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Diario de Mallorca

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Oblicuidad

La deuda impagable con ´Interviú´

La deuda impagable con ´Interviú´

¿Compró usted el número de Interviú previo al anuncio del cierre de la revista? No, por tanto nos ahorraremos las lágrimas alcalinas, derramadas a tono con la causticidad de la publicación. Entre la abrupta retirada del semanario y el visionado emotivo de Los archivos del Pentágono, la profesión naufraga en un océano de evocaciones nostálgicas. Convendría recordarle a alguien que el periodismo es la ciencia y sobre todo la conciencia del presente.

Podría montarse un ameno Trivial Purista que jugara únicamente con las exclusivas diseminadas por Interviú. Sin embargo, esta labor investigadora siempre fue eclipsada por el contenido epidérmico de la revista. Cambió la imagen del desnudo, que obtuvo la consideración de ofrenda bien remunerada que las diosas de la transición sacrificaban pinzadas en el altar de los quioscos.

Las pieles al viento de Interviú no se traducían todavía al idioma de la sumisión femenina ante la libido de los varones, sino que interpretaban la ruptura de los corsés dictatoriales. Aquellas imágenes no son reprobables por diluir el contenido periodístico anejo, ni por objetivar a la mujer. Sin embargo, nunca podremos perdonarles que nos invitaran a creer que habíamos adquirido el título de tolerantes.

Rugosa y sin contemplaciones, Interviú emparejaba a Emilio Romero con Álvarez Solís, un díptico más pornográfico que los desnudos adyacentes. La revista demostró que pensar lo contrario no implicaba una enemistad, sino una complementariedad. También aquí, se incurrió en la torpeza de concluir que los cambios de sensibilidad eran irreversibles. Los columnistas se abofeteaban en prosa, pero nunca se hubieran deseado mutuamente la cárcel, esa innovación del periodismo contemporáneo.

Nunca he visto comprar un medio informativo con la pasión que el lector empleaba para arrebatar su ejemplar de Interviú. Se devoraba la portada antes de pagarla. La palabra más repetida, "escándalo", no mortificaba sino que alertaba, un trigger warning que obligaba a internarse en la revista en ejercicio del propio riesgo. El contenido hubiera funcionado en el terreno de la ficción, pero este surrealismo solo demostraba que la prensa amarilla es más exigente en sus datos que la convencional.

La sociedad tiene una deuda impagable con Interviú. Los sucedáneos televisivos adolecen de su ingenuidad truculenta. Arruinó reputaciones inmerecidas, y en su apogeo hubiera neutralizado el vigente repliegue de las libertades desnudas.

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