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José María Gago: «El sello Drac fue una escuela para muchos editores de Mallorca»

«Los editores de esos años estaban unidos por un afán de potenciar la cultura, la historia de aquí y la lengua catalana en general»

José María Gago.

José María Gago.

¿Por qué centrarse en esas dos fechas: 1962 y 1989?

Pensé que enmarcar el estudio entre dos años podía concretarlo un poco. Elegí 1962 pues es el de la creación de la Obra Cultural Balear y el de la publicación del Diccionari Alcover-Moll. En 1989 podemos decir que el mundo editorial toma otros derroteros más mercantilistas y menos aventureros, y es también el año en el que aparece El Drac editorial, un espacio en el que se forjaron algunos de los que serán protagonistas de la edición en lengua catalana en la isla los siguientes treinta años.

¿Qué tenía de hazaña ser editor en aquellos años?

Editar era en sí mismo una hazaña. Hasta los noventa había editores empresarios, después tenemos empresarios editores, en los que prima el concepto de rentabilidad económica. En los primeros existía un cierto planteamiento romántico, con afanes sobre todo culturales y de país, añadidos a la lucha antifranquista. Algunos, no todos, incluso se significaron políticamente, pero todos tienen en común una militancia cultural.

¿Y cómo se conjugaba, en ese campo, el verbo rivalizar?

Hay que decir que la rivalidad no era tanta como en otros ámbitos. Incluso autores cambian de sello editorial e, incluso más, obras editadas en una editorial aparecen, años después, en otra. Debemos hablar, en todo caso, de competencia sana y de intereses diversos. A algunas les interesaba más seguir por caminos tradicionales y otras optaron por el rupturismo y la innovación.

Volvamos a la editorial Drac.

Es curiosa su historia, ya que fue una editorial muy pequeña, que duró muy poco tiempo, poco menos de dos años, pero que dinamizó el panorama editorial y en ella se formaron editores, muchos de los cuales editan hoy en día. Documenta, El Tall, Lleonard Muntaner… todos esos nombres salieron de Drac.

Hablamos de editores y libreros, pero antes están los escritores y luego los lectores.

Cierto, pero incluir todos los elementos que intervienen en el mundo del libro era abarcar demasiado, piense que también están los críticos y otros profesionales.

En su libro, ¿hablar de editores es hablar de editores en lengua catalana?

Efectivamente. Aunque mi proyecto, en el que estoy trabajando, es más amplio y espero poder ampliar el estudio a los editores de todo el Estado. De momento me estoy centrando en los territorios con lengua propia, ya que hago hincapié en su ninguneo por parte de muchas administraciones españolas.

¿Cómo eran las estructuras en el seno de esas editoriales?

Pues había diferentes maneras de entender lo que era una estructura. Así nos encontramos con el caso de la editorial Moll, con un perfil empresarial y que, a pesar de ser de ámbito familiar, estaba bien organizada. Luego estaban los más entusiastas como Bartomeu Barceló Pons o Antoni Serra, por poner dos ejemplos. Pero sea un modelo u otro, todos estaban unidos por un afán cultural, de potenciar la cultura y la historia de aquí y la lengua catalana en general. Eso sí, dando voz, de forma mayoritaria, a los autores propios, de las islas.

En el caso de los libreros pasa algo parecido, unos toman la librería de forma más profesional, con una estructura de empresa, y otros optan por esa vertiente más romántica, en la que pesa mucho el amor por el libro en sí y el espíritu de confrontación con el poder establecido.

¿Dónde situamos a las instituciones?

Con el Estatut d’Autonomia aparece una situación nueva, en la que las administraciones intervienen a base de subvenciones, ayudas e incluso colaboraciones para la edición en catalán, lo que supone un cambio importante a partir de 1983. Un cambio tanto cualitativo como cuantitativo por lo que a la edición respecta.

¿Qué papel jugó la mujer en esa época, en el campo editorial?

Lamentablemente ninguno. En la época que he acotado mi estudio, años sesenta hasta casi los noventa del siglo pasado, no he encontrado ninguna editora que podamos considerar como tal. Ahora bien, hay dos nombres ligados a dos editoriales y que son Aina Moll y Aina Muntaner, de editorial Moll y de Turmeda, respectivamente. Habrá que esperar a la década de los noventa para que se incorporen mujeres en la primera línea editorial como es el caso de Maria Muntaner en Lleonard Muntaner. De todas maneras, en el estado español de la época, encontramos más mujeres editoras, no demasiadas, pero sí más que aquí.

Todo ello contrasta con las mujeres libreras, que aquí sí tienen un protagonismo a partir de los años cincuenta y sesenta. Pensemos en Francesca Moll de Llibres Mallorca. En las librerías sí encontramos o bien mujeres que son propietarias o bien que ocupan lugares de responsabilidad. Y si nos acercamos a la actualidad, la tónica continúa, pensemos en Embat, Llibres Colom, Jaume de Montsó, Espirafocs, Calabruix y otras, regentadas por mujeres.

¿Cuál era la proyección de la edición hecha en Mallorca?

Naturalmente, era el territorio de los Països Catalans el ámbito natural de proyección. Por motivos de la lengua, claro. Para mí, el paradigma de esa proyección es el Diccionari Alcover-Moll. Desde su publicación, en Cataluña existe un interés enorme en adquirir ejemplares del Diccionari. De todas maneras, era más fácil que un libro editado en Cataluña llegara a las librerías de Mallorca que al revés. Lo he podido comprobar al hacer el trabajo de campo para realizar el estudio. En las entrevistas con editores, muchos coinciden en que el planteamiento editorial del Principat no servía para Baleares. Con lo cual algunos escritores de las islas iban a publicar a Cataluña para tener una mejor y más amplia distribución. La cosa empieza a cambiar algo a partir de los noventa, aunque sin conseguir la equiparación.

Aparte de entrevistas personales, ¿cuáles han sido sus fuentes a la hora de redactar el libro?

Las fuentes orales, sobre todo. He realizado un total de diecisiete entrevistas con algunos protagonistas, libreros y editores, a lo largo de diez años. Aunque también he podido acceder a archivos varios, públicos y de editoriales y a material de hemeroteca.

¿Cómo ve el futuro?

Por lo que a la edición se refiere, creo que hay un presente y un futuro muy prometedor en las islas, mayoritariamente en catalán.

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