15 de enero de 2017
15.01.2017
Diario de Mallorca
Nueva ordenanza

La prohibición de usar bolsas de plástico solo afectará a un 15% de las que se comercializan

Los fabricantes recuerdan que el veto no incluye a las de varios usos y a aquellas que se utilizan para envolver alimentos - Advierten de que las biodegradables son cuatro veces más caras que las que ahora se prohíben

14.01.2017 | 22:07

  1. Bolsas de plástico de varios usos: son las de mayor tamaño y resistencia, y se usan en muchas grandes superficies para las compras más pesadas (algunas llevan asas) y en los supermercados a un precio algo más alto que las de un uso.
     
  2. Bolsas para los alimentos: la industria destaca que se trata de las más consumidas. Son las que envuelven productos como la carne o las ‘chuches’ de los niños, y son de uso obligado para evitar asi la contaminación del alimento.
     
  3. Bolsas de un uso biodegradables: son las que deben de sustituir a las bolsas tradicionales de un solo uso que quedan prohibidas. Su problema radica en su elevado precio y que solo se producen en grandes cantidades.

No

  1. Bolsas clásicas de un uso: son las prohibidas y según los fabricantes solo suponen un 15% de su producción. Son más pequeñas y frágiles, y se encuentran en los supermercados (las baratas), farmacias o estancos.

Palma seguirá teniendo bolsas de plástico por sus calles dentro de un año. Muchas bolsas. Porque la nueva ordenanza que prohíbe su utilización en el municipio a partir del 1 de enero de 2018 afecta exclusivamente a aquellas de un solo uso que no son biodegradables. O lo que es lo mismo, solo vetará a alrededor de un 15% de las que actualmente entregan las empresas a sus clientes, según las estimaciones del sector encargado de su fabricación. De momento, la medida está generando una enorme confusión en el seno del sector comercial, según se reconoce, a la espera de su aprobación definitiva y con la incógnita respecto a cuánto tardará el Consell de Mallorca en hacer extensiva esta iniciativa al conjunto de la isla. Pero ya hay una primera conclusión: el coste de la adaptación para el pequeño comercio puede ser muy alto.

Las excepciones a la citada prohibición son numerosas y se deja fuera a muchos tipos. El primer ejemplo es el de las denominadas bolsas de plástico multiuso, es decir, aquellas que son de mayor tamaño y más resistentes, como pueden ser las que entregan algunos grandes almacenes y que llevan asas cuando se adquieren productos de gran volumen o peso, o las que se dan en los supermercados a cambio de un precio algo mayor, destinadas a cargar con compras con numerosos productos. Su empleo sigue estando autorizado.

Lo mismo puede decirse de las que se utilizan en los alimentos perecederos, como las que envuelven los productos cárnicos frescos o las que se entregan cuando los pequeños compran sus 'chuches'. La ley exige que estas bolsitas sean usadas porque impiden el paso de líquidos o el roce con otros productos, evitando así la contaminación del alimento que llevan en su interior. Esta categoría está entre las más usadas, según se señala.

Y finalmente, también se podrán usar las bolsas de plástico de un solo uso si son biodegradables, fundamentalmente las elaboradas con fécula de patata, aunque sus características hacen que su uso por parte de las pequeñas empresas presente notables complicaciones que más adelante se detallarán.

Las únicas que quedan prohibidas son las bolsas de un solo uso (son fácilmente identificables ya sea por su menor tamaño o por su su mayor fragilidad a la hora de llevar en ellas productos pesados), y según los fabricantes estas últimas suponen actualmente alrededor de un 15% de las que se sacan al mercado.

¿Dónde es más fácil encontrar estas últimas? Son de uso común en ferreterías cuando se adquieren productos de pequeño tamaño, en las farmacias, en estancos, en las mercerías y otros establecimientos de este tipo, además del comercio tradicional. En el caso de los supermercados, son las que se venden por un precio más bajo y son muy empleadas para compras que no son de excesivo peso.

A ello hay que sumar otro factor: son muchas las tiendas de moda que han introducido ya las bolsas de papel reciclado en sus establecimientos, lo que hace que tampoco en este caso el impacto sea excesivo, según admiten algunos de sus representantes.

El problema, según se reconoce desde estas industrias y desde el propio comercio, radica en la confusión que se ha generado en torno a este tema, al lanzarse la idea de que "el plástico va a desaparecer de Palma". No es así, aunque sí se va a poner freno a aquel que puede resultar más contaminante al ser de difícil destrucción.

Impacto en el pequeño comercio

Según señala el presidente de la patronal de comercio Pimeco, Bernat Coll, la filosofía de trabajar con productos no contaminantes para proteger el medio ambiente es compartida también por el comercio tradicional, lo que no significa que el sector este satisfecho con la forma en la que ha actuado el ayuntamiento de Palma. Porque en su opinión, el Consistorio ha cometido un error que hace que vayan a ser las pequeñas empresas las más perjudicadas por esta iniciativa: ha fijado un plazo de adaptación claramente insuficiente.

Los pequeños establecimientos usan esas bolsas de un solo uso como vía publicitaria, y se ven obligadas a adquirirlas en grandes cantidades para que su precio, con la correspondiente impresión, no sea demasiado oneroso. Es decir, una tienda puede tener una reserva de estos elementos para dos o tres años. Conclusión: al dar solo un año de tiempo para su sustitución, muchas tiendas se van a ver obligadas a 'tirarlas a la basura' sin haber llegado a hacer uso de ellas.

En el caso de las grandes superficies este conflicto no se da: su número de clientes y su rotación es lo suficientemente alta como para que tengan que hacer dos y tres pedidos al año, lo que implica que pueden pedir nuevos lotes de bolsas biodegradables antes de que acabe este año y estar perfectamente adaptadas al comenzar 2018.

Pero hay un punto que escuece a todos: las bolsas de un uso biodegradables pueden costar, como mínimo, de tres a cuatro veces más que las que se usan en este momento, lo que implica un impacto económico especialmente para los comercios que no las cobran.

Segundo problema: las más utilizadas, de fécula de patata, solo se suministran por parte de sus fabricantes en enormes cantidades (a partir de 50.000 unidades) y tienen como característica que se desintegran al año y medio, tiempo insuficiente para que una pequeña empresa pueda dar salida a tanta bolsa.

Y el tercero es que solo aceptan impresiones a dos colores, una traba para las empresas con imagen corporativa.

Todo ello explica que las grandes superficies garanticen que a 1 de enero del próximo año estarán ya adaptadas a esta normativa, mientras que los pequeños muestran una mayor preocupación. Pero todos reconocen que se trata de un paso que será inevitable en toda España y que ya se tenía previsto, aunque Palma pueda adelantarse.

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