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Oblicuidad

Simenon, premio al autor para confinados

Simenon, premio al autor para confinados

Simenon, premio al autor para confinados

El segundo confinamiento se ha descargado del manto de las hipótesis para adentrarse en la agenda de previsiones inmediatas. En la primera entrega, el dilema de qué hacer si no tenías un perro al que pasear continuamente fue disuelto en vodka, o peor, en libros. El arresto domiciliario no sugiere la exploración de nuevos autores porque no es una etapa de descubrimiento, sino de contrición.

Les alegrará saber que el autor de consenso de las élites europeas confinadas fue el prolífico Georges Simenon. La falsa encuesta que conduce a esta figura no se ha efectuado entre intelectuales en lengua francesa, con propensión al belga. De hecho, la euforia del descubrimiento se debe a la frecuencia de sus novelas fugaces en los planes de lectura de intelectuales sajones. Resuelta la constatación, corresponde a los expertos determinar si el triunfo se debe a la agobiante ligereza que puebla sus novelas, a la facilidad de trazo o a la condición de campeón de los escritores de segunda división, con permiso de Somerset Maugham.

Leí algún Simenon de contrabando durante la clausura, pero no pequé de reincidente. Me define mejor la novela negra culpable de Leonardo Sciascia o Friedrich Dürrenmatt, escritores que transforman una anécdota nimia en un asesinato en primer lugar, y en una invectiva contra el Estado a continuación. En todo caso, la prórroga inevitable del confinamiento conducirá a la exploración de nuevos trabajos del belga rescatado por la popularidad. (¿Y Agatha Christie? Curiosamente ha ganado el trofeo a la autora más leída del enclaustramiento en el formato de teleseries).

El tiempo anulado resultaría más provechoso si se depositara en manos de los clásicos, pero requieren un optimismo ambiental y una dieta prohibida por la visita semanal al supermercado. Como bien apuntó Brillat-Savarin, "dime lo que comes y te diré lo que lees". De ahí que en la temible condición de tener tiempo para no hacer nada, que Jaime Gil de Biedma describe con horror en su diarios filipinos, Simenon sea el campeón entre los autores para confinados. Por supuesto, ni la peor plaga vírica puede garantizar una vigencia suficiente para absorber la mitad de los dos centenares de títulos producidos por la factoría belga. Y me permitirán que en la despedida envidie hasta la saña a quienes no han leído ninguna de las 33 novelas de Michael Connelly, uno de esos desafíos californianos que obligan a reclamar un confinamiento alargado o la purga voluntaria de cuarentenas ajenas.

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