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Efemérides

En busca de espacio y de tiempo propios

Virginia Woolf, un siglo después

Virginia Woolf. wikipedia

Probablemente es difícil encontrar hoy en día alguna persona lectora que no sepa quién es Virginia Woolf y, de haber leído algo de esta autora, que no haya sido «Una habitación propia». A pesar de lo cual, es una gran satisfacción para la gente «woolfiana» tener esta magnífica edición entre las manos: es un libro agradable al tacto, amable para la vista, con un prólogo muy informativo de Elena Medel y unas ilustraciones estupendas de Sara Morante.

Virginia Woolf (Inglaterra 1882-1941) es una reconocida escritora, autora de numerosos artículos, de relatos breves y de nueve novelas, algunas de las cuales sobresalen como hitos del Modernismo británico, tal es el caso de La señora Dalloway (1925), Al faro (1927), Orlando (1928) o Las olas (1931). Importante como es su producción literaria, los ensayos Una habitación propia (1929) y Tres guineas (1938) constituyen dos libros fundamentales para entender la historia y la cultura de la Europa de la primera mitad del siglo XX.

En Tres guineas Woolf contesta, en forma de carta, a una supuesta pregunta que le formula un interlocutor culto y maduro de cómo cree ella que se podría evitar la guerra. Woolf le explica que, para entender sus argumentos pacifistas, el mundo tendría que admitir primero que las mujeres, en tanto que seres humanos, debieran contar con todos los derechos, que tienen la misma capacidad intelectual que los hombres y reclaman la oportunidad de desarrollarla. Pero, explica a lo largo de casi doscientas páginas, al patriarcado no le interesa perder a sus servidoras y, además, encontrarse con competidoras, sino que lucha por mantener un sistema que encierra a las mujeres en casa, en la nulidad personal y el servilismo, y que las empuja a la hipocresía y a la «inmoralidad».

Una década antes ya había Woolf reclamado en «Una habitación propia» un espacio para que las mujeres pudieran ejercitar su derecho al conocimiento y la creatividad artística, espacio que necesita ser acompañado de tiempo, pues no sería una habitación propia si no hay tiempo para habitarla. Esta es la obra en que Woolf expone que el mundo patriarcal no es consciente de todas las posibilidades de arte y conocimiento que se pierden a causa de su negativa a reconocer la capacidad de las mujeres, que son la mitad de la humanidad: si la hermana de William Shakespeare, pone de ejemplo, tuvo el potencial literario de su hermano, tal potencial se perdió, porque, como mujer, ella no pudo desarrollarlo técnica ni intelectualmente, ni moverse libremente entre la sociedad inglesa como hizo él.

Ambos libros debieran ser leídos en la actualidad, porque, si bien algunas cosas han mejorado, no ha cambiado el discurso dominante, que únicamente favorece que las mujeres se rindan al amor romántico y a la frivolidad y que dediquen sus esfuerzos al cuidado de su progenie, de sus maridos, y de los enfermos y ancianos de su entorno. Virginia Woolf nos explica en este libro que ella se crió en un hogar intelectual, donde aprendió a argumentar por escrito, y que gracias a la herencia de una de sus tías pudo dedicarse a escribir aun siendo mujer. Pero cada vez que entramos, como en el momento presente, en un periodo de reacción contra la creatividad de las mujeres, lo que sucede de manera periódica, se intenta desacreditar esas ideas aduciendo que Woolf es una burguesa blanca e intelectual y que no habla para todas las mujeres. Así que no puedo dejar de maravillarme ante tamaña sinrazón, ya que ¿acaso no veneramos las sabias palabras de los hombres blancos, burgueses e intelectuales que conforman nuestra historia y nuestra literatura?

En busca de espacio y de tiempo propios

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