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Crítica de cine

Perdidos en Indiana

Hay un interesante paralelismo entre esta película y Paterson: Las dos se titulan como las localidades en las que están ambientadas, y sus argumentos están ligados a sus idiosincrasias. Paterson (Nueva Jersey) es famosa por artistas nacidos ahí (Allen Ginsberg, Lou Costello); Jim Jarmusch le inserta un (ficticio) entrañable poeta aficionado. Columbus (Indiana) tiene la población de Manacor y un catálogo apabullante de arquitectura contemporánea, con edificios de Saarinen, Pei, Meier, Pelli o Polshek entre otros.

El cineasta Kogonada junta al treintañero hijo (Cho) de un arquitecto coreano ingresado grave en un hospital con una joven bibliotecaria (Richardson) que duda si estudiar arquitectura fuera de la ciudad. Ambos luchan con fantasmas interiores. Él quiere escaparse de la localidad y de su padre porque éste apenas le hizo caso en su infancia y juventud; ella no quiere marcharse, pretende renunciar a un prometedor futuro profesional por temor a que su madre vuelva a caer en una espiral turbulenta. Su breve amistad cuaja en visitas a los edificios emblemáticos de la ciudad. Kogonada traslada a su filme una paradoja de la arquitectura moderna, cuanto más transparente, más acristalada, más frigidez transmite. La ebullición interna de los personajes se narra con un estatismo y una lentitud muy exigentes para el espectador. Fotografía impecable, muchos planos abiertos fijos y frontales exteriores, e interesantes composiciones interiores; ritmo pausadísimo, con muchos silencios y sobreentendidos; actuaciones extremadamente contenidas. El homenaje a Yasujiro Ozu se asemeja más a un Eric Rohmer vestido de monje budista. Película muy humana y a la vez tan fría como un edificio de Richard Meier o Eero Saarinen.

Columbus

***½

Nacionalidad: Estados Unidos, 104 min.

Director: Kogonada

Actores: John Cho, Haley Lu Richardson, Parker Posey, Rory Culkin

Cines: CineCiutat

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