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El gallinero | Mujeres, tragedias, un festival…

Sara Sánchez en ‘Medea’.

Sara Sánchez en ‘Medea’. LA CONTRAPIEL

Se despereza la escena local con el festival Ciclop, en perfecta conjunción entre riesgo y buen gusto, y una propuesta rotunda del Teatre Sans.

Por unos días Sineu se llena de teatro visual del bueno (los del C.IN.E. lo han vuelto a hacer, con la inestimable ayuda de un pueblo). En una plaza rodeada de piedra emocionaron Inés Sarmiento y Andrea Reginato con una suerte de catarsis proyectada hacia un público que quizá buscaba en esos movimientos reflejos de sus propias vidas. La pareja (in)sostenible es un perfecto ejemplo de cómo explicar la (des)composición de una relación a través de dos cuerpos, y en solo quince minutos. El amor y sus estadios; las fases que convierten algo que por fuerza nace de la belleza en un lugar oscuro.

Y en esa maravilla que es la caja vacía del C.IN.E. sudó el equipo de Les petites coses: un montaje infantil que divierte a los adultos con humor inteligente, mensajes y advertencias muy actuales y unos intérpretes que lo dan todo. Pau Bachero – que ha escrito la pieza y también dirige, Carme Serna, Borja Tous y Aina Zanoguera (no le pierdan la pista) se mueven, se encaraman, se arrastran y se exprimen al ritmo que marcan las notas y los sonidos diseñados por Mon Joan Tiquat.

Entre espectáculo y espectáculo uno se podía acercar al Espai Sant Marc para ver la desasosegante Forats; un audiovisual en el que han intervenido Victoria G. Masdeu, Marga Rotger, Leticia María, Olga Manzanaro y Marta Font.

Pero el plato fuerte, la turbulencia, llegó ayer con un work in progress que indaga en el mito de Medea – poliédrico, inabarcable, multiversionado… - para salvar al personaje, o como mínimo comprenderlo, ubicándolo en el centro de un entorno hostil, flanqueado por pasiones sobrehumanas, la tragedia de la guerra, los naufragios físicos y emocionales, la maternidad – profunda y brutal - e incluso por unas fake news que ya existían en la antigua Grecia. La pieza de Chantal Maillard, interpretada por David Soto Giganto y una Sara Sánchez enorme, que también tuvo la idea de arranque, está en construcción y de momento es una delicia.

De una mujer poderosa y trágica a otra: la Maria Antonieta que nos sirvió Analía Puentes bajo la dirección de Jessica Walker. La actriz deslumbra con el único apoyo de una cortina por la que se desliza, una cama alborotada y una peluca del XVIII… y el verbo, por supuesto, desmadejado a partir de la aproximación que hizo Stefan Zweig a una de las mujeres más fascinantes de su época: atípica, ingobernable y siempre extranjera, como Medea; víctima de los prejuicios, el patriarcado y el momento. Empieza el monólogo subido de tono, casi tirando de caricatura, para luego modularse, subiendo y bajando, esquiando por superficies y texturas diversas al servicio de la síntesis de una historia que merece conocerse más allá de los clichés sembrados por el cine o la literatura mainstream.

Por cierto, Puentes se vuelve a subir al escenario del Sans el próximo viernes para interpretar a George Sand y yo no me la perdería.

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