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Diario de Mallorca

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Crisis energética

La UE perpetúa su dependencia energética de Rusia

La desaparición gradual del carbón y la lentitud en el despliegue de las renovables hará que el gas ruso siga siendo fundamental en el mix energético de los Veintisiete

La producción y el consumo de energías de origen renovable son esenciales para la economía circular

La crisis energética de este otoño, provocada por alzas récords en los precios del gas natural derivado de un aumento de la demanda mundial y de una reducción en los envíos del gas ruso entre otros motivos, ha vuelto a poner de manifiesto la debilidad de una Europa que sigue sin tener los deberes hechos en un terreno tan estratégico como es el de la diversificación energética. La desaparición gradual del carbón y la lentitud en el despliegue de renovables hará que el gas natural siga siendo en los próximos años parte fundamental del mix energético de la mayoría de los Estados miembros. Sin alternativas viables, que puedan suministrar gas barato en grandes cantidades, el club se mantendrá rehén de los vaivenes del presidente ruso Vladimir Putin y de Gazprom, el mayor proveedor de gas a la UE con una cuota de mercado aproximadamente del 35%.

Según datos de la Comisión Europea, en 2019 casi tres cuartas partes de las importaciones extracomunitarias de gas procedían de Rusia (41%), Noruega (16%), Argelia (8%) y Qatar (5%); dos tercios del crudo de Rusia (27%), Irak (9%), Nigeria y Arabia Saudí (ambos 8%), y Kazajistán y Noruega (ambos 7%); mientras que más de tres cuartas partes de las importaciones de combustibles sólidos (principalmente carbón) llegaron del gigante ruso (47%), Estados Unidos (18%) y Australia (14%). Todos estos porcentajes ponen de manifiesto el papel predominante de Moscú en el ámbito clave del suministro energético.

Panorama incierto con Rusia

Un terreno en el que las tensiones con Rusia no son nuevas. Varios Estados miembros padecieron situaciones complicadas en 2004, 2006 y 2009 cuando Moscú decidió cerrar el grifo del gas en pleno invierno, tras la revolución naranja en Ucrania, obligando a racionar el consumo y a paralizar fábricas. De ahí que algunos analistas estimen que esta sea una crisis autoinfligida por la propia UE. “En lugar de tomarse las crisis de 2006 y 2009 como señales de la necesidad de reducir drásticamente la dependencia de Rusia, Europa ajustó sus normas e hizo que los Estados sintieran que podían aumentar su dependencia del gas ruso”, decía hace unos meses, en el momento álgido de la crisis de precios, Kristine Berzina, experta del German Marshall Fund.

Fue a raíz de los cortes en el suministro en el este cuando la UE puso en marcha su plan de diversificación para buscar suministradores alternativos, en Estados Unidos, Qatar o los países asiáticos, construir nuevas terminales de almacenamiento de gas natural licuado en diversos países de Europa y utilizarlas de forma más eficiente. Todo esto no ha permitido al club escapar de los tentáculos energéticos de Rusia, el mayor quebradero geopolítico de la UE estos días. Aunque la diversificación será la clave para avanzar hacia la neutralidad climática, a la que se han comprometido los Veintisiete para 2050 en el marco del Pacto verde, hasta ahora los 27 han mantenido 27 políticas energéticas distintas, con intereses diversos, y decisiones muy cuestionadas como la construcción del gaseoducto NordStream2, entre Alemania y Rusia, a través del mar Báltico.

Posición dominante

En manos del gigante Gazprom, compañía controlada por el Kremlin acusada en el pasado por Bruselas de abuso de posición dominante en el mercado, para algunos actores se trata de un proyecto puramente comercial que solo atañe a Berlín. Otros, sin embargo, no dudan en ver un arma geopolítica más en manos de Moscú para perpetuar el control energético sobre la UE y de paso privar a la maltrecha economía ucraniana de los necesarios ingresos por derechos de tránsito del gas ruso.

Es el caso de Polonia. “Es un instrumento de la influencia de Rusia sobre la seguridad europea así que no podemos esquivar este elemento de nuestra discusión sobre seguridad porque la amenaza a nuestra seguridad y estabilidad energética europea y el chantaje energético sobre Ucrania y otros países es un hecho”, se quejaba a comienzos de años el viceministro de exteriores polaco, Marion PRzydacz.

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