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Albert Pinya y Català Roig se inspiran en el tándem Miró-Artigas en su primer proyecto juntos

Albert Pinya, como el genial pintor, se rinde a la magia ancestral de la arcilla, el fuego y la ceniza

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Albert Pinya y Català Roig se inspiran en el tándem Miró-Artigas Guillem Bosch

El ceramista Joan Pere Català Roig (Palma, 1973) y el artista Albert Pinya (Palma, 1985) presentarán el próximo 27 de mayo en Madrid (en la feria Urvanity que se celebrará en el Colegio de Arquitectos, representados por la galería holandesa Art 3035) y el 29 de mayo en Monza, en la galería italiana Martina Corbetta, una serie de piezas cerámicas fruto de dos años de trabajo en equipo. Será la primera vez que se expongan en público estas obras, concebidas en el taller de Català Roig, en Pòrtol, y creadas a partir del modelo de trabajo y filosofía colaborativa, «al margen de los egos», que desarrollaron Joan Miró y Josep Llorens i Artigas. Palma tendrá que esperar hasta 2022 para contemplar una amplia revisión de estos trabajos, a través de un proyecto comisariado por Mercedes Estarellas.

Fue Pep Pinya quien propuso el encuentro entre ambos. «Mi hermano [Jaume Roig] me llamó un día durante la Fira del Fang y me dijo: Pep Pinya busca jarras de gres. Te lo envío», recuerda Català Roig. Aquella fue la chispa, porque el fuego se prendió un año después, durante una comida a instancias del galerista, que insistía en que ambos se conocieran. «Como buen visionario, mi tío Pepe quiso unirnos. Y sin lugar a dudas, con el paso del tiempo, estoy seguro que este gesto se recordará como otra más de sus grandes hazañas. Es una lástima que ahora ya no esté tan activo», afirma su sobrino Albert Pinya en referencia a un hombre cuyo nombre va ligado al de Joan Miró, un artista que concebía la cerámica como «una poesía profundamente ligada a la magia ancestral de la arcilla, el fuego, la ceniza y el humo».

Un taller siempre es un santuario y cada artista tienes sus manías pero «desde el primer momento tuvimos buena sintonía», asegura Català Roig mientras Albert Pinya asiente: «En él he descubierto a un maestro zen, un gran conocedor del oficio, un referente de la cerámica contemporánea, una persona que se enfrenta a la vida con una actitud estoica y trabajadora. Siempre resulta muy complicado salir de tu taller y trabajar en otro que no es el tuyo. Para mí ha sido como una residencia, dos años currando, codo con codo con Joan Pere. Esto es un trabajo en equipo».

Albert Pinya y Català Roig se inspiran en el tándem Miró-Artigas G. Bosch

Un trabajo conjunto que fue «sufrido y sentido», en palabras del ceramista, y que en sus primeros momentos se valió de piezas ya hechas, como platos y botellas, «un fin indefinido que Albert usó como lienzo». A partir de ahí, Català Roig interpretó «hacia dónde tenía que ir el soporte: piezas ensambladas que dieran pie a la historia urbana de Pinya», obras que «suman volúmenes, combinados, una historia que no busca una línea tan pura sino más un efecto». Otras veces el proceso fue el contrario, persiguiendo piezas con el poder de «evocar para ir creando», añade el pintor, que a base de «ensayo, prueba y error» fue conociendo «un medio y unas herramientas con las que no había trabajado ni flirteado antes».

«Fui probando con diferentes pigmentos, con diferentes instrumentos y maneras de trabajar la imagen, para ir adentrándome en esta disciplina. Al principio no me gustaban los resultados, me sentía frustrado, tenía que tirar todo lo que hacía. La mejor manera de aprender para mí siempre ha sido a través del error. A través del esfuerzo y la curiosidad fui familiarizándome cada vez más con este nuevo lenguaje y sintiéndome menos desconcertado», relata Pinya.

La comunión entre ambos creadores se afianzó, apoyada en una mirada común, «hacia lo telúrico, lo ancestral, el agropower. Llevamos estilos de vida diferentes pero la esencia es la misma», defienden. Del horno de estilo japonés de Català Roig fueron sacando las piezas, vestidas finalmente con el azul cobalto como color predominante. Cerca de medio centenar aunque podrían haber sido muchas más. «Me fascina la infinidad de posibilidades y recursos que puede dar la cerámica. Para alguien tan hiperactivo como es mi caso, a esas infinitas posibilidades hay que ponerles freno. Esto es muy adictivo», confiesa Pinya.

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