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Antoni Socías Albadalejo: «En el arte no se dice lo que hay, siempre se miente»

«Hubo un momento en que me dije ‘soy pintor y tengo que explotar mi particularidad’»

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El estudio de Antoni Socías Albadalejo (Inca, 1955) en sa Cabaneta es austero, poco preparado, como él mismo dice, para recibir visitas. Colgada de una pared, una de las pinturas que conforman su Retablo del Génesis. «Este cuadro me he tirado seis meses para pintarlo», dice Socías, quien percibe el solo hecho de tener tiempo y paciencia como un «acto revolucionario». «Hoy día ningún artista tiene tiempo. Es la tensión que vivimos ahora. Déjame tiempo y tranquilidad porque no quiero estar dentro de esto, inventar continuamente para que parezca que inventas cuando todo es una carcasa».

Socías leerá el próximo 25 de noviembre a las 19.30 su discurso de entrada en la Real Acadèmia de Belles Arts de Sant Sebastià que ha titulado Hubo un tiempo en que creí que el Arte era mi casa, un texto en que el artista se centrará en aquella parte de su trabajo «que no se ve», todo ese entramado de fundamentos estructurales que abarcan las creencias, la investigación, el estudio o la estructuración metódica de las ideas. Socías admite que no siempre ha compartido su proceso creativo: «Hubo épocas en que no explicaba nada de mi trabajo. Incluso publicaba catálogos en los que ni siquiera las obras estaban referenciadas». Después de conducirse de esta manera durante años, «fui recapacitando y empecé a escribir sobre mi obra y fui recopilando textos sobre casi todos los procesos de trabajo que he llevado a cabo».

Se define como pintor, pero no siempre se reconoció en esa palabra: «En 2011, decido ser lo que soy. Descubro que mi vocación es ser pintor», afirma. «Todo el conglomerado de la aldea global te dispersa y te lleva hacia su terreno, el arte te lleva a su terreno y hay un momento que reflexiono y digo basta: ‘yo soy pintor, nací pintor y tengo que explotar mi particularidad’».

Sabedor de que no está siguiendo la corriente, dice que «la pintura, y en concreto la pintura figurativa, está tan denostada. Lo que estoy haciendo es un pecado en este país». Quiere hacer hincapié en que «no hago una crítica al arte que se hace hoy día sino a ciertas maneras» y al tiempo señala que es crítico desde el trabajo, porque también lo es con él mismo. Así, dice que el arte contemporáneo se ha convertido en aquello que quiso combatir: «Se ha vuelto tan endogámico como lo era el arte clásico», subraya, y añade que es «de boquilla transgresor pero de situación real totalmente conservador. Con lo cual artistas jóvenes repiten situaciones que creen que han inventado pero que están totalmente trilladas. Da vueltas sobre sí mismo. Esto nos ha traído una desazón, a un aburrimiento generalizado, a un hacer por hacer, a tener estructuras, a mentir diciendo que todo va bien y nada va bien. En el arte no se dice lo que hay, siempre se miente. Has de llegar a profundizar más para que te digan: me va fatal», reflexiona.

El modo en que el arte contemporáneo está abordando las cuestiones sociales es otro de los puntos que cuestiona: «Que puedas transmitir cierto arte, además del problema, es lo que se olvida. Lo que dices es cojonudo, el problema es cómo lo dices». Pone como ejemplo que «Santiago Sierra ha hecho un vídeo sobre la gente que pasa hambre y hace cola para pedir comida durante la pandemia. La contradicción es que este vídeo se vende en la galería por noventa mil euros. A mí esto me hace pensar muchas cosas», dice. «Se están tratando problemas sociales, el feminismo es uno de ellos, que lo están copando todo. Me parecen importantes desde el punto de vista social, periodístico o documentalista, pero desde el punto de vista intrínseco del arte no sé si es tan importante».

Ha luchado, y ha logrado, su independencia porque «vivo la esencia del arte, no vivo del arte» y ha tenido claro en todo momento que «cuando eres libre en el arte eres tú el que manda». En este sentido dice haber «buscado la felicidad dentro del arte, incluso a través de los malos momentos». Recuerda como una época de mucho trabajo, mientras fue director de comunicación de Camper, le impidió pintar todo lo que hubiera querido: «Fue muy frustrante, porque tenía muchas ideas. Entonces pensé que si no tengo tiempo para crear, recrearé lo que he creado», afirma. Recuerda que las obras surgidas de esa «época de mucho sufrimiento» le llevaron a representar a España en la Bienal de São Paulo.

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