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El escritor Sergio Ramírez, perseguido en Nicaragua, se refugió en Mallorca para novelar e investigar los pasos de Rubén Darío

Ramírez visitó por primera vez la isla en 1996 para terminar ‘Margarita, está linda la mar’

Ramírez junto a su esposa Tulita, en 1996, en Mallorca.

Ramírez junto a su esposa Tulita, en 1996, en Mallorca. ARCHIVOS S. RAMÍREZ

Sergio Ramírez forma parte de esa galaxia de escritores hispanoamericanos que vincularon su nombre a Mallorca

Fue el propio autor nicaragüense quien relató en el club de opinión de este periódico que su idilio con la isla arrancó con una estancia en 1996 en la zona de Pollença. Esos días en el Mediterráneo le sirvieron para terminar su novela Margarita, está linda la mar, premio Alfaguara en 1998.

Pero su profunda querencia por la isla no se detuvo ahí. Muchos personajes relacionados con la historia mallorquina, como el archiduque Lluís Salvador o George Sand aparecen en Mil y una muertes, un volumen que huele a olivos retorcidos, marinas y bancales con el que indagó en los pasos que dio Rubén Darío en Mallorca. En ese mismo título fue incluida también como personaje la periodista mallorquina Lourdes Durán, que también trabajó en este rotativo. 

Años después de la presentación de Mil y una muertes en el club DIARIO de MALLORCA acompañado por Durán y Basilio Baltasar, el nicaragüense pisó de nuevo suelo pollencí en 2010 con su presencia en las Conversaciones de Formentor. 

El otro nombre que está vinculado a la isla y del cual ayer Ramírez depositó un legado en el Instituto Cervantes es el también nicaragüense Rubén Darío (1867-1916). Probablemente, fue la primera figura de las letras hispanoamericanas que recaló en Mallorca. La visitó en dos ocasiones, cuatro meses entre 1906 y 1907 y en otoño de 1913. En la primera estancia, residió en una vivienda en la calle Dos de Mayo del Terreno de Palma. Es posible que Gabriel Alomar, a quien conoció en Madrid previamente, fuera la persona que le invitó a pasar unos meses en la isla. El cronista guatemalteco Enrique Gómez Carrillo, amigo de Rubén, al visitarlo en su casa de Palma, la describió como «una pequeña casita con vistas a la bahía y jardín frondoso». En la residencia terrenera se congregó lo más granado de los poetas, escritores y pintores que habitaban en Palma por entonces. Además de Alomar, frecuentaron sus tertulias los hermanos Blanes Viale, Juan Sureda Bimet, Santiago Rusiñol, Mario Verdaguer o Joan Alcover. 

Fue durante el segundo periodo cuando escribió la novela inacabada El oro de Mallorca y se alojó en casa de los Sureda en la Cartoixa de Valldemossa. Si en la primera visita arribó un poeta en paz consigo mismo, en la segunda llegaba un hombre atormentado por la idea de la muerte y sumergido en una crisis existencial y de fe, cuyo único refugio fue el alcohol. 

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