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En capilla con los Pullman, la aventura rockera de Punyet Miró

«Rock para empezar de nuevo», entonan

Joan Punyet, nieto de Joan Miró, en primer término, durante el último ensayo, en Son Abrines, antes del estreno del grupo Pullman, del cual es letrista.

Joan Punyet, nieto de Joan Miró, en primer término, durante el último ensayo, en Son Abrines, antes del estreno del grupo Pullman, del cual es letrista. Manu Mielniezuk

«Sigue tus intuiciones, sigue tu corazón. Tienes que hacer lo que realmente te cree una tensión espiritual, una chispa en el alma. Tienes que seguir siempre el camino del alma». Eso es lo que hace Joan Punyet, seguir el consejo de su abuelo, Miró, dejarse llevar por «los pálpitos», sabedor de que «el rock no falla» y que hay que «empezar de nuevo ante una nueva realidad». Su última aventura se llama Pullman y se presenta mañana vía streaming, a través de la cuenta de Instagram @joanpunyetmiro, a partir de las 13 horas. Trece canciones de rock Punyetero para tiempos «jodidamente puñeteros».

En el mismo espacio donde estuvo la biblioteca y discoteca de Joan Miró, en Son Abrines, con vistas a los edificios Pullman, en una habitación que llegó a atesorar 400 vinilos y 1.700 títulos de filosofía, ensaya estos días la pandilla de Punyet, una banda amiga fruto del confinamiento. Sus hoy componentes se conocieron en un supermercado y se dijeron entre sí: «Vamos a hacer algo que si no, nos moriremos». Ese algo es hoy un grupo de rock, con Joan Punyet en el papel de letrista y panderetero, y con unos músicos de altura, entre ellos el saxofonista Vicenç Borràs, «muy entregado a la causa», y una gran voz metida a bajista, Adriana Ceballos, conocida por su paso por La Voz.

Borràs sabe de premios. Uno de los primeros que logró fue el del primer Concurs Pop Rock montado por el Ayuntamiento, con los Furnish Time de Pere Pla y Miquel Barceló, en los 80. Hoy, con los Pullman, saborea otro triunfo: «El hecho de estar aquí, en Son Abrines, me toca mucho. Admiro a Miró desde que era un niño y agradezco a esta gente (los Pullman) que me soporten. Yo soy muy pesado», advierte entre risas. «Cuando metes un pito en una banda de rock todo cambia absolutamente de color», confiesa el sabio instrumentista, el último fichaje de Punyet en un sexteto (fieles a las órdenes gubernamentales) que completan el batería argentino Ivo Iaschuck, la cantante jienense Susana Lois y unos dedos prodigiosos, los del guitarrista argentino Gerónimo González (After Chabon, Gsus).

«Vivo en la planta nueve de los Pullman, una fauna de personajes increíbles. Tengo una vecina rockera que a cualquier hora, como pueden ser las tres de la madrugada, te pone a todo volumen a Jimi Hendrix; y a la izquierda escucho gritar, un loco de atar, al que nunca he puesto cara, jamás le he visto», comenta antes de la comida González, veloz y preciso en el manejo de las seis cuerdas.

Beso digital, Fly, Pandemia global, Eutanasia y Marihuana, Marisol... Canciones con las que Punyet Miró quiere «hacer apología de la cultura en estos tiempos de depresión», porque la cultura, «como se demostró durante la I y II Guerra Mundial, puede salvar al mundo», comenta el gurú de esta historia durante un paréntesis de los ensayos.

To Quemao es el único tema en el que suena la voz de Punyet, entre libros de El último mohicano, Ivanhoe, Pueblos primitivos de hoy y El espectador de Ortega y Gasset. «Me tiene okupada la habitación», se queja Marisol Ramírez, mientras se escucha «el planeta ya no respira, el planeta ya me suplica, menos fuego y más simpatía».

El arranque de los Pullman, con el rock como pilar pero con pinceladas de rhythm and blues, blues y jazz punk, tendrá continuidad más allá de su bautismo. El sábado en streaming y el martes, en directo, en Es Gremi, a las 20.30.

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