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LITERATURA

Pregúntale a Bukowski quién era Fante

Hambre es la colección de textos rescatados de un autor que se adelantó a su tiempo y sufrió olvido después de haber reflejado como nadie el fracaso del sueño americano

John Fante. WIKIPEDIA

Se puede decir que Fante hizo a Bukowski y que este logró a su vez que Fante fuera recordado por los lectores. Me explico, Charles Bukowski empezó a sentirse importante como escritor cuando se vio reflejado en la intimidad, la emoción y la crudeza al descubrir el milagro salvaje de la literatura en el libro de un autor hasta el momento desconocido para casi todos. Sintió que había encontrado oro en el basurero de Los Ángeles; Henry Chinasky era Arturo Bandini y los dos álter ego le preguntaban al polvo. Otro tanto le pasó al guionista Robert Towne, que buscaba desesperadamente voces de carne y hueso para el diálogo de la Gran Depresión de 1930 que quería recrear en la película Chinatown, cuando se percató de que John Fante capturaba el tiempo mejor que nadie y de un modo asombroso. Un autor sumergido durante años volvía a la superficie.

Fante se adelantó a su tiempo con una escritura magra y sin adornos sobre el fracaso del sueño americano y aunque sus libros fueron para algunos objetos de culto nunca llegaron a ser éxitos comerciales. Terminó ganándose la vida como guionista, y hasta mediados de la década de 1970 no halló a su ángel protector. Bukowski, que trataba de escribir al mismo tiempo que se emborrachaba, descubrió a su padre literario en Pregúntale al polvo. Luego jugaría un papel decisivo para que Black Sparrow reeditara toda su producción. Desde 1980, vieron de nuevo la luz sus obras de ficción y dos volúmenes de cartas, y Fante alcanzó el éxito. Lamentablemente murió en 1983 sin poder disfrutar del rescate de un trabajo postrado. No es ocioso pensar que el legado de ambos, Fante y Bukowski, se construyó a partir del otro, de no ser así probablemente ninguno de los dos hubiera tenido la relevancia que tiene.

Pregúntale al polvo no solo encarnaba los sueños y deseos de un vagabundo en apuros, sino también los prejuicios sociales de ser un campesino pobre de ascendencia italiana rechazado por la sociedad. La novela lo tenía todo para triunfar cuando se publicó por primera vez en 1939. Desafortunadamente, debido a una mala racha y a la falta de sincronización, el libro salió cuando su editor, Stackpole and Sons, estaba siendo demandado por el gobierno alemán y Hitler a causa de la publicación no autorizada de Mein Kampf. Debido a la demanda, la promoción de la novela no recibió el respaldo financiero suficiente y quedó enterrada bajo el éxito de otros libros como Las uvas de la ira, de John Steinbeck.

JOHN FANTE. Hambre. Traducción de Antonio-Prometeo Moya. Anagrama, 288 páginas, 19,9 €.

Mientras investigaba para una biografía del escritor problemático que no pudo resistir a las tentaciones del alcohol y del juego en Hollywood, Stephen Cooper, gracias a Joyce, la mujer de Fante, dio con un alijo de ficción inédita y hasta el momento jamás recopilada. Lo que había en aquel fajo no eran relatos o embriones de novela despreciados por Black Sparrow cuando publicó en 1985 su colección definitiva, El vino de la juventud. Eran el poso pegado a la olla reposando en viejos archivadores junto a correspondencia y facturas, carpetas y folios escritos a mano, que el autor guardaba en su rancho de Point Dume, en Malibú, California. Entre los bocetos y capítulos de novelas fallidas e historias que Fante escribía para no olvidarse de quién era mientras ganaba mucho dinero con los guiones para los estudios, había gemas valiosas de su más puro estilo. Es el material que se imprimiría bajo el título de The Big Hunger y que ahora publica Anagrama. En total, dieciocho historias, entre ellas los agudos retratos de inmigrantes de la clase trabajadora de Boulder, el pequeño pueblo donde el autor pasó la infancia: esos familiares y sus amigos, sudorosos, trasegando vino y fumando cigarros enfundados en sus ropas de domingo. Un sujeto monstruosamente listo nos presenta el terreno de la exploración que pertenece a Bandini, del avispado narrador que trabaja en los muelles, tiene las manos encallecidas, aunque también cita a Nietzsche, se acuerda de Voltaire, de Mencken y de Sherwood Anderson, mientras persigue mujeres en el salón de baile. En Soy un escritor veraz tenemos el lugar familiar de Fante en Bunker Hill, el tumultuoso vecindario de Los Ángeles donde el escritor habitó una pensión destartalada llena de soñadores y perdedores de todo el mundo. Bandini, el narrador vanidoso y arrogante corre en círculos alrededor de una joven a la que trata de convencer con su caudal de conocimiento, pero ella prefiere al patán rico con un coche deslumbrante. Al final desea ser el gordo dueño de un Plymouth antes que un escritor hambriento. O está también Prólogo para “Pregúntale al polvo”, con el que Fante supuestamente trató de persuadir a Stackpole de que tenía suficiente material para una buena novela. «¿Hablo como un lunático? Pues tráeme la locura, tráeme otra vez aquellos días», clama mientras implora a Los Ángeles, esa flor triste en la arena, que le ofrezca algo de sí. No hay que olvidarse de John Fante

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