Un creciente cuerpo de evidencia sugiere que cuando los cerebros de las personas mayores tienen que trabajar más para ver, pueden producirse disminuciones en el lenguaje, la memoria, la atención y más.

No resulta sorprendente pensar que el cuerpo humano es un todo integrado en el que lo que falla por un lado, puede afectar por otro.

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Es algo muy evidente, por ejemplo, si nos referimos al oído. Las personas que ven disminuir su audición acaban aislándose y sufriendo importantes déficits cognitivos.

Pero ahora, un estudio publicado en la revista JAMA Network Open viene a demostrar que la pérdida de visión por culpa de la edad también puede afectar la función del cerebro.

La razón es que obliga a nuestro cerebro a trabajar más duro para dar sentido a lo que «mal ven» nuestros ojos, y eso puede afectar la función cognitiva.

El estudio incluyó a 1.202 hombres y mujeres de entre 60 y 94 años durante un promedio de casi siete años, en los que se les sometió a diversas pruebas de visión, además de la habitual de reconocer las letras, que casi todos hemos hecho alguna vez.

Y los investigadores encontraron que quienes tenían calificaciones más bajas en las pruebas de agudeza visual, tenían más probabilidades de tener un deterioro cognitivo con el tiempo.

Un deterioro en el que se incluía la memoria, los déficits en el lenguaje, la atención y capacidad para identificar y localizar objetos en el espacio…

Además, otros problemas de visión, como la percepción de profundidad y la capacidad de ver contrastes, también tuvieron efectos perjudiciales sobre la capacidad cognitiva.

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¿Y el problema no será al revés?

Es la primera pregunta que se puede derivar de los datos obtenidos en la investigación. ¿Los problemas de visión afectan al cerebro o es el deterioro del cerebro lo que afecta a la visión?

Para explicar sus conclusiones, la doctora Swenor, investigadora principal ha utilizado un estudio anterior, en el que también intervino, y que se realizó con 2.520 adultos de 65 a 84 años.

Fue publicado en JAMA Ophthalmology, y en él concluían que cuando se consideraron ambas funciones, el deterioro de la visión tenía dos veces más probabilidades de afectar el deterioro cognitivo que al revés.

Además, afirmaban en sus conclusiones que mantener una buena visión a medida que se envejece puede ser una forma eficaz de minimizar el deterioro de la función cognitiva en los adultos mayores.

Pero identificar y corregir la pérdida de la visión desde el principio puede ayudar, Y por eso recomiendan chequeos oculares regulares, al menos una vez cada dos años, y con más frecuencia si tiene diabetes, glaucoma u otras afecciones que pueden dañar la visión.

¿No basta con las gafas?

No todos los problemas de visión se pueden solucionar con unas gafas. Y entre ellos destacaríamos la degeneración macular, que justamente está relacionada con la edad, o el glaucoma.

En su caso, lo más recomendable es una fisioterapia para los ojos poco conocida y que se llama «Rehabilitación de baja visión».

Es la terapia que utilizó la investigadora principal de este estudio, doctora Swenor, cuando una enfermedad de retina comenzó a comprometer su visión.

Gracias a esa consiguió adaptarse a situaciones comunes pese a su discapacidad visual. Así logró, por ejemplo, ver objetos en una situación de alto contraste, como un gato negro contra una cerca blanca.

Y aunque no consigue diferenciar entre colores similares, y no puede, por ejemplo, verter leche en una taza blanca, se ha ido adaptando. Y con decisiones tan sencillas como cambiar el color de la taza, puede funcionar bien profesional y socialmente.

Pero pide que estos cambios se extiendan a todas las situaciones fuera del hogar.

Por ejemplo en los hospitales, donde casi todo es de color blanco y eso provoca dificultades en las personas con baja sensibilidad al contraste.

También considera un gran avance cambiar el color de los quitamiedos de las carreteras, tradicionalmente grises, lo que hacía imposible que los diferenciasen al ser casi del mismo color que el asfalto de la carretera.

Mejoras en el hogar

Todo lo que podamos hacer por mejorar la situación de las personas que han ido perdiendo visión con la edad, ayudará a mantenerlas alerta y que su cerebro no sufra deterioro.

Por ejemplo, aquellos que tienen problemas con la percepción de la profundidad, pueden incorporar útiles funciones de diseño en el hogar, como códigos de colores para moverse de forma segura.

Porque el vínculo entre la discapacidad visual y la discapacidad cognitiva no es algo inmediato ni inevitable. Existen muchas formas de fomentar la salud del cerebro para las personas con pérdida de visión.

Y en eso es en lo que debemos centrar nuestros esfuerzos cuando la edad nos vaya privando de una vista aceptable.

La consecuencia de no hacerlo afectará directamente a nuestro cerebro.