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Diario de Mallorca

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CÓMIC

Mariposas incandescentes

Los planetas se han alineado para hacer coincidir a Robert Kirkman con Chris Samnee. O, lo que es lo mismo, uno de los mejores guionistas actuales con su equivalente en el campo del dibujo

Mariposas incandescentes

El resultado es arrollador. Al principio parece que nos van a contar una historia que ya hemos leído un millón de veces. El joven occidental perdido en alguna inhóspita cumbre tibetana, la lucha por sobrevivir en la nieve y la llegada a un lugar paradisíaco, esa Shangri-La de Horizontes lejanos o el Kun-Lun de Puño de Hierro y tantas otras. Hablamos del clásico monasterio cargado de monjes guerreros y calvos que consagran su vida a perfeccionar sus destrezas físicas y mentales. El Shao-Lin de la mítica serie Kung-Fu o el refugio del peculiar maestro bigotudo de Kill Bill. Y prometo que se acabaron los guiones.

Kirkman, que tras Los muertos vivientes bien podía haber perdido el mojo, demuestra su buena forma. Nos traslada a esos lugares familiares y perfectamente reconocibles y exhibe su habilidad para darles la vuelta. «¿Conocéis esta historia? Ahora lo veremos», eso es lo que el relato parece sostener. Como en Kung-Fu Panda, el héroe no solo se busca a sí mismo, también desea encontrar a un padre ausente cuya sombra pesa demasiado sobre su destino. ¿Está condenado a cometer los mismos errores que su progenitor?

El guión por un lado se detiene en todas las estaciones habituales en este tipo de narraciones: el duro entrenamiento, la relación cada vez más estrecha con el maestro, las inevitables peleas y desafíos, el mito inalcanzable del guerrero que en el pasado dominó una técnica ahora perdida, ese poder del fuego que da título a la obra... Pero también ofrece pequeños detalles que reconstruyen sucesos del pasado, ironizan sobre algunos tópicos de las artes marciales, esbozan una encantadora relación romántica y adelantan conflictos futuros. Al final hay una gran batalla y un salto temporal. Quince años después el protagonista vive lo que parece una existencia tranquila en algún lugar de occidente, pero sabemos que esa paz está a punto de quebrarse, dando paso a nuevas aventuras. Por el camino Kirkman salta con insultante facilidad de la comedia al drama y de éste a la épica y la reflexión. Es un guión muy inteligente y preciso, no se dejen engañar por su aparente sencillez.

Y lo mismo podría decirse del dibujo de Samnee. Es el digno heredero de esa vía simplificada y poderosa donde lo que cuenta es el contraste de las masas negras y unas líneas tan escasas como precisas. Hoy en día es prácticamente el único que puede sostener el legado de Sickles y Caniff, continuado por Toth, Mazzuchelli, Milazzo y muy pocos más. Divertido y fresco, además viene acompañado por un colorista excelente, muy atmosférico. La verdad es que su trabajo se vende solo, basta con que repasen sus páginas, enseguida percibirán su poderío. Domina la organización de las viñetas en la plancha, la gramática de los gestos, elige siempre el encuadre más adecuado y todo dentro de una lógica minimalista, donde cualquier detalle de más es eliminado de la ecuación.

Gracias, Kirkman y Samnee, por ofrecernos uno de los tebeos más disfrutables del año. Un gran entretenimiento... ¡y mucho más!

Mariposas incandescentes

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