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El amplificador | Emili Gené, el teclado que todos quieren

Hijo del Bluesville, local en el que se forjó, ha formado parte de infinidad de bandas, con Los Valendas, Víctor Uris, los Blues Devils, Fora des Sembrat, Glasford, Anglada, L.A. o la Quantic Tamarell, con la que ha grabado un disco inédito

El amplificador | Emili Gené, el teclado que todos quieren

Emili Gené (Palma, 1976) es el músico por el que suspiran todos los grupos y solistas deseosos de contar con un teclado infalible en su cancionero. El desaparecido Bluesville, aquel local de La Lonja que defendió la música en vivo los 365 días del año hasta el final de sus días, le vio nacer y crecer como instrumentista. Los Valendas, Víctor Uris, Glasford, Funky Time, Marta Elka, Fora des Sembrat, Jaime Anglada y L.A. son solo algunos de los grandes con los que se ha codeado y disfrutado. «La única condición a la hora de colaborar con alguien es que haya buen ambiente, me lo pueda pasar bien y yo vea que soy capaz de aportar algo musicalmente», apunta.

Beethoven y Pau Riba fueron protagonistas de la banda sonora de su infancia, que la pasó en el barrio de Santa Catalina. En su casa se escuchaba mucha música clásica pero también a los cantautores del momento, como Sisa, Lluís Llach o Maria del Mar Bonet. Su padre tocaba la viola en la Orquestra Simfònica ‘Ciutat de Palma’ y su madre cantó en un coro y ejerció de flautista en un grupo de ball de bot, Aliorna. «Tendría yo unos cuatro años cuando empecé a interesarme por el piano. Me llamaba la atención, y comencé a jugar con él cuando un amigo de mi padre nos dejó uno en casa», recuerda.

Al igual que Lennon, McCartney, Jimi Hendrix o Pavarotti nunca estudió solfeo ni teoría musical. De formación autodidacta, confiesa que el Bluesville fue su cuna, como también lo fue de Chenoa, Concha Buika o Luis Alberto Segura, entre muchos otros. En aquel añorado local, mitad templo mitad antro, dio su primer concierto, con Pep Banyo & The Blues Devils. «Fueron dos temas, y me pegó un ataque de tembleque en una pierna. Tenía un canguelo total, pero las ganas pudieron más», señala con una sonrisa que se difumina cuando rebobina hasta llegar al cierre del establecimiento que dirigía Ignasi Simó. «Con la caída del Bluesville, Palma perdió un punto de encuentro, un local que ofrecía más de 360 conciertos con entrada libre al año, un espacio en el que la música era algo cotidiano, y no como ahora, que se ha convertido en una especie de lujo», espeta.

Los Doors de Ray Manzarek es una de sus bandas fetiche. Los descubrió gracias a la película de Oliver Stone, estrenada hace 30 años, y aunque al principio le parecieron «unos pesados» acabó por rendirse a su inclasificable e hipnótica música. «La variedad define sus discos, que no pertecen a un estilo determinado. Los Doors son un placer y al mismo tiempo un desafío para un teclista», afirma. Y Emili sabe de qué habla, porque milita en Moonlight Drivers, grupo tributo a los de Los Ángeles que se enchufa con el fin de «recrear con fidelidad el espíritu de una banda que es y será eternamente adorada», según señalan en su web. Le acompañan en esta aventura el cantante palmesano Toni ‘Rissos’ Soler, el guitarrista pobler Agustí Serra y el batería inquer Jaume Trotsky.

La Blues Beer Band de Toni Reynés, grupo que toma su nombre del desaparecido bajista, fallecido pocos días después del inicio de la pandemia, en marzo de 2020, también le tiene fichado aunque toca con ella tan solo de modo ocasional pero siempre con el corazón. Con los que sí está al cien por cien es con la Quantic Tamarell Band, formación que bebe del rhythm & blues, folk y rock, y en la que se dan cita Octavio Cortés (piano, guitarra y voz), Arnau Perelló (contrabajo), Pep Lluís García (percusión) e Ignasi Simó (a la armónica). Con ellos toca el Hammond, el órgano que hicieron grande gigantes como Count Basie, Alan Price, Jon Lord o el ya citado Manzarek. Empezaron a finales de 2020 y tienen un disco ya grabado, todavía inédito, registrado en los estudios de Jordi Álvarez. «Tocamos sin pretensiones, lejos del virtuosismo, sin fuegos de artificio ni grandes solos, a lo Jay Kay», aclara.

De su filosofía destaca una máxima, la que dice que «se aprende tocando con gente distinta» porque «la música es un lenguaje y un lenguaje se aprende interactuando con el entorno, absorbiendo».

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