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Opinión

Aunque tarde, imperó la sensatez

El COI ha pecado de arrogante y ha recibido del coronavirus una cura de humildad

El primer ministro japonés Shinzo Abe habla con la prensa tras el aplazamiento de los Juegos.

El primer ministro japonés Shinzo Abe habla con la prensa tras el aplazamiento de los Juegos. Reuters

Con 1.700 millones de personas pertenecientes a más de 170 países confinadas en todo el mundo, y 11.000 deportistas de 206 países sin poder entrenar, al comité organizador de los Juegos de Tokio y al Comité Olímpico Internacional no les ha quedado otra solución que asumir lo irremediable, el aplazamiento a 2021 de la cita olímpica. Aunque tarde, ha imperado la sensatez y el COI ha claudicado a las cada vez más crecientes presiones de atletas -los principales protagonistas y el motivo por el que este circo tiene sentido-, federaciones y comités olímpicos de los diferentes países. Visto lo visto, tanto el comité organizador de Tokio como el COI se podrían haber ahorrado el comunicado de hace solo dos días en el que se daban un plazo de cuatro semanas para tomar una decisión sobre el aplazamiento o no de los Juegos. ¿Qué ha cambiado en las últimas 48 horas? El clamor popular de atletas y comités olímpicos. La retirada de Canadá y Australia, dos de las máximas potencias del deporte olímpico, ha supuesto un empujón definitivo para que las autoridades niponas adelantaran su decisión.

El COI ha pecado, y eso desgraciadamente ya no es noticia, de arrogante y ha recibido una cura de humildad por parte del coronavirus.

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