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Arqueología con ojos de mujer

La Prehistoria se interpretó con un modelo patriarcal nada ajustado a la realidad de la cueva, porque ellas desempeñaban también un papel decisivo para la tribu. La arqueología con perspectiva de género corrige, desde hace décadas, esa mirada sesgada

Arqueología con ojos de mujer

Arqueología con ojos de mujer

Las mujeres de la Prehistoria desarrollaban tareas tan esenciales, e importantes, que permitieron el sostenimiento del grupo, de la tribu, de la humanidad de hace millones de años. La salud, el consumo, los utensilios para preparar los alimentos o el tratamiento de las pieles para protegerse formaban parte de su día a día. Actividades de tanto peso como las que podían realizar los hombres, aunque la interpretación académica posterior las relegara a un plano muy secundario. La arqueología con perspectiva de género trata, desde hace algunas décadas, de poner fin a ese reduccionismo injusto. A esa discriminación que según las especialistas en la materia no se corresponde con aquella realidad que los representa a ellos como grandes cazadores, cuando más bien eran sociedades carroñeras según algunas investigaciones. «No podemos llevar el modelo patriarcal a la historia, disfrazando al hombre de cazador y relegando a la mujer solo al papel de amamantadora», reflexiona Carmen Aranegui. La arqueóloga y catedrática emérita de la Universitat de València recuerda que una cosa es hacer descubrimientos y otra muy distinta, interpretarlos. Algo que durante demasiado tiempo recayó en ellos.

«La Prehistoria se ha leído con estereotipos de nuestro tiempo», insiste Aranegui, quien recuerda que las sociedades primitivas eran solidarias y colaborativas: la individualidad estaba por hacer. «Engendrar, parir y alimentar en épocas donde moría más gente que nacía y donde el número de partos era limitado por esperanza de vida, tenía un enorme valor, porque además las mujeres hacían de todo», recalca la profesora. «La fuerza residía en el colectivo al margen de los comportamientos sexuales, porque si no se hubieran extinguido», recalca quien logró el Premio Guarner 2109 por su contribución al conocimiento de la Historia, su impulso al prestigio y la igualdad social de las mujeres en el campo de la ciencia. Fue una gran precursora al incorporar la visión sobre la mujer en la cultura ibérica.

Del plano secundario al lenguaje igualitario e inclusivo

Lo cierto es que en las imágenes o representaciones de la vida de hace millones de años, y de no hace tanto también, la mujer ocupaba casi siempre un papel secundario: aparecía en actitud pasiva y supeditada a la figura del varón. Este androcentrismo es el que las arqueólogas que progresivamente fueron incorporándose a una profesión también masculina llevan décadas intentando enmendar. «Se trata de corregir ese sesgo», comenta María Jesús de Pedro, directora del Museu de Prehistòria de València. «En el museo hemos intentado acabar con esa desviación», incide. La apuesta por el lenguaje inclusivo e igualitario en las exposiciones es prueba de ello. «No podemos caer en generalizaciones como hablar de hombres cuando se trata de sociedades humanas», razona De Pedro.

El reciente hallazgo de un esqueleto femenino de 9.000 años de antigüedad, enterrado con un «equipo de caza mayor» en la cordillera de los Andes en Perú, ha vuelto a avivar el debate de si solo eran ellos los que salían a por las presas y ellas recolectaban. Aranegui es tajante en ese aspecto. «Hay que redimensionar a las mujeres, pero no es preciso que hagan lo que hacían ellos», razona, para acto seguido apostillar: «Lo que hay que hacer es prestar atención y valorar en su justa medida lo que ellas aportaban y que era trascendental para la supervivencia del grupo», argumenta, incidiendo en que la mayoría de las veces se alimentaban de los restos de carne abandonados.

Exposición itinerante desde hace quince años

Esa obligada revisión con perspectiva de género puede comprobarse en exposiciones como la que en 2006 montó el Museu de Prehistòria de València y que de forma itinerante desde entonces ha ido recorriendo muchos puntos de la geografía valenciana. Pero no solo, pues también ha viajado a ciudades como Santander, Valladolid, Granada o Jaén. El catálogo que la acompaña explica de forma detallada una muestra que sirve para ampliar el foco. Mucho han tenido que ver en ese éxito Santiago Grau, jefe de Difusión, Didáctica y Exposiciones, así como Begoña Soler, responsable de la coordinación. Esta última, doctora en Estudios sobre la Prehistoria, afirma en la revista Mètode de la Universitat de València que una profesión considerada hasta hace poco de hombres hoy en día ya cuenta con mayor proporción de mujeres entre las matriculadas y las posteriores profesionales.

Además, a finales de diciembre del año pasado el museo, que depende de la Diputación de València, renovó la sala dedicada a las sociedades cazadoras y recolectoras. El proyecto museístico dirigido por Helena Bonet es tan didáctico como atractivo. Un paseo que se inicia hace siete millones de años y que permite conocer lo recuperado en puntos como la cova de les Malladetes, en Barx, o la del Parpalló, en Gandia. Esta última, uno de los yacimientos prehistóricos del Paleolítico Superior más importantes de Europa, está catalogada como Bien de Interés Cultural (BIC) y está incluida en la lista del Patrimonio Mundial de la Unesco por su conjunto de arte rupestre.

La desmitificación de las diferencias entre lo que hacían hombres y mujeres en el pasado es un movimiento moderno. Es a principios de la década de los años ochenta del siglo pasado cuando las mujeres se incorporan de forma masiva al mundo de la arqueología. Varios proyectos como Pastwomen o ArqueólogAs, por ejemplo, han salido a revalorizar la figura femenina en la historia de la humanidad, estudiando también la importancia que las pioneras del ramo han tenido a la hora de abordar los hallazgos. Margarita Díaz o María Ángeles Querol son algunas de las investigadoras que abanderan este tipo de iniciativas. Se trata de recuperar las historias de aquellas mujeres que se dedicaron a la arqueología pero fueron silenciadas por la sociedad de su tiempo. Las primeras en volver la vista hacia atrás e interpretar sin estereotipos, mirando con otros ojos. 

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