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Júlia Truyol: «En La Calòrica trabajamos en colectividad, somos asamblearios»

«La compañía es un gran espacio de libertad» u «Ahora mismo hay pocos grupos estables de teatro que, habiendo empezado de cero, estén todavía activos; nosotros somos uno»

La actriz mallorquina Júlia Truyol.

La actriz mallorquina Júlia Truyol.

«Haber estrenado en el Teatre Nacional de Catalunya es como decir que te has casado, es como sentirte mayor de edad en la escena. Es la gran institución pública de las artes escénicas. Es la gran casa del teatro catalán, donde el dinero público de los catalanes ha llegado a La Calórica para producir una obra. Es una gran responsabilidad. Y al fin lo hemos conseguido. Nos ha costado once años», explica a este diario la actriz mallorquina Júlia Truyol, integrante de la compañía catalana (con tres mallorquines en sus filas: Esther López, Joan Yago y la propia Truyol) que este domingo echa el cierre en el Nacional a todo un mes en cartelera con su último espectáculo, De què parlem mentre no parlem de tota aquesta merda, una sátira que pone en relieve las contradicciones sociales que afloran ante un tema como la emergencia climática.

«En este éxito también hay un punto de orgullo, ya que apenas hay compañías o grupos estables que hayan empezado de cero y estén aguantando. Son estructuras poco viables económicamente», considera. «En La Calòrica somos ocho personas fijas y algunos colaboradores, y lo cierto es que se hace difícil. Ahora mismo otros que empezaron como grupos estables han acabado llegando como individualidades al Teatre Nacional», señala.

La Calòrica eclosionó en el año 2010, en plena crisis económica. «Éramos alumnos de una misma promoción del Institut del Teatre. El trabajo de final de carrera que hicimos juntos fue nuestro primer espectáculo, Feísima enfermedad y muy triste muerte de la reina Isabel I, que ya funcionó muy bien y que el año pasado el Teatre Lliure recuperó para hacer un montaje», relata. Cuando el grupo empezó, Júlia trabajaba de camarera, «otro compañero era monitor de comedor y también alguno daba clases». «Ahora hace unos años que todos nos dedicamos exclusivamente a la labor artística», subraya Truyol, que principalmente es actriz en la compañía, «aunque también realizo labores de producción». Dos premios Max por Fairfly fueron otro hito para La Calòrica, unas credenciales con las que siguieron abriendo camino.

«Todos lo hacemos todo. Nos repartimos mucho la producción. Y somos muy asamblearios. Ahora acabamos en el Nacional con el nuevo espectáculo, pero ya estamos hablando del próximo. Ponemos ideas sobre la mesa, decidimos sobre un tema, el tono, hacemos la estructura, Joan Yago lo escribe y luego lo leemos entre todos», desvela Truyol sobre el proceso de creación de una de las mejores compañías del momento.

«Llegar hasta aquí no ha sido nada fácil. Hemos trabajado mucho, hemos realizado producciones muy precarias cobrando poco en los teatros alternativos. Hacer espectáculos de cuatro o cinco actores es poco viable y te obliga a lidiar con la precariedad». La Calòrica ha aguantado en este escenario adverso. Truyol revela la fórmula: «Hemos priorizado la colectividad. De lo que hemos ido ganando, siempre hemos guardado un rinconcito para que sobreviviera esa colectividad. Porque visto con perspectiva, el éxito de La Calòrica es ése: nuestra manera de trabajar de manera asamblearia».

Un matrimonio de ocho

La intérprete no teme que esa colectividad pueda quebrarse algún día. «Las cosas se transforman. Esto es un matrimonio de ocho personas, es trabajo, pero también somos amigos. Y cada uno de nosotros tiene su carrera personal. Combinar todo esto es complicado», opina. «Por eso, cuando nos ponemos a diseñar un espectáculo, lo primero que miramos es el calendario y nuestras agendas para ver con qué contamos y con qué no». Preguntada sobre qué le aporta la compañía en relación a sus otros trabajos, la mallorquina responde con rotundidad: «La Calòrica es un espacio de libertad».

Los temas tratados por los calóricos son cuestiones que les preocupan personalmente y como generación. Sus montajes han girado en torno a la precariedad laboral, los trabajos basura, el hambre de poder, la libertad de prensa, la crisis del pensamiento científico o el auge del populismo neoliberal. «Compartimos una mirada común, el humor para hablar de temas serios, y sí, somos millennials», confiesa Truyol.

La compañía girará con su nuevo espectáculo (13 bolos) por Cataluña hasta el mes de junio. «De momento no venimos a Mallorca».

Desde que la actriz isleña estuvo en la compañía del Teatre Lliure, el reguero de papeles ha sido constante. Aparte de la gira con La Calòrica, en otoño estrenará L’oncle Vània del Lliure dirigido por el lituano Oskaras Korsunovas. Desde enero pasado, forma parte del elenco de la serie de sobremesa de TV3 Com si fos ahir y rodó un pequeño papel para la segunda temporada de Hache de Netflix, estrenada el pasado marzo.

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