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Minuto 91

Las dos caras de Robert Sarver

El viernes se cumplieron tres años del desembarco del magnate norteamericano en el Mallorca, un trienio marcado por la trascendental inyección económica y racanería en lo deportivo

El tinerfeño Trujillo Suárez, que señaló tres penaltis contra el Mallorca.

El tinerfeño Trujillo Suárez, que señaló tres penaltis contra el Mallorca. Lof

Negar que la llegada de Robert Sarver, el 4 de enero de 2016, ha sido una gran noticia para el Mallorca sería de necios. El propietario de los Dallas Mavericks aterrizó en la isla con las mejores intenciones del mundo, pero sobre todo con dinero, con mucho dinero que no ha escatimado para el club. Su trascendental inyección económica -ha invertido en la entidad más de treinta millones de euros, que se dice rápido, tras la última ampliación de capital de diez millones- ha evitado a la sociedad gravísimos problemas, si no su desaparición. Con él al frente, en noviembre de 2017 se procedió al último pago, de seis millones, a los acreedores del concurso, y ya 'solo' queda la deuda con Hacienda, que se abona a plazos. El Mallorca, con más o menos problemas, camina con paso lento pero firme confiando en que los mejores tiempos están todavía por llegar.

Hasta aquí la cara más amable del mecenas mallorquinista. Pero, como con todo en la vida, siempre hay una cara B. La menos amable. A Sarver se le puede echar en cara su escasa ambición en el plano deportivo. Por eso mismo le señalan desde hace más de una década en Dallas con su equipo de la NBA. Se hace difícil creer que un señor que ha puesto la friolera de treinta millones de euros no haya sido capaz de crear desde el minuto uno un grupo humano para despertar ilusión. En su primer año el equipo se salvó por los pelos, algo que no pudo evitar en la siguiente temporada, con el traumático descenso a Segunda B. En la actual campaña, con Vicente Moreno al frente -la mejor decisión que ha tomado Maheta Molango-, ha vuelto la ilusión después de demasiados años de penumbra, pero todavía parece estar lejos ver sobre el campo un equipo capaz de luchar sin titubeos por el ascenso. Esta es la gran asignatura pendiente de Sarver.

El ámbito social también deja mucho que desear. Se sabe que el Mallorca es un club mallorquín solo por su nombre. Por poco más. Se echa en falta más mallorquinismo y mallorquinidad. Se hace muy difícil con el propietario y el presidente, Andy Köhlberg, en otro continente, a miles de kilómetros. Y sin transmitir nada más que obviedades en las escasas ocasiones en que aterrizan en la isla. Es el lado oscuro de su gestión. En cualquier caso, positiva. Porque, sobre todo, no hay que olvidar nunca de dónde venimos.

Imagen dañada. Hasta ayer, siempre se había alabado la forma de competir del Mallorca de Moreno. Hasta ayer. Porque, al margen del resultado, que siempre es lo más importante, la imagen del equipo en Almería ha quedado seriamente dañada. El Mallorca disputó, sin duda, su peor partido de la temporada, un equipo desconocido, desacertado, a ratos indolente, un pecado en un equipo con un entrenador de la exigencia de Moreno. Precisamente, el técnico definió de la mejor forma lo que fue el partido al considerar que el árbitro había "acertado en todo". Se refería a los tres penaltis señalados, todos clarísimos, de los que dos fueron parados por Reina, el único que se salva de la quema.

Donde sonríen es en Son Malferit. Y con motivo. El Atlético Baleares logró ayer una de esas victorias que pueden marcar tendencia, ante un rival directo. Mandiola, siempre directo, habló claro tras el partido: "Ya nos podemos olvidar hablar de descenso". O lo que es lo mismo, ya piensan en el ascenso.

Adiós a Damià Seguí. El deporte mallorquín está de riguroso luto con la muerte del gran hombre del voleibol.

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