Blog 
Mirada Exterior
RSS - Blog de María José Iglesias

Archivo

  • 04
    Mayo
    2016

    Comenta

    Comparte

    Twitea

    Trump, el candidato que Europa no quiso ver

    Por si alguien lo dudaba Donald Trump será el candidato electoral a la Casa Blanca por el Partido Republicano. Es cierto, los súper delegados tienen que hablar y la poderosa maquinaria conservadora, poco partidaria del empresario mega millonario, no cejará en su empeño de apartarle del camino a Washington. A la vista de datos y cifras todo será en vano. Hace casi un año, y los seguidores de este blog lo saben, quien suscribe daba casi por segura la nominación de Trump, que se materializará el próximo verano. En España escribir en esos términos resulta un sacrilegio contra lo políticamente correcto; en el resto de Europa algo parecido. Negar la evidencia de la progresión imparable de Trump, cerrar los ojos, o simplemente mirar hacia otro lado ante su vertiginoso avance sólo denota un profundo desconocimiento de la sociedad estadounidense y de su problemática actual. El país lleva varios lustros resbalando por la peligrosa pendiente de la decadencia; probablemente, desde el fin de la era Clinton, después de Kennedy, el presidente más querido del siglo XX y de lo que va del XXI.
    Obama empezó bien, pero ha decepcionado a muchos, incluso a los suyos. Sin ir más lejos, cualquier cubano de Florida votaría antes a Trump que a un aspirante presidencial apoyado por el presidente que dio barra libre al castrismo sin pactar reformas democráticas de calado para la isla. La minoría negra no es ahora más próspera que hace siete años, cuando el abogado de Chicago llegó al poder. La reforma sanitaria, ese Obamacare tan defendido por Hillary Clinton, futura candidata demócrata, no acaba de calar en la población. Y lo que es peor: por primera vez en su Historia el país que ha hecho de su bandera el principal producto mundial de comercio, teme perder su identidad.
    Desde el golpe de las Torres Gemelas América no es la misma. Las carreteras están viejas, los postes de la luz se desvanecen colgados de palos de madera. Las diferencias entre pobres y ricos crecen. Por eso, y no por otra cosa, el discurso triunfalista de Trump, tan inspirado en la doctrina Monroe de “América para los americanos”, cala en una clase media desilusionada, que a duras penas puede pagar las matrículas universitarias de sus hijos. “Si fue capaz de levantar sus empresas, podrá arreglar esto”. Es una de las frases más repetidas por los Trump-adictos.  
    El pueblo americano busca un nuevo George Washington que restablezca la prosperidad y el orgullo de pertenecer a la nación que un día fue el árbitro del mundo, y que se resiste a dejar de serlo. Contra la opinión generalizada en Europa, a los hispanos de diferentes orígenes que habitan en los EE UU les interesa un presidente contundente con la emigración ilegal que les quita los puestos de trabajo.
    Hillary Clinton tiene la oportunidad de vender, en la carrera final, una imagen moderada y cercana, alejada de esa percepción de millonaria forjada en la política, distante y mimetizada con los recovecos del poder, algo que le impide enganchar con la gente de la calle. Curiosamente, a pesar de sus aviones y rascacielos, a Trump le ven uno de los suyos. Así que a Hillary le espera un verano muy duro. Y es que como escribe Saramago en “Ensayo sobre la ceguera”: “Probablemente, sólo en un mundo de ciegos serán las cosas lo que realmente son”.

     

    Compartir en Twitter
    Compartir en Facebook