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¿Por qué se desboca la inflación?

La elevación del nivel general de precios, que ha llegado a una tasa interanual del 4% en septiembre, tiene que ver con la energía y presenta algunos riesgos para la economía.

Contadores de electricidad en un edificio de viviendas de Barcelona.

En los últimos meses, el índice de precios de consumo (IPC), que recoge la cesta de la compra, se ha disparado hasta niveles de hace 13 años, con el 4%, como indica el último dato del Instituto Nacional de Estadística (INE). La escalada registrada en los precios del energía, que coincide con el inicio de la recuperación tras la crisis provocada pro el coronavirus, tiene mucho que ver en en esta evolución. El Banco Central Europeo (BCE) insiste en que se trata de un fenómeno pasajero, pero hay expertos que ya vislumbran futuras subidas de los tipos de intéres.

La energía

El precio de la energía tiene mucho que ver con la escalada que registra en los últimos meses el conjunto de la inflación. En agosto, el IPC ya alcanzó una tasa interanual del 3,3%, lo que suponía un nivel máximo desde 2012. Los sucesivos récords en el precio de la luz empujaron al conjunto, a pesar de que las medidas del Gobierno contuvieron una parte de ese impacto. Con todo, la electricidad subió un 7,8% en un mes y un 35% en 12 meses. La tasa interanual de inflación subyacente, la que no incluye los elementos más volátiles como los alimentos no elaborados y la energía, ha escalado también tres décimas con respecto la mes anterior , hasta situarse en el 1%,, tres puntos porcentuales por debajo del nivel general, al diferencia más alta desde 1986. Pero, en todo caso, indica que el despegue de la energía se está trasladando al conjunto de la economía, aunque todavía hay mucha distancia entre la inflación más volátil y la estructural. De ahí que las autoridades monetarias no estén todavía preocupadas o así lo manifiesten públicamente.

Las materias primas

A pesar de considerar que la actual subida del nivel general de precios es un fenómeno transitorio, hay otros elementos que pueden complicar la situación, con es el de la escasez de materias primas, provocada por el desajuste tras la paralización por la pandemia y la posterior recuperación, que eleva los costes de producción. Esto se ha visto en la evolución de los últimos datos de los precios industriales, con la mayor subida en cuatro décadas. Un ejemplo son los chips, que han provocado parones en la producción de vehículos, como es el caso del último expediente de regulación temporal de empleo (erte) de Seat. El BCE admite, en todo caso, el riesgo que supone la escasez de materias primas y que esta pueda ser "más persistente" o que la inflación "resulte en unas demandas salariales" superiores.

Los sobrecostes

Cuanto más elevada es la inflación más porción de los presupuestos públicos puede 'comerse' por el sobrecoste que significará en actualización de las pensiones y los salarios de los funcionarios. A su vez, recorta el poder adquisitivo de los asalariados y el rendimiento (ya muy limitado) de los ahorradores en depósitos bancarios, que retribuyen como mucho una media del 0,50% a más de un año y hasta dos, según los datos del Banco de España. La inflación reduce el valor real del dinero. Con la misma cantidad se pueden adquirir menos bienes y servicios. Y, a su vez, crece la presión por las subidas salariales para recobrar poder de compra. Hasta agosto pasado, el incremento salarial medio pactado fue del 1,5% para 5,6 millones de trabajadores. No llega ni al 20% los convenios vigentes que incluyen cláusulas de garantía salarial que aseguren una revalorización –normalmente en línea con el IPC– a final de año. La herramienta tradicional para evitar sobrecalentamientos de la economía (despegue del a inflación), la subida de los tipos de interés, no la ha mencionado aún el BCE, pero hay expertos que temen que esté más cerca que lejos. En EEUU, con una inflación del 5%, ya se empieza a debatir sobre ello.

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