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Diario de Mallorca

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Narrativa

Cuando los días se hacen noches

Personajes sombríos y vidas sin rumbo en la última novela traducida del autor suizo-alemán Peter Stamm

Odine Johne en ´Agnes´, sobre novela de Peter Stamm. LIEBLINGSFILM/WDR/ATRACK

En las novelas de Peter Stamm (Münsterlingen, 1963) la felicidad reside exclusivamente en la lectura. Una especie de pesar recorre las páginas como sucede en Noche es el día, traducción al español del original (Nacht is der Tag) que, a mi juicio, resulta menos aclaratoria que la inglesa, All Days are Night, todos los días son noche.

Gillian, una presentadora de televisión de treinta años, atractiva y famosa, sufre un accidente de automóvil en el que perece su marido beodo tras una violenta discusión y una pelea. Con el rostro desfigurado emprende una exploración de su nueva identidad. Su vida ha cambiado: en el hospital nace una nueva mujer que intenta alcanzar una comprensión de sí misma. El autor de la novela que, al igual que otras anteriores de Stamm acaba de publicar Acantilado, se vale de flashbacks para ayudar al lector a seguir la indagación de la protagonista.

La historia no deja de interesar desde el primer instante en que toma el derrotero pirandelliano del personaje en busca del autor. "En la oreja podemos hacer un trasplante sin dificultades -dijo el médico-, pero los vasos sanguíneos de la nariz son muy delicados. Le haremos una nueva. En este momento el aspecto no es agradable -añadió-, pero creo que estaría bien que le echase un vistazo". La primera reacción de Gillian es ocultarse tras el espejo que le ha revelado su nueva fisonomía. El hecho de poder oler el café sin tener nariz despierta su curiosidad. La batalla siguiente no la libra con su físico sino con la memoria. Es incapaz de recordar. Algo se ha roto, como escribe Stamm, y es necesario recomponer las piezas.

No pasa mucho tiempo sin que la narrativa se divida y deje paso a Hubert, un artista que ha encontrado el éxito inesperado con fotos de mujeres desnudas en situaciones cotidianas. Hubert forma parte del recuerdo nublado de la protagonista y del desenlace trágico posterior. En la segunda parte del relato reaparece. La cronología que preceden al accidente demuestra cómo la relación de la pareja formada por Gillian y Matthias, el marido que acaba de fallecer, desemboca en una tensa rutina.

Los pilares en que se asienta la trama no son excesivos -a veces se echa en falta un mayor impulso en el corpus literario minimalista de Stamm, un potente narrador de piezas cortas que naufraga ocasionalmente en las largas-. Revelar su progresión podría contribuir a destripar la novela. Obviamente, no lo voy a hacer. Al autor de Noche es el día se le ha comparado con Camus y también con Beckett. Sus personajes son sombríos, sus vidas navegan sin rumbo al borde de la desintegración, oprimidos por la ansiedad y atrapados por sus obsesiones. En la novela que ahora ve la luz luchan por resumirse a sí mismos y poner a salvo sus conciencias.

En la primera mitad del relato, las secuelas del terrible accidente y los recuerdos de Hubert, agitan conmovedoramente a Gillian; en la segunda, seis años después, se produce el reencuentro que, lejos de ser concluyente desde el punto de vista narrativo de la ficción, parece fundirse con desánimo indisimulado en la propia vida y sus historias más corrientes. En medio de todo ello pasean las máscaras del éxito, la desnudez, las relaciones fallidas y la alienación emocional de los personajes que pueblan la trama.

La falta de definición y de soluciones no se aleja de ciertos mecanismos meditados del escritor suizo-alemán de otras obras que mantienen en suspenso el misterio que las caracteriza desde el primer renglón y que la magnífica prosa de Stamm, iluminada por una luz quirúrgica, no consigue tampoco esta vez desentrañar, presumiblemente de manera consciente y calculada. En eso consiste a veces el minimalismo.

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