Tribuna

EE UU y fray Junípero Serra

22.09.2015 | 02:45
Escultura frente a Sant Francesc.

Los obispos de California expresaron inmediatamente su alegría y gratitud cuando el Papa Francisco anunció en enero la canonización de Junípero Serra. Pero inmediatamente se levantaron voces en México y California en contra de la exaltación de una persona que, según ellos, había sido "un conquistador, invasor y criminal". Periódicos como el Excelsior de México y Hoy de Los Ángeles daban publicidad gratuita a la polémica y se adscribían a la corriente descalificadora. Pequeños grupos protestaron frente al obispado de Los Ángeles ante la mirada perpleja o indiferente de la mayoría de los católicos californianos, tanto hispanos como americanos o filipinos, que viven en una comunidad enraizada en una larga historia que es modelo de convivencia, aunque no esté del todo exenta de dificultades y en la que algunos siembran como serpientes rumores de confusión.

Voces contrarias. La tensión en la calle es en buena parte un reflejo amplificado o distorsionado de los debates académicos que han recorrido la mayor parte del siglo XX y que han sido atizados por las cambiantes tendencias de las universidades norteamericanas. James A. Sandos (1988) resume los extremos de esta polarización y más recientemente Robert M. Senkewicz (2010) ha mostrado de manera muy ecuánime las diversas actitudes hermenéuticas que subyacen a los distintos investigadores. Entre los detractores están Rupert y Jeannette H. Costo (1987), o Robert H. Jackson y Edward D. Castillo (1995), que apoyados en un demoledor ensayo de Sherburne F. Cook (1976), no dudan en calificar el sistema de las misiones en California como un genocidio que tuvo un impacto fatal sobre las culturas originarias. Culpan a las misiones por todo, y así exculpan al despojo que supuso la secularización de las tierras y la llegada masiva de americanos con la violencia que desataron durante la fiebre del oro posterior.

Entre aceptación y rechazo. Investigaciones más recientes, dotadas de mayor acopio de datos, ofrecen opiniones más matizadas. Hugo Reid o William McCawley, aunque aceptan que los franciscanos se preocuparon sinceramente por el bienestar de los indios, siguen considerando que las misiones supusieron un daño irreparable en esas culturas o que se mostraron insensibles respecto de las tradiciones culturales de los nativos californianos. Steven W. Hackel considera ahora que las misiones fueron más porosas de lo que los expertos habían pensado y que en general los indios oscilaban entre la aceptación y el rechazo de las misiones porque suponían un cambio de su modo de vivir, pero les proporcionaba claros beneficios en cuanto les aportaban alimentación y vestido, les hacía dueños de espacios agrícolas y ganaderos y les permitía el intercambio seguro con las poblaciones españolas. Finalmente profesores como Rubén Mendoza, arqueólogo de las misiones, o Gregory Orfalea, defienden la canonización de Junípero Serra por cuanto supone el mejor reconocimiento posible al pasado hispano por cuanto todos los males de los que hablan los que están en contra (enfermedades, violaciones, esclavitud, etc.), sucedieron con anterioridad a las misiones o fuera de ellas y porque el franciscano español luchó denodadamente contra ellos.

Propaganda antihispánica. La propaganda antihispánica tuvo en realidad su primera manifestación en 1898 y sirvió para justificar la intervención americana en Cuba y la anexión de Puerto Rico y Filipinas. John E. Bennet exacerbó entonces el sentimiento antieuropeo, acusando a los españoles de tiranía, corrupción y lujuria: las misiones habrían sido similares a las plantaciones esclavistas del sur americano. La cultura hispana se ha dibujado siempre como la imagen inversa de lo que los americanos querían ser, nos pintan con lo que odian: mentirosos, despóticos, holgazanes, débiles, borrachos o mujeriegos, un mecanismo de desplazamiento de sus propias pesadillas.

Por otro lado se dio de forma alterna o bipolar, la apropiación sentimental de un pasado hispano legendario lleno de exotismo, por ejemplo, con la novela Ramona (1884) o con las historias de El Zorro. Esto ha favorecido sin duda la recuperación de las misiones y del Camino Real que atraviesa de norte a sur buena parte de California. Pero para muchos americanos las misiones pertenecerían más a México o a España y no serían más que huellas curiosas de una presencia difícil de comprender y asimilar, extraños lugares turísticos con cierto encanto y romanticismo pero en donde se observa como intrusión y amenaza la presencia cada vez más nutrida de nuevos hispanos, sobre todo mexicanos, que reivindican con sus banderas, su música y el uso del español su pertenencia a un espacio en el que identifican con un pasado que también fue suyo.

Despotismo y esclavitud son los temas que utilizan como argumentos ahora los opositores de la canonización, aunque sigan una agenda política muy diferente. La ligereza con que se tergiversa o malinterpreta la acción y el efecto causado por las misiones ha obligado a los biógrafos e historiadores a ahondar al máximo. Zephyrin Englebert con su monumental The Missions and Missionaries of California (1908-1915), señaló el carácter político de las misiones. Posteriormente el padre Omer Englebert (1956) destaca el carácter noble y humanitario de la conquista española y Maynard Geiger (1959) que resalta las cualidades heroicas de fray Junípero.

Se han escrito además muchas biografías, sobre todo en español: las de Pablo Herrera (1943), Gaspar Sabater (1944), José Sanz y Díaz (1956), Ricardo Mayo (1956) o L. Gálmez (1988), además de traducciones como la de Sylvia Hilton (1987) y una evocación en francés de Charles Piette (1946). Todos se apoyan en la excelente relación que ofreció el padre Francisco Palou a Junípero Serra y las misiones de California (1787). Aunque tal vez la versión más popular de todas sea The Sword and the Cross de George Whitting publicada en español bajo el título La cruz y la espada (1967) con ilustraciones un poco peliculeras de Jaime Juez Castellá, dirigidas al público juvenil por la editorial Bruguera de Barcelona.

Asumir el pasado. Sorprende por ello que los anticatólicos reclamen ahora que se dé a conocer mejor la vida del santo. Pocos protagonistas de la época cuentan con biografías tan detalladas. Y por si acaso, la arquidiócesis de Los Ángeles ha puesto en marcha un sitio web para mostrar el legado del franciscano, "modelo de misionero y evangelizador del siglo XVIII". Tal vez la verdadera controversia está encerrada en la extrema dificultad que supone para EE UU presentarse en ese panorama y asumir el pasado hispánico como parte también integrante de su identidad y no como ese alter ego lleno de defectos.

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