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Diario de Mallorca

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Aniversario de un mito perdurable

¿Quién mató a Marilyn Monroe?

Cuando se cumplen, este mismo jueves, 60 años de la muerte (o del asesinato) de la actriz repasamos todos los condicionantes que desembocaron en la sobredosis de somníferos

¿Quién mató a Marilyn Monroe?

Sesenta años han pasado desde aquella noche del 4 al 5 de agosto en el que encontraron el cuerpo de MarilynJoyce Carol Oates, la autora de ‘Blonde’, esa novela que no es tanto una biografía como una profunda interpretación literaria de la mujer real, lo describió así: “La mujer estaba desnuda, cubierta con una sábana blanca, como si ya estuviese en la camilla del forense. La sábana se adhería a su cuerpo febril, marcando el vientre, las caderas y los pechos de una forma a la vez excitante y repugnante”. Es gran el tema que la autora norteamericana repite una y otra vez en sus novelas: el cuerpo de la mujer deseado y destruido (directa o indirectamente) a causa de ese mismo deseo.

Y no hay cuerpo más carnal que el de Marilyn. Víctima de su tiempo, ese cuerpo había dejado de ser suyo para convertirse en un icono cosificado, en patrimonio mundial. Para muestra, las palabras del ‘supermacho man’ Norman Mailer que en los 50 podía soltaba sin rubor perlas como esta: “No creo que Marilyn deba casarse con nadie. Pertenece a todos los hombres”. 

Mientras esperamos el estreno en Netflix el 28 de septiembre de la adaptación cinematográfica de aquella amarga novela con Ana de Armas en el papel titular, bueno será repasar de nuevo las pistas que señalan quién fue el verdadero responsable de su muerte. Sin ánimo de apuntarnos a una fácil ‘conspiranoia’, esa que señala a la CIA, a John Kennedy, e incluso a su hermano Robert, como culpables , quizá la clave del enigma sea realmente mucho más compleja y apunte a la vieja fórmula de ‘Asesinato en el Oriente Express’. Estos son los principales sospechosos.

La industria del cine

En la última y ya mítica entrevista que la actriz dio a la revista ‘Life’ y que se publicó un día antes de su muerte, una Monroe hecha pedazos habló sin filtros de la utilización que Hollywood había hecho de ella: “Los actores no somos máquinas, aunque algunos quieren que lo seamos”, denunció, “al fin y al cabo, un estudio es un lugar donde se practica un arte. Allí se han ganado miles de millones y nada de eso ha revertido en los obreros”. En su afán por convertirse en una verdadera actriz, Marilyn se había trasladado al Actor’ Studio de Nueva York para ser algo más que un producto y solo cosechó burlas.

Su inestabilidad

Billy Wilder, que la dirigió en ‘La tentación vive arriba’ y en ‘Con faldas y a lo loco’ y que exigía por ello la más alta condecoración al valor, también fue capaz de reconocer el mérito de una chica que nunca tuvo la menor oportunidad de aprender o de vivir, fuese capaz de convertirse en un “monstruo de Frankenstein”, a base de fama, publicidad y notoriedad. “Es natural que se sintiese confusa y aturdida”, dijo. La confusión y el aturdimiento, que la hacía llegar tarde regularmente a los rodajes, no era atribuible a arrogancia o a un desprecio hacia el resto del equipo, según se defendía ella, sino a la enorme presión psicológica que sentía.

Billy Wilder dirige a Marilyn en la famosa escena de 'La tentación vive arriba'. EL PERIÓDICO

La prensa del corazón

El 19 de junio de 1962, cuando la Fox decidió rescindir su contrato y echarla de la película ‘Something’s go to give’ , que no se llegó a acabar, Hedda Hopper la cotilla de Hollywood, remachando con saña, anunciaba en su columna que Marilyn era ya pasado. “Es dudoso que cualquier otro productor quiera arriesgar millones de dólares a causa de su humor y sus caprichos”. Los rumores del mundillo responsabilizaron a los caprichos de Monroe de desencadenar la muerte de Clark Gable, que falleció de cáncer nada más acabada ‘Vidas rebeldes’ y el fracaso de su matrimonio con Arthur Miller, al supuesto affaire que habría mantenido con Ives Montand. Del asesinato de Kennedy nadie dijo nada, porque todavía no había sucedido.

