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Cómic

Los vivos y los muertos

Poco antes de iniciarse el confinamiento se lanzaba el último número de la saga Los Muertos Vivientes, una ficción que saltó del papel a la televisión, abandonando su público original de “comic-zombies” para convertirse en un fenómeno global y tremendamente popular.

Los vivos y los muertos

Los vivos y los muertos

Su creador, Robert Kirkman, fue una de las estrellas del pasado Festival de Angulema, localidad a la que acudió a finales del pasado enero y donde ya se escuchaban avisos contra la Covid. Los primeros casos en Francia se habían registrado en París y en Burdeos, una ciudad muy cercana a la pequeña villa de Angulema. Un mes más tarde nuestro querido gobierno seguía insistiendo en que no se sabía nada y que aquello era poco más que una gripe. El encuentro con Kirkman no defraudó, se mostró cercano y divertido, provocando las risas de los franceses cuando hacía como que se echaba a dormir mientras traducían sus palabras. Venía acompañado de una exposición donde la escenografía pesaba más que los contenidos pero que sin embargo tenía un muy interesante tramo final, páginas originales de The Walking Dead, con un capítulo que todavía no conocíamos. Se trataba del último número de la serie, recientemente publicado. He escrito en numerosas ocasiones sobre esta ficción, siempre con admiración y respeto hacia el trabajo de Kirkman y su compañero en las tareas gráficas, Charlie Adlard, al que considero un gran narrador y en buena medida responsable también del éxito del producto. El guión se asegura de cerrar la trama abierta en episodios anteriores, una crítica de una sociedad en la que aparentemente todo va bien, pero gracias a un sistema de castas donde la libertad queda excluida. Por un lado se deja claro que no hay prosperidad sin libertad, algo que “los enemigos del comercio” tienden a olvidar (durante el encierro me he leído la obra magna de Escohotado y se la recomiendo). Por otro se incide en el gran asunto de la saga, el tema central sobre el que pivotan todos sus capítulos: nuestra estancia en este mundo es pasajera, nuestra vida, breve. Al contrario que en otras ficciones modernas que empleaban a los zombies como metáfora de un miedo algo abstracto, empezando por la inicial cinta de Romero y todas las que le siguieron, Kirkman desplaza el foco de atención del dolor y la corrupción a la vida, adoptando casi el lema de John Carter, el clásico personaje de Burroughs. Lo que aquel aventurero marciano repetía ante cualquier adversidad era “Seguimos vivos”. Y eso es lo que claman los protagonistas de Kirkman. Las penalidades son muchas, pierden ojos, brazos, piernas y hasta la vida en ocasiones. Pero algunos sobreviven. La civilización se ha derrumbado y una epidemia provoca que los muertos cacen a los vivos, así que el panorama es aterrador, toda esperanza parece fuera de lugar. Pero sus héroes son capaces de sobreponerse a eso y, alzándose ante la desolación, proclamar “¡Seguimos vivos!”. Por eso acaba resultando una serie optimista, llena de vitalidad, a pesar de las miserias y los constantes problemas. Kirkman explicó que él nunca se divierte con los sufrimientos de sus héroes. Escribió en un aeropuerto la muerte de uno de ellos y acabó llorando a lágrima viva, para sorpresa de otros viajeros cercanos. Las lágrimas están garantizadas en el último episodio y también las sorpresas. Nos despedimos de la saga con un salto temporal y una nueva metáfora político-social, una reflexión sobre la fugacidad de nuestra memoria colectiva. El mundo de Rick Grimes ha sido substituido por otro más seguro. En esa nueva sociedad que mejora día a día la crisis pasada es ya casi un débil recuerdo. Así que hay quien piensa que puede jugar con los zombies, emplearlos como animales de circo, exhibiéndolos de un lugar a otro. Pero algunos todavía recuerdan... 

Los grandes artistas nos ofrecen versiones distorsionadas, imaginativas, de lo que llamamos realidad, versiones que nos invitan a disfrutar y también a pensar. Y es lo que Kirkman hace a lo grande. Su fantasía es la lectura que yo aconsejaría durante y después de una crisis aumentada por la ineficacia de un gobierno torpe y desalmado. Porque nos habla de dificultades y de la necesaria fuerza mental para oponerse a ellas. Cuando ya nada tiene sentido, cuando hemos perdido la esperanza ¿cuáles son las razones para seguir? La serie nos da algunas pistas y también nos regala momentos increíblemente emotivos, como todo el pasaje con las lágrimas del hijo, cuya pena compartimos, tal es la fuerza del relato. Porque queremos seguir viviendo, porque nosotros sí que recordamos a nuestros muertos y estamos muy enfadados, porque nos negamos a que nos engañen más... Por eso nos gustaban “Los Muertos Vivientes”. Ahora nuevas ficciones los sustituirán, pero Michone, Rick, Negan y tantos otros pervivirán en nuestros corazones.

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