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Sociología

La corrupción que no cesa

Análisis de un fenómeno enquistado en las instituciones políticas

Los países más democráticos, igualitarios y con mejor nivel educativo se caracterizan por una presencia esporádica de la corrupción. España no está entre ellos. En nuestro país el fenómeno de la corrupción no se ha generalizado, pero ha ido en aumento y está extendido, particularmente en algunas de las regiones con mayor crecimiento económico, un hecho que contrasta con lo que ocurre en el resto de Europa, donde el problema parasita y frena a las regiones más atrasadas. Desde 2013, los españoles declaran la corrupción como su principal problema después del paro. Somos los europeos cuya percepción al respecto más ha empeorado en los últimos años. El mal afecta de forma directa al rendimiento de las instituciones políticas y ha lesionado gravemente la confianza en ellas de los ciudadanos. El último informe de Transparencia Internacional constata el retroceso y reclama medidas urgentes.

Habría que empezar por conocer bien la realidad. Pero a diferencia de otros países, las administraciones públicas en España no elaboran estadísticas de la corrupción. Sin embargo, la magnitud que ha adquirido el asunto con la reciente crisis, muy superior a la que tuvo en la escandalera de los años noventa, ha espoleado a los científicos sociales a incluir en su agenda de investigación el estudio del problema, con resultados muy prometedores. Disponemos de datos y estimaciones parciales, que nos desvelan que la corrupción en España es esencialmente política y no administrativa, y que las áreas más frecuentadas por los agentes corruptores son la contratación pública de bienes y servicios, el urbanismo y la financiación de los partidos. Los numerosos sondeos de opinión realizados han permitido escrutar las actitudes de los españoles y descubrir, entre otros hallazgos, que hay una enorme diferencia entre su percepción del fenómeno de la corrupción, muy amplia, y la experiencia directa, como víctimas, que es admitida solo en un porcentaje mínimo de casos. El gran impacto de los escándalos en la opinión pública, la sensación de impunidad agudizada por la lentitud de los procesos judiciales y la concesión de indultos, y la permanente sospecha que cae sobre los actores políticos ayudan, sin duda, a magnificar las dimensiones del problema.

Las publicaciones de las que aquí se da noticia son un ejemplo del esfuerzo que politólogos, juristas, sociólogos, economistas e historiadores están haciendo por describir, medir y explicar la corrupción que se ha producido en España. El libro coordinado por Víctor Lapuente, profesor en la Universidad de Gotemburgo, reúne ocho estudios en los que se analizan los aspectos más relevantes de la cuestión y se ofrece abundante información empírica. De especial interés es el capítulo titulado “Corrupción y guerra de trincheras mediática”, en el que se discute la influencia del sistema español de medios de comunicación en el castigo electoral de la corrupción, así como el que expone las implicaciones para el fenómeno en cuestión del mapa municipal minifundista y del diseño institucional del gobierno local. La obra de Muñoz Jofre, presentada por Paul Preston, repasa por primera vez las manifestaciones cambiantes de la gran corrupción habida en nuestro país a partir de la Restauración, desde la electoral hasta la escondida tras la colusión de intereses políticos y económicos. Ambos trabajos aportan nuevos planteamientos a los estudios sobre la corrupción en España, el primero mediante la perspectiva comparada y el segundo haciendo una incursión histórica pionera.

Para pertenecer al selecto grupo de distinguidas sociedades prósperas y democráticas, España tendrá que reducir drásticamente la corrupción y mejorar en igual medida la percepción que los españoles tienen de ella. Un número creciente de investigadores está profundizando en su conocimiento, que es el primer paso para combatirla. A tal fin, Víctor Lapuente cierra su libro con un catálogo de actuaciones que podrían resultar eficaces. Pero sigue faltando la iniciativa política necesaria para acercarnos al principio del fin del problema. La respuesta del gobierno y de los partidos mayores, hasta la fecha, ha pecado de escasa voluntad. Entretanto ese impulso llega, la corrupción mantendrá a España alejada de los países que mejor van y los españoles seguirán teniendo una relación reticente con la política.

La corrupción en España

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