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Boulevard

Mallorca es el paraíso del acoso inmobiliario a los residentes

Se viven días de luto entre los políticos mallorquines, ante el derribo del Mustang Ranch. La foto de Antoni Oliva muestra las entrañas del prostíbulo, que contribuyó con más fuerza que una campaña institucional a difundir la imagen de Mallorca.

Se viven días de luto entre los políticos mallorquines, ante el derribo del Mustang Ranch. La foto de Antoni Oliva muestra las entrañas del prostíbulo, que contribuyó con más fuerza que una campaña institucional a difundir la imagen de Mallorca.

En el rosario de agresiones a las clases medias, se olvida el drama de los desahuciados al corriente de pagos. No se trata de los beneficiarios de una injusta renta antigua y demás zarandajas. Hablamos aquí de inquilinos que han resistido heroicamente a la crisis, abonando puntualmente el alquiler para respetar el pacto con los propietarios de sus viviendas.

Ahora que las vacas mallorquinas vuelven a engordar, los arrendatarios son inmolados por su incapacidad para competir con el alquiler o el precio de compra que un sueco -porque es él- está dispuesto a pagar por una vivienda chic en es Jonquet o el Molinar. No tendríamos nada que añadir si fuera una libre decisión del dueño de la casa, pero denunciamos aquí a los buitres inmobiliarios. Estos personajes sin escrúpulos siembran la cizaña con falsas promesas, para que el casero desaloje a un inquilino que nunca le ha importunado.

Gracias a las aves de rapiña y ante el silencio clamoroso de las autoridades políticas y judiciales, Mallorca se ha convertido en el paraíso del acoso inmobiliario a los residentes. Y si son nativos, se les golpea con una furia adicional. Son los nuevos refugiados, pero el Consell Humanitario se desentiende de ellos porque solo sufre en sirio. El proyecto consiste en limpiar la isla de engorrosos mallorquines.

El acoso a los nativos no es un negocio neutro, si existe alguno así. Los alquilados en los barrios palmesanos de moda pagaban sus impuestos religiosamente, a diferencia de las inmobiliarias masivamente representadas en la lista de morosos y defraudadores millonarios a Hacienda. Lo mismo ocurre con los turbios personajes que sustituirán al inquilino cumplidor. Si así lo desean, cojan un mapa de Palma y claven alfileres en las zonas donde residen los grandes estafadores fiscales.

Mientras los ingenuos se despistan con sa Feixista, hay que combatir a los espabilados que trabajan para que se quede sin casa un mallorquín al corriente de pagos, y a quien ni siquiera conocen. Las víctimas no cuentan con el apoyo de Podemos ni de Plataformas de Afectados por las Hipotecas. Sin olvidar que la diferencia prometida al excitar la codicia se la embolsará íntegramente el intermediario miserable, al igual que ocurre con los asesores de inversiones. La diferencia entre un mercado bursátil estable y otro en ebullición nunca repercute en el inversor individual, palabra de Warren Buffett.

Incluso la ciudad de San Francisco frena los riesgos para los nativos de airbnb.com, la empresa allí nacida que dispara los precios de la vivienda. Sin embargo, un mallorquín ejecuta a un compatriota antes de desairar a un escandinavo. Lo ha escrito mejor que nadie Salvador Pániker, en su Diario del anciano averiado. “Han desaparecido los compromisos tácitos, basados en sentimientos compartidos, que son el fundamento último e inamovible de la vida en común”.

Percibirán sin duda mi tristeza en esta página, sintetizada en la fotografía luctuosa de Antoni Oliva que hoy nos ilustra. Se viven días de luto entre los políticos mallorquines, ante el derribo del Mustang Ranch donde gozaron de sus momentos de éxtasis. Si las entrañas del prostíbulo hablaran. Cuando la revista Interviú titulaba con tipografía descomunal “El mayor burdel de Europa”, confirmaba que esta institución contribuyó con más fuerza que cualquier campaña institucional a difundir la imagen de Mallorca.

El Rasputín moscovita es una broma, en comparación con los frenesís sufragados por los contribuyentes en el Mustang. Un cuarto de siglo atrás, realicé un excitante reportaje sobre el burdel, bajo el genérico de Industrias cárnicas por tratarse de una antigua fábrica de sobrassadas. Me premiaron el mismo año, pero advirtiendo que lo hacían a pesar de esta pieza.

Sé que no va a atraerme simpatías confesar que en el Mustang he hablado con mujeres de una inteligencia fuera de lo común, sobre todo entre varones. Ahí está la colombiana que me recordó que “el perro del hambre ladra con fuerza”. El empresario del burdel, Juan Garau, me reconocía con nostalgia:

-Muchos clientes hallaron su media naranja en el Mustang Ranch.

Lean Buenas noches y saludos cordiales, la biografía de José María García escrita por Vicente Ferrer Molina. Es el libro más admirable nunca publicado sobre una figura de la transición. Ni regatea ni regala. La escena más sobrecogedora del volumen para un mallorquín narra la cena navideña entre el radiofonista, el Florentino Pérez constructor de son Espases y Manuel García-Durán, “presidente de Telefónica Media en la etapa de Juan Villalonga y en ese momento persona de confianza del presidente del Real Madrid”.

El objetivo del ágape era suavizar las críticas de García a la construcción de las cuatro torres de la Castellana, tras la oportuna recalificación de la Ciudad Deportiva del Real Madrid. Les habla entrecomillado el legendario periodista:

-Al ver que me mantenía firme y que no iba a cambiar de parecer, García-Durán me suelta: “Vale, tienes razón. ¿Cuánto cuesta que mires a otro lado?” Es la única vez en toda mi carrera que han querido comprarme. No dije una palabra más. Me levanté y le dije al maître: “Mándame la nota a casa, porque yo no ceno con delincuentes”. Y ahí acabó toda mi relación con Florentino Pérez.

Miles de personas me paran por la calle, después de haber admirado la película Spotlight sobre la muerte del periodismo. Estos espectadores me preguntan cuánto le costó al Boston Globe su investigación sobre la pederastia sacerdotal, desatada en la capital católica de Estados Unidos. Les respondo sin pestañear:

-El periódico invirtió un millón de euros en investigar los abusos, sin contar los gastos en abogados.

Reflexión dominical preciosa: “La verdad sale cara, pero cuesta más ignorarla”.

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