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Baile

Antònia Melià Cortés, la mallorquina que baila con las estrellas

Acaba de llegar de Medellín, donde actuó con Karol G ante 100.000 personas. A lo largo de su carrera también ha trabajado con Nicky Jam, J Quiles, De la Ghetto, Beatriz Luengo y Ozuna

Antònia Melià Cortés, la izquierda de Nicky Jam, durante el 'tour' europeo de 2018

«La de bailarín es una carrera que hay que luchar», en la que «nunca hay que darse por vencido» y en la que, al final, «las oportunidades llegan». Antònia Melià Cortés sabe de lo que habla. Acaba de llegar de Medellín (Colombia), donde el pasado mes de diciembre bailó junto a Karol G, dos días, ante 100.000 personas. No es la primera vez que se codea con artistas de fama mundial. Antes ya lo hizo con Nicky Jam, J Quiles y De la Ghetto, y se le puede ver en videoclips de Beatriz Luengo y Ozuna. «He conseguido muchos de mis sueños», confiesa desde su casa de Felanitx, donde nació hace 27 años y donde prepara estos días el asalto de nuevos desafíos.

«Me encantaría poder ir a Estados Unidos, y a ver qué tiene preparado la vida para mí. Quiero seguir cumpliendo mis sueños. El sueño de cualquier bailarín pasa por Estados Unidos pero es muy complicado. No cualquiera llega allí», subraya una luchadora que conoce algunas claves para abrirse camino en una profesión compleja: «Al final no solo se trata de ser un buen bailarín, hay muchos más factores, como la humildad, la responsabilidad y la profesionalidad, que coreógrafos y empresas valoran a la hora de contratarte», apunta.

Precisamente fue una empresa la que le contrató hace unos meses para actuar con la artista femenina más reconocida del mundo urbano, Carolina Giraldo Navarro, más conocida como Karol G. La cantante y compositora colombiana, que irrumpió en el mundo de la música hace diez años con la canción 301 y alcanzó el estrellato en 2013 con Amor de dos, interpretada junto a Nicky Jam, necesitaba bailarines para la guinda de su pastel: el final de un tour internacional que tras su paso por Estados Unidos iba a concluir en Medellín, su ciudad natal. «Fueron dos shows delante de 50.000 personas cada día. Ha sido la mejor experiencia de mi vida, con diferencia. Estar allí, representando a mi tierra, Mallorca, fue muy importante para mí», se sincera. Ha sido muy gratificante. «He luchado toda mi vida para llegar a bailar en un escenario así. Como dicen: quien la sigue la consigue. Hay que trabajar mucho, nada te llega solo», añade.

Antònia Melià, con todo el equipo de Karol G, en Medellín, el pasado mes de diciembre felipeOrvi

Ella lo tiene muy claro. Para llegar alto «nunca hay que darse por vencido. Yo he recibido muchos ‘noes’ y hasta alguna vez me he planteado dejarlo, pero siempre he seguido hacia adelante, entrenando, todos los días, aunque no tuviera trabajo. En esta profesión no tenemos una vida muy estable, pero las oportunidades llegan. Hay que salir de tu zona de confort y exponerse, con los mejores. Siempre digo que es mejor ser el peor entre los mejores que el mejor entre los peores. Si te conformas con ser el mejor donde estás, igual te conviene cambiar de lugar para poder mejorar. Un bailarín tiene que aspirar a mejorar siempre».

«Seguramente viviendo en España ser bailarín es más complicado que cualquier otro trabajo, porque aquí no hay muchas oportunidades y toca esforzarse el doble que si has nacido en Estados Unidos», afirma.

Frente a un póster de Karol G, la intérprete de la 'Bichota'

Ya desde muy pequeña, «desde que tengo uso de razón», recuerda, el baile siempre ha sido su pasión. La suya y la de su familia, porque fueron sus padres quienes le inculcaron ese entusiasmo hacia la danza, a ella y a sus dos hermanos. La academia Top Dance, situada en Palma, fue determinante en su carrera. Allí se encontró con Sebastián Linares, coreógrafo cordobés formado en escuelas de Los Ángeles y Nueva York que llegó a bailar con Jennifer Lopez. «Me formé en Top Dance con Linares y Estefy Brondo pero mi carrera empezó seriamente en Italia, país al que me trasladé porque tenía ambición. Quería triunfar y para triunfar creo que es importante salir de tu zona de confort. La isla nos tira mucho a todos pero no deja de ser un isla y se nos queda un poco pequeña cuando quieres hacer algo grande en tu vida. Hay que salir de la isla, por mucho que te cueste», insiste.

