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Diario de Mallorca

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Con ciencia | Depresión

Electrodos de implantación profunda múltiple. | SCIENCE

La depresión es una de las dolencias derivadas de la actividad del cerebro que peores secuelas produce, llegando hasta la inducción del suicidio. Los intentos de aliviar las situaciones depresivas por medios distintos a los de los fármacos o las terapias de electroshock llevaron desde hace años a intentar la estimulación de zonas profundas del cerebro mediante electrodos implantados capaces de transportar cargas eléctricas. El carácter empírico de la medicina lleva a la bien convincente estrategia de que si algo mejora al paciente es una buena decisión el llevarlo a cabo y, en esa idea, la llamada técnica de estimulación cerebral profunda (DBS, en sus siglas en inglés) fue ganando peso hasta que dos ensayos de control concluyeron en 2015 y 2017 que sus resultados no eran satisfactorios.

La revista Science, por medio de un trabajo recopilatorio de la periodista científica Kelly Servick, ha repasado ahora las nuevas técnicas personalizadas de DBS que se emplean buscando tratamientos más eficaces de la depresión.

La DBS cuenta con aprobación por parte de la agencia estadounidense que controla las prácticas sanitarias, la FDA, para tratar enfermedades como la epilepsia, los trastornos obsesivos-compulsivos y el mal de Parkinson. Más allá de la eficacia de los resultados, la teoría plantea que todas esas dolencias proceden del mal funcionamiento de las redes cerebrales y, mediante la DBS, se intenta cambiar las dinámicas patológicas en la esperanza de recuperar las conexiones neuronales alteradas. Con la depresión podría suceder lo mismo y, como indica el trabajo de Servick, un estudio muy reciente llevado a cabo por Mohammad S.E. Sendi, investigador del departamento de Ingeniería Biomédica en el Instituto de Tecnología de Georgia (Emory University, Atlanta, Estados Unidos), y sus colaboradores ofrece en la revista Translational Psychatry varios resultados positivos de la estimulación profunda del cíngulo subcalloso (SCC) en enfermos con depresión que resisten a las terapias comunes.

La estimulación del SCC formaba parte de los ensayos que fueron descalificados con anterioridad. Pero Helen Mayberg, neuróloga de la Escuela de Medicina Icahn del Mount Sinai (Nueva York) e integrante del equipo de Sendi que ha publicado el nuevo trabajo, ha declarado a Kelly Servick que los datos positivos más recientes podrían deberse a que las diferencias en el cerebro de cada persona han llevado ahora a utilizar enfoques de estimulación más precisos y basados en la anatomía cerebral individual. Ni qué decir tiene que lo deseable sería saber, en cada caso, cuáles son las redes cerebrales alteradas y de qué manera, mediante la estimulación profunda, se modifica la dinámica de dichas redes. De momento habrá que conformarse con los resultados positivos de la nueva terapia. Lo que no es poco.

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