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El plan que puso punto final a la industria textil de Sóller

La industria de la tela tuvo su momento de esplendor en sóller durante y después de la guerra civil con el funcionamiento de quince fábricas, que entraron en crisis en los sesenta con la llegada del turismo.

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El plan que puso punto final a la industria textil de Sóller Joan Mora

El Boletín Oficial del Estado del 10 de julio de 1969 publicaba un decreto rubricado por Franco con el que se activaba el Plan de Reestructuración de la Industria Textil Algodonera de España. Su finalidad no era otra que la de reordenar un sector que en los sesenta empezó a zozobrar como consecuencia del proceso de modernización del país al que no se supo adaptar. España se modernizaba y comenzaban a sobrar fábricas obsoletas y miles de trabajadores del sector textil.

El decreto franquista supuso el punto de inflexión para que se materializara el final de la que había sido la floreciente industria textil de Sóller que en la primera mitad del siglo XX dio trabajo a cientos de trabajadores. La industria de la tela tuvo su momento de esplendor en Sóller durante y después de la Guerra Civil cuando cerca de quince fábricas funcionaban a doble turno para satisfacer la demanda de telas que había por aquel entonces. A su favor tuvo el hecho que la industria catalana de la tela sufrió importantes daños durante la guerra por lo que tardó años en poderse recuperar plenamente. Mientras tanto, las fábricas de Sóller trabajaron a destajo hasta que el sector solleric entró en crisis en unos años en que el turismo se convirtió en una industria mucho más rentable que no la de las telas.

Con la entrada en vigor del decreto, los industriales de Sóller vieron la oportunidad de cerrar sus fábricas con ayudas económicas del gobierno. La administración abonó a los empresarios una indemnización de unas 2.000 pesetas por telar para cerrar la producción. Un dinero que se sumó a los subsidios e indemnizaciones que percibieron todos los trabajadores que se vieran afectados por el cierre de las fábricas. Como curiosidad, la reconversión industrial del gobierno que financió el cierre de fábricas obligó a romper la maquinaria y los telares con mazos para dejarla completamente inutilizada.

Desde 1966 hasta 1990

Los problemas estructurales y económicos de la industria textil de Sóller comenzaron a aflorar a partir de 1966. Por entonces empezaron a aflorar los problemas estructurales de un sector que se venían arrastrando desde muchos años antes. A finales de los sesenta las fábricas clamaban ser modernizadas. La evolución de la producción de ropa necesitaba una mecanización de todo el sistema productivo. Pero en Sóller las fábricas continuaban con unos telares, alguno remendado, que requerían más mano de obra de la que por ejemplo utilizaban las fábricas del anillo industrial barcelonés.

Poco a poco, fomentado también por las dificultades de comunicaciones que presentaba el valle, las industrias entraron en una fase de paulatina recesión. En los primeros meses de 1966 se cobró su primera víctima.

La Unión Textil, emblema detrás del cual estaba la fábrica La solidez de Damià Mayol, puso punto y final a su producción. Un total de 90 telares dedicados a la confección de ropa para camisas, pantalones, mantelerías, colchones y sábanas en la que habían llegado a trabajar 170 empleados en tres turnos de trabajo bajó la barrera para siempre.

No pasó un año cuando la industria de Can Moana de Marcel.lí Rullan siguió el mismo ejemplo. Corría el año 1968 y se desencadenó un efecto dominó que se prolongó durante los años siguientes. La difícil decisión fue copiada un año después para por Textil Isleña, titular de la fábrica de Can Pelut.

El año más tarde la crisis textil se cobró una nueva víctima. Era el año 1970 cuando cerraba la industria de Tejidos Alcover que se ubicaba en Can Pedaçot. O «casa Trapote» como decían sus trabajadores, que como otras decidió detener su producción y acogerse a la reconversión industrial promovida por el gobierno.

Unos meses más tarde, acabó la fábrica de Can Bach, regentada por la sociedad Frontera-Puig, que finalmente detuvo la producción de ropa en 1971. En el mismo año, siguió los mismos pasos la Textil Mallorquina y Juan Puig desmantelando primero la industria instalada en la Fábrica Nova y posteriormente la de Can Puig.

A partir de este momento la industria textil de Sóller estaba ya tocada de muerte. Tras los cierres de 1971 subvencionados por el gobierno sólo quedan en activo Can Pizà y Ca les Ànimes.

Pero la situación no iría mucho más allá. Tejidos Pizà decidió poner punto y final a la producción de ropa de la fábrica instalada en la calle Isabel II. Era el año 1980.

El final se dio diez años después, en 1990, cuando finalmente Ca les Ànimes sucumbió y cerró. Se ponía así punto final a un sector que en pocos años dejó cientos de tejedores que tuvieron que recolocarse en sectores como el turístico y el de la construcción.

Mientras tanto, el gobierno fue prorrogando su plan de reconversión del sector con el fin de ordenar la industria de las telas en toda España, lo que supuso para Sóller dejarla reducida a un montón de escombros.

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