hasta puede convivir bajo un mismo techo con un hombre sin casarse! Eso en mi época era impensable. La sociedad les hubiera señalado. Eso sí, no todas las evoluciones son perfectas. Hay cosas a las que la mujer tendría que poner el punto y final. Como hacer propaganda con esos vestiditos cortos en las carreras de coche, exhibiéndose. Antes, las mujeres no tenían tanta libertad para trabajar. Aunque hay que decir que yo trabajé en la radio y en el periodismo. Fue en Chile. Hice de reportera, de locutora comercial... ¡Hasta hice radionovelas!

En 1975, tras el golpe de Pinochet, nos vimos obligados a exiliarnos. Yo estaba casada con un periodista (Guillermo Candia). Trabajaba en un diario de izquierdas. Pero la Junta Militar lo cerró, y le tiró un par de ´bombitas´ durante los bombardeos de Santiago. El primero que salió para Colombia fue mi marido, después mi hijo fue con él. Yo salí de Chile con tres hijos. La verdad es que fue una etapa muy triste. Muy cruel. Las ideas no se tienen que combatir con armas, ¡se dialogan! O, al menos, así lo creo yo.

Soy una mujer con muchas inquietudes. Siempre estoy pensando en lo que tengo que hacer mañana. Ahora estoy leyendo el último de Paul Auster ´4 3 2 1´. ¿Le cuento de qué va? Sigue un poco la estructura de ´Forrest Gump´, recordando la historia de Estados Unidos a partir de un personaje. Voy también todas las semanas al cine con mis nietas. Tengo que ver ´La forma del agua´, ¡dicen que es una gran película! También me gustó mucho la de ´Los Papeles del Pentágono´. Mis hijos me han dotado además de toda clase de instrumentos modernos. Tengo ´tablet´, móvil, WhatsApp, Facebook... La verdad es que me manejo bien.

¿Qué les diría a las mujeres de hoy en día? Pues que tienen que tomar conciencia. ¿Lo ha pensado usted alguna vez? Todo gira alrededor de nosotras. Contamos con un arma poderosa en las manos y debemos pensar que tenemos que ganar el futuro. Ya he visto que mañana (hoy para el lector) hay huelga. Y sí, quedan batallas. Como la equiparación de sueldos, poner fin a este machismo que es tan, tan... anticuado, y asumir el papel que nos corresponde. ¡Somos la palanca que mueve el mundo!

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