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Análisis

Cambio de líder con un gol a dos pies

El presidente del Barça paga para que hablen mal de su equipo, solo el coronavirus puede impedir la eliminación del Madrid en Champions

Mariano apuntilla al Barça en los metros finales. efe

Si hablas mal del Barça, te acusan de estar a sueldo de Bartomeu. Al otro lado, ya solo el coronavirus puede impedir la eliminación del Madrid en la Champions. Cuando Benzema y Kroos necesitan solo quince minutos para lanzar un balón a un metro por encima de lo recomendado, y repiten sus sendos errores en el mismo minuto tras el descanso como si hubieran entrenado la forma de evitar el marco, se confirma un equipo donde todos los delanteros poseen una coartada.

El partido no estuvo a la altura empírea de Valdano, más bien del rozagante Roncero. Un choque entretenido degrada el espectáculo, te confronta al dolor de que Madrid y Barça fueron un día los dos mejores equipos de Europa. Hoy, o ayer, Zidane luce un cráneo más abrillantado que brillante. Al otro lado, imagine usted esa cosa estupenda que no le ha sucedido, que no le está sucediendo ahora y que jamás va a sucederle porque se halla muy por encima de sus posibilidades. Ahora ya puede compartir la sensación que experimenta Setién, antes de volverse a sus vacas. Ese tipo de entrenador que considera imprescindible a Arturo Vidal, el hombre que juega cuerpo a tierra.

Si tienes que perder con el Barça, que sea por lo menos a gol de Messi. Sin embargo, o el argentino ha envejecido o el campo ha crecido. Su primer pase, minutos de tanteo, sucedió en el medio campo defensivo de su equipo. Más tejedor que verdugo, el divino diez se comportó como un vulgar Arthur en su mano a mano con Courtois del minuto cuarenta. Antes no fallaba estos goles à la Romario. El recambio no puede ser Griezmann, porque el francés se despide de los partidos a la francesa. Se sabe malquerido, desintegrado, obligado a centrar a Messi para que lo admita en la hermandad. Desordenado al borde del vandalismo, ha vendido caro su descrédito.

Antes de iniciarse el clásico por la primera posición, el Barça contemplaba al menos la opción del gol. Al otro lado, hay goles que solo Vinicius es capaz de fallar, y si marcó fue gracias a una diana a dos pies con Piqué que cambiaba el liderato de la Liga. La torpeza es contagiosa, por lo que Benzema solo golpea cuando despierta y le urge desembarazarse del balón, Isco ha retrocedido al campo defensivo antes de ser Messi. Y si les faltaba Bale en la larga lista de jugadores impropios de un Madrid-Barça, ya no trabaja ni los domingos. En fin, no nos hicimos madridistas para admirar a Casemiro, aunque él no tenga la culpa. Peor está el Barça, el único equipo de élite que se deja apuntillar por Mariano.

El Barça se vuelve artrítico al ritmo de Messi, el Madrid echó a Ronaldo para no sustituirlo. Espectador anoche del partido, el portugués suponía mayor amenaza para el marco de Ter Stegen desde un palco que la suma de los delanteros blancos. Un día creímos en Marcelo, pero el declive de una estrella comienza cuando su juego nos molesta más que su aspecto físico.

Desde Cruyff, el fútbol es una sucesión de rondos. Estos dos grandes en rebajas conservan el aroma de la gloria de antaño. El orden perfecto que Messi impone en el Barça al margen de Setién, o esa rabia intensa de un Madrid embrollado. Hemos de agradecerles que disputaran un partido salvaje, una pausa en su agitada andadura europea. A tal efecto, la noche no solo se cerró con la convicción de que el liderato de la Liga no está resuelto, sino con la constatación apesadumbrada de que anoche no vimos jugar al campeón de la Champions, coronavirus mediante.

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