Con su tercer marido, Arthur Miller. EL PERIODICO

Sus maridos

En tiempos del cine mudo habríamos hecho una admirable pareja”. Así sentenció Marilyn su segundo matrimonio, con Joey Di Maggio. El primero, con un olvidable muchacho que acabó siendo policía en Los Ángeles, apenas duró unos meses como tal. Arthur Miller, el tercero y más controvertido, culminó la inquietud de la actriz por lograr una educación, porque se le reconociera una curiosidad, real, que la llevó a leer el ‘Ulises’ o ‘Los hermanos Karamazov’ pero sobre todo por lograr una protección y un cuidado que estaba muy lejos de las intenciones del autor de ‘Las brujas de Salem’. Acabado el romance, el dramaturgo sentenció fríamente: “Marilyn Monroe es la prueba suprema, en lo que a mí concierne, de que la sexualidad y la seriedad son incompatibles“.

Su infancia

“La fama es algo poco importante para una niña abandonada. Fui educada como tal. De una forma muy distinta a la del niño americano medio que es más o menos feliz. La felicidad no es algo que yo diera por hecho”, confesó  Es difícil sobrevivir a ser la hija ilegítima de una mujer que pasó la mayor parte de su vida en un manicomio –su padre solo fue una foto enmarcada, jamás supo quien era-, a haberse criado en un orfelinato y haber pasado por 12, ¡12!, familias de acogida y haber sido violada a los 9 años por un ‘amigo’ de una de ellas.  

Su sexualidad exuberante

El sexo forma parte de la naturaleza, yo estoy con la naturaleza”. La sexualidad sincera y a la vez autoparódica de Marilyn la hacen hoy profundamente moderna y, aunque está claro que sus películas jamás pasarían el test de Bechdel –ese que exige que cuando aparezcan dos mujeres hablando en una película no lo hagan de hombres- ella abre la puerta a un modelo de mujer muy actual. Sin Marilyn no existiría la Lena Dunham de ‘Girls’. Aunque ella gustaba por igual a hombres y a mujeres, una buena parte del conservadurismo norteamericano no la soportaba. “Después de todo –se defendía- descienden de los puritanos que bajaron de un barco con mal pie -¿o fueron los peregrinos?- y ese puritanismo subsiste todavía”. 

Ser comunista

Quizá llamar a Marilyn comunista sea un tanto exagerado, pero no para patrones estadounidenses, en pleno fervor macartista. Al fin y al cabo, se había casado con Arthur Miller, perseguido por el Comité de Actividades Antiamericanas que no aceptó denunciar a sus excompañeros de militancia comunista y había escrito la más clara parábola sobre el asunto en ‘Las brujas de Salem’. La actriz recibió presiones por parte de directivos de la Fox para que convenciera a Miller a colaborar con los hombres de McCarthy, so pena de acabar con su carrera. Marilyn, indignada, se negó en redondo. Un periodista requirió su opinión sobre los comunistas. "¿Están a favor del pueblo, verdad?", respondió.

El síndrome de la impostora

No era fácil ser Marilyn porque ni la misma Marilyn se lo creía. Su fragilidad, su nerviosismo, su miedo –que le provocó una tartamudez que tardó mucho en controlar- jugaban en su contra. “Cuando llegó a los estudios y veo mi nombre en mi camerino, pienso que ese no es mi sitio. Que quizá sería mucho más feliz siendo la mujer de la limpieza”. En otra entrevista, no teme mostrarse vulnerable: “Se dice que el nerviosismo denota sensibilidad. Intento luchar contra él, aunque no obtenga siempre grandes resultados”. Paciente del famoso doctor Feelgood que, además de su fórmula secreta, recetaba drogas recreativas a medio Hollywood, era una compulsiva consumidora de tranquilizantes.

Marilyn entre Robert y John Kennedy. EL PERIODICO

Los hermanos Kennedy

Bien, ya saben. El sensual "¡Happy Birthday Mr. President!" es la imagen del supuesto 'affaire' que la actriz mantuvo con John F. Kennedy. Aunque, en mayo de 1961 ese romance, iniciado antes de la boda de él con Jackie, ya estuviera acabado. Hay centenares de biografías que especulan con un posible asesinato de la actriz y naturalmente la CIA e incluso la Mafia suelen entrar en la ecuación. Lo que más intriga en su muerte es el largo lapso de tiempo entre que la asistenta descubre el cadáver poco después de la medianoche y las 4,25 de la madrugada, cuando se avisó a la policía. Hoy son muchos los que apuntan a Robert Kennedy, Fiscal General de Estados Unidos, como el hombre que podría haberla acompañado la noche de las 47 pastillas de nembutal.

Marilyn: una hermosa criatura. EL PERIODICO

¿Quién mató a Norma Jean?

Poco después de su muerte, Pete Seeger se valió de la letra escrita por el poeta Norman Rosten, amigo de la actriz, para reavivar un viejo tema country: “Quién mató a Norma Jean? / Yo, respondió la ciudad / como deber cívico. Yo maté a Norma Jean” […] ¿Quién recogerá su sangre? / Yo, respondió el fan. Con mi caldero. Yo recogeré su sangre”. 

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