18 de noviembre de 2007
18.11.2007
sociedad

Psicobloc: el ser humano, las rocas y el mar

La máxima es sencilla, suspenderse de las paredes con movimientos alternativos de las manos, y en caso de necesidad dejarse caer al agua; inventada por un mallorquín, Miquel Riera, esta disciplina fascina a muchos, entre ellos un escalador alemán de sólo doce años

18.11.2007 | 01:00
Arriba, Riera sale de la Cueva del Diablo tirando hacia ariba de su propio peso. Foto: Nele Bendgens.
La imagen confunde: el ser humano está pegado a una roca con brazos y piernas dobladas. Se trata de Miquel Riera, es mallorquín y tiene 44 años. Riera está entrenando ahora mismo en la Cueva del Diablo, en Porto Cristo, unos ocho metros sobre el nivel del mar. Pronto colgará de una peña soportando su peso uno de sus brazos, para subirse a la siguiente. Su espalda muestra una docena de pequeños bultitos musculosos. Miquel pega tres gritos, la subida ha costado esfuerzo.
Cuando llega arriba, mirando desde el acantilado, el hombre de Sóller no parece satisfecho. "No ha estado bien. No estoy en forma, he dormido mal esta noche", dice.
Miquel Riera es conocido mundialmente como uno de los mejores escaladores, y consta como inventor de una disciplina propia, el psicobloc, también llamado Deep Water Soloing (DWS). Se le supone la forma más pura de la escalada, se practica sin cuerdas ni ganchos, sólo con la bolsita de magnesio y los zapatos. Si el escalador cae, será al agua, pues para el psicobloc se escogen rocas sobresalientes sobre el mar. El comienzo es a pie de la roca. "Sólo hay dos caminos, hacia arriba o hacia abajo", dice Miquel. No hay bajada a pie.
El término mallorquín ´psicobloc´ lo inventó Riera. No significa más que "mente" y "roca", como símbolo de la confrontación entre el hombre y la montaña. No existen competiciones de ésta disciplina, pero la adrenalina es expulsada igualmente todo el tiempo, explica Riera.
"Cuando tu agarre no es firme, o el agua debajo de ti no parece lo suficientemente profunda, entonces hace falta la "gestión de tu crisis", es lo que escribe Udo Neumann en su blog de internet. Neumann rodó una película con el tema de la escalada libre sobre el agua en el año 2006, Psicobloc 101, igual que el realizador deportivo americano Josh Lowell. Éste ganó ya varios premios de cortometrajes con su Psicobloc, parte 1, rodado en Mallorca, entre otros en el famoso Sundance-Festival. El protagonista, el escalador con categoría mundial Chris Sharma, que hizo una escalada hasta entonces desconocida, por Es Pontas en Santanyí. La roca es conocida como una de las más complicadas del mundo, tiene el nivel de dificultad más alto: 9+.
Y ya hay cantera. En este día nublado llegó la familia Firnenberg de Hannover a la isla. El hijo de doce años, David, quiere probar con la roca. Escala desde que tiene cinco años, pero el psicobloc aún no lo ha probado. "Es mejor que yo", dice Riera y sonríe con su cara algo pícara. Pero el joven delgado no consigue escalar la Cueva del Diablo. Poco después de comenzar, patina y cae al agua, unos ocho metros de caída. Riera tiene que descender y ayudarle a David a subir a una roca. Regla del psicobloc: quien cae al agua, debe volver a subir. Puede ser complicado en rocas resbaladizas. De ahí otra regla, no escalar nunca sólo.

Sumergimiento suave

David lo volverá a intentar, pero no ese mismo día. "Estaba agarrado y quería subirme, pero entonces resbalé", explica. La posible causa es que dada la menor envergadura de sus brazos y la menor fuerza para subir su propio peso, no pudo seguir la ruta marcada por el paquete de fuerza que es Riera (68 kilos de musculatura para una altura de 1,60 metros). Por suerte el choque con el agua no dolió.
Así que David ahora también pertenece a la cantera de los psicobloc-DWS, que escalan los aproximadamente veinte lugares idóneos de la isla. "Realmente, entre los años 1980 y 2001 no había casi movimiento", dice Riera. Ya a finales de los setenta comenzó con unos amigos en la playa de Porto Pí a escalar sobre el agua, lo utilizó como entrenamiento para intentar peñas con mucha dificultad, pero evitando exponerse a herirse.
En éstos últimos años, visitar Mallorca se ha convertido en una especie de obligación para la elite de la escalada libre. "Si no has estado aquí, no eres nadie", dice Miquel. A sus 44 años no necesitaría demostrarse nada a sí mismo. "Tengo la suerte de haber encontrado en la escalada un deporte que me llena. Otros lo buscan toda su vida".

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