Limpieza

Guerra a las ratas de Son Banya

El Ayuntamiento ha puesto en marcha un dispositivo para controlar las plagas de roedores que sufren en el poblado desde hace siete años

07.08.2015 | 01:42
Guerra a las ratas de Son Banya

En cualquier barrio de Palma se hacen dos campañas contra plagas al año. Sin embargo, Son Banya llevaba desde 2008 esperando una desratización que ayer empezó con la instalación de trampas con veneno en la periferia del poblado. "Tenemos que levantar las piernas cuando estamos sentados para que no nos muerdan las ratas", aseguró Florentina Torres, más conocida como Flora entre los vecinos del barrio. Esta palmesana detalló que hasta en dos ocasiones ha tenido que cambiar la puerta de su casa porque las ratas se la habían comido. "Un día tuve que tirar hasta mi ropa porque entró una dentro de mi vivienda. Son del tamaño de un conejo", denunció Torres. Los años de dejadez son visibles en las calles. Las pilas de basura, los campos descuidados y las grietas de las casas son usadas como madrigueras por estos roedores poco queridos en el barrio.

Lokimica, la empresa que tiene la contrata para limpiar las plagas, desplegó hasta un total de doce dispositivos de control con los que poder acabar con la cantidad de ratas del poblado. "Hemos ubicado las cajas con el veneno integrado por todo el perímetro. Estos aparatos solo se abren con una llave especial que guardaremos nosotros", explicó Alberto Chordá, biólogo de la empresa. Además, para extremar la precaución y evitar que los niños jueguen con las cajas, se ha anclado cada una a un bloque de hormigón de entre doce y quince kilos. "Igualmente todo va señalizado por códigos y por seguridad colocaremos carteles informativos", añadió Chordá. Tras diez días, los operarios volverán a revisar si los dispositivos han tenido el efecto esperado.

Piden más atención

Antonio Díaz, otro vecino del poblado, aprovechó la visita de la regidora de Sanidad y Consumo, Antònia Martín, para contarle las malas condiciones en las que deben vivir. "Es muy peligroso así como está todo. No nos asfaltan las carreteras ni nos limpian la basura. Con tanto escombro las r oedores se meten y se convierten en criaderos", achacó. La regidora, por su parte, le afirmó que "el primer paso es quitar los roedores y después iremos mejorando la situación". La concejala admitió que hasta ahora se había hecho muy poco por el poblado y que las condiciones de salubridad son nefastas. "Lo haremos como toca, como se hace en todos los barrios de Palma. Vamos a tratar a Son Banya como se trata a los demás municipios", subrayó Martín. "¡Ya era hora!", añadió Díaz.

"Aquí solo vienen por la droga. Miran quien vende y quien no y ahí se queda todo", denunció una vecina indignada. "Los gitanos tienen que estar aquí escondidos y son invisibles a la sociedad. Se ha descuidado mucho la limpieza", concluyó. Según aseguró la regidora, "este programa entra dentro del presupuesto anual de plagas, de 320 mil euros. Lo único que hemos hecho ha sido reorientar el servicio porque sabíamos que el poblado lo necesitaba con mucha urgencia, pero no supone ningún coste adicional".

La regidora aprovechó su visita a Son Banya, que cuenta con aproximadamente 400 habitantes, para trasmitirles un mensaje de lucha contra la miseria. "La ciudad durante muchos años ha mirado de espaldas al poblado. Nos hemos centrado exclusivamente en el problema de la droga y la violencia pero está claro que también hay una población con necesidades", comentó Martín. Respecto al programa de lucha contra las plagas la concejala subrayó que cada semana se reúne con la empresa contratada para conocer detalladamente la situación de cada barrio. Según explicó, "en lo que va de año se han levantado 70 mil alcantarillas para examinar la proliferación de cucarachas y ratas. Así reubicamos los recursos en función de las necesidades".

Son Banya trata de luchar contra sus ratas. No obstante, tanto Florentina como Antonio aseguran que lo que deberían hacer es volver a poner en marcha la reubicación de los habitantes del poblado. "Queremos irnos, tenemos miedo a que los niños cojan algo; y nadie nos contrata si decimos de donde somos", destacó Torres.

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