21 de marzo de 2019
21.03.2019
Elecciones 28A

La Generalitat usa a Boadella

El protagonismo creciente de la Junta Electoral se estrella contra la creatividad de los diseñadores de símbolos

21.03.2019 | 17:45
La Generalitat usa a Boadella

El protagonismo creciente de la Junta Electoral se estrella contra la creatividad de los diseñadores de símbolos. Dos magistrados del Supremo se ausentan del juicio al procés, donde autorizan a los presos a lucir lazos amarillos, para dictaminar desde el organismo que vela sobre la pureza de las elecciones que este signo es inadmisible en los edificios de la Generalitat. Extrañamente, Esquerra se muestra dispuesta a ceder porque desea cortar la sangría de mártires, pero Torra sustituye a Puigdemont y recurre a la imaginativa propuesta de blanquear los lazos. Este proceso iterativo puede prolongarse hasta el infinito.

Los lazos multicolores que baraja la Generalitat se compatibilizan con la máscara con la boca tachada en rojo, que representa desde hace cuarenta años a la libertad de expresión. En concreto, desde que Albert Boadella fue encarcelado por su espectáculo La torna, donde Els Joglars satirizaban a la Guardia Civil y a un consejo de guerra que recuerda a escenas contemporáneas. En el colmo del pragmatismo catalán, el independentismo se remite a la iconografía de su bestia negra, del dramaturgo que descuartizó al pujolismo con los tics de su Ubú President.

En cuanto la polémica se adentra en el territorio de los signos, las contradicciones se encadenan sin solución de continuidad. Los jueces del Supremo aquejados de esquizofrenia simbólica limpian las fachadas de la Generalitat, mientras el secretario general de Vox se presenta al juicio donde dirige la acusación popular con una llamativa pulsera con los colores de la bandera de España. Quién criticaría a la enseña que representa a la Nación, pero quizás suena extemporánea en una causa entre españoles. Representa asimismo un claro "estoy de su parte", en los interrogatorios a guardias civiles. Si es permisible, también lo sería que Ortega Smith se envolviera en la rojigualda, como un campeón deportivo.

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