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Diario de Mallorca

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108 Octanos

El paraguas de Kant

Dicen que los vecinos de Kant ponían su reloj en hora, y sabían que eran exactamente las tres y media cuando el filósofo iniciaba su paseo diario. Dicen que los futboleros ponen su reloj en hora, y saben que es exactamente la hora del fútbol cuando Messi sale del túnel de vestuarios e inicia su paseo hacia el centro del campo antes del inicio de un partido. Kant llevaba una vida muy regular, de forma que la inalterabilidad de sus hábitos para levantarse, desayunar, dar clase en la universidad, leer o pasear era conocida por todos. Messi lleva una vida muy regular, de forma que la inalterabilidad de sus costumbres en el terreno de juego y fuera de él ya son parte de la leyenda del mejor futbolista de la historia. Lampe, el viejo criado de Kant, acompañaba con un paraguas bajo el brazo al filósofo en su paseo cuando el cielo estaba muy nublado, por si acaso llovía. Suárez, el escudero uruguayo de Messi, acompaña siempre al jugador argentino con su paraguas goleador cuando los partidos se nublan, y siempre está dispuesto a tapar con goles una mala tarde. Pero hay una diferencia entre Kant y Messi. Dicen que Kant sólo faltó una vez a su cita con el paseo diario, y fue cuando empezó a leer el 'Emilio' de Rousseau y, absorto en su lectura, prefirió no salir a pasear para poder terminar el libro. Estamos a la espera de que aparezca algo o alguien capaz de distraer a Messi de su cita con el fútbol. Messi nunca había marcado un gol a Las Palmas, y podría pensarse que este curioso hecho distraería al 10 y no acudiría a su paseo con el gol. Pues no. Messi ni siquiera tuvo que tirar una falta a la escuadra, o hacer una jugada de dibujos animados, o una de esas diagonales con final feliz que le han hecho famoso, sino que se limitó a aprovechar un rechace del portero y marcar un gol de delantero centro de toda la vida, uno de esos goles que marcaba Julio Salinas, un gol de carroñero del área, gol de puro olfato, de saber estar, de entender de qué va esto. A Messi no le distrae una obra de Rousseau ni un equipo vestido de amarillo que algunos ya presentaban como gafe. Sin embargo, creo que hoy Kant se habría perdido también su paseo diario con tal de disfrutar del juego de Messi. Es más, estoy seguro de que el autor de la 'Crítica de la razón pura' habría estado encantado de poder acompañar a Messi con un paraguas para protegerlo de la lluvia de tonterías irracionales que hemos tenido que escuchar desde que la burocracia se ha empeñado en divinizar a Ronaldo. Y el paraguas de Kant vale más que un Balón de Oro.

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