En Milán entró en una compañía profesional de bailes latinos y urbanos que le permitió viajar por toda Europa y participar «en los mejores eventos» del continente. «Pude bailar delante de miles y miles de personas, durante todo el año, los fines de semana, eso era nuestra vida. Italia fue muy importante porque fue el país que me creó como bailarina profesional, el que me abrió las puertas a la profesionalidad».

Si acceder al mundo profesional cuesta, no cuesta menos mantenerse. Para conseguirlo la formación constante es una necesidad, como también lo es el abrazar nuevos lenguajes y no ceñirse a un solo estilo. «Me considero una bailarina que estudia de todo. A día de hoy sigo formándome prácticamente a diario. Sigo tomando clases, de jazz, de hip hop, de salsa... Ser versátil es fundamental», defiende.

Sus conocimientos en la materia le han permitido entrar en las agendas de artistas que comparten lenguajes pero que poseen cada uno su estilo personal. Con Ozuna trabajó para dos de sus videoclips, La funka y Emojis de corazones, junto a Wisin y Jhay Cortez, otros dos grandes del panorama latino urbano. Para ello tuvo que pasar un «duro casting». Ambos videoclips llevan la firma de Compostela Films, empresa muy reconocida en el mundo de los videoclips, con piezas para artistas de la talla de Daddy Yankee o Raw Alejandro

El estadounidense de ascendencia puertorriqueña Justin Quiles, una de las estrellas que desfiló por la gala de los 40 Music Awards en su última edición celebrada en Palma, también requirió sus servicios, en 2016, en Italia, al igual que De la Ghetto, ese mismo año. Dos años después giraría por media Europa con Nicky Jam, durante la promoción de su disco Fenix.

Antònia Melià, con Nicky Jam

Entre sus trabajos realizados en España destaca uno: los bailes que se marcó para el videoclip de Beatriz Luengo Rebelde, una canción que aborda el amor sin prejuicios y enaltece la libertad de las mujeres a la hora de elegir amar y ser amadas. Coincidió con Sebastián Linares y en él participaron Omar Montes y Yotuel. «Tuvo mucho éxito y fue muy valorado por los profesionales del sector», recuerda.

Detrás de una coreografía hay horas y horas de estudio, y de entrega, en muchas ocasiones una entrega absoluta y frenética. «La mayoría de veces hay que aprenderse las coreografías en muy poco tiempo. Y sí o sí tienes que salir al escenario y comerte ese escenario. Un buen bailarín tiene que demostrar que se ha aprendido eso en una semana. Puede parecer que llevas meses preparándolo pero no es la realidad. Muy pocas veces tienes meses. Por eso hay muchos nervios detrás. Tienes que ser un gran profesional para saber gestionar todo eso y que nadie se dé cuenta», explica.

Aprendida la coreografía, hay que saber y poder defenderla, ante miles de fans. «Se necesita buena presencia escénica, saber estar en un escenario, representar bien lo que estás haciendo, bailar con mucha fuerza y también tener mucho aguante, porque son muchas coreografías, y se exige siempre estar al 100x100. No es lo mismo bailar en una sala de baile, donde puedes ser muy bueno, que subirse a un escenario en el que se prueban los fuertes, bailas delante de mucha gente y lo que haces le tiene que llegar hasta la última persona que está situada al fondo del recinto. Tienes que bailar muy grande, muy fuerte, y cuidarse el físico; hay que alimentarse bien, y seguir una vida sana. No es una cuestión de físico, es una cuestión de salud», remarca.

Entre sus planes a largo plazo, que son pocos, porque le gusta «improvisar a la hora de vivir» y centrarse en «objetivos a medio plazo», figura el de abrir una academia en Mallorca. «Me gustaría montarla algún día, pero cuando yo sienta que he hecho todo lo que tenía que hacer como profesional. Es muy diferente enfocar tu carrera como profesora y dueña de una escuela que como bailarina profesional. Si quieres ser bailarina profesional es muy difícil que puedas dedicarte a las dos cosas. Quizá algún día pueda compartir en esa escuela todos los conocimientos que he ido acumulando estos años viajando por el mundo». 

«La carrera del bailarín es muy bonita pero a la vez muy sacrificada. Y te da satisfacciones que quizá otras carreras no te den. Cuesta mucho pero en el momento en que te llaman para bailar ante 50.000 personas ahí dices: todo lo que he hecho hasta ahora ha valido la pena, solo para vivir lo que estoy viviendo ahora», confiesa.

Antes de que empiece el show

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