­­Ha proyectado casas de lujo para Felipe González, Penélope Cruz, Borja Thyssen y media plantilla del Real Madrid. Joaquín Torres (Barcelona, 1970) empezó hace quince años y ahora su firma de arquitectura, A-cero, es toda una marca. El estudio de Torres, el arquitecto español más mediático, tiene sede en Madrid y oficinas en Dubai, Ho Chi Min y pronto también en Líbano.

–¿En qué colegio se educó?

–En el Liceo Francés, de Madrid. Mi padre se empeñó en que estudiara en la Universidad de Navarra y para mí, que venía de una educación liberal y agnóstica, fue tremendo encontrarme con el Opus. Suspendí Teología y, como tenía que repetir curso, me fui a estudiar Arquitectura a A Coruña.

–¿Para liberarse de la culpa, su padre le encargó su casa?

–Mi padre, que era socio de Florentino Pérez, quería que trabajase en ACS, pero yo quería ser arquitecto y hacer otro tipo de arquitectura. Trató de seducirme con encargos para la empresa hasta que me encargó hacer su casa y no pude negarme.

–Gracias a esa obra conoció a Luis García Cerecedo, dueño de La Finca y su gran mecenas.

–Sí, me convertí en su arquitecto y me presentó a gente como Felipe González y a todo un mundo que me era ajeno.

–¿Al morir él, hace un año, se acabó su trabajo en La Finca?

–No quise supeditar mi estudio a su empresa, y aún así, el 60% de la facturación de A-cero dependía de él. Cuando me preguntan si noté la crisis digo que noté la muerte de Luis.

–¿Ha pasado de los casoplones a las casas prefabricadas?

–Seguimos haciendo casoplones, lo que pasa es que ahora los clientes me exigen una confidencialidad que antes no me pedían. Penélope Cruz me ha hecho firmar una cláusula de confidencialidad. Yo no niego nunca la autoría de mis proyectos pero no hablo de ellos.

–Ha hablado de sus casas en TV. Se ve que le gusta la TV.

–Sólo de los clientes que han querido. La televisión me gusta para dar a conocer nuestro trabajo porque eso hace que el estudio funcione. Los arquitectos, en este país, hemos despreciado el marketing y nosotros también necesitamos vendernos para tener trabajo.

–¿Sus colegas le censuran?

–Claro.

–No goza de gran predicamento en el mundo académico.

–En España, no. Tenemos más prestigio y más premios fuera que dentro. Parece que si no pasas por la Escuela (de Arquitectura) o por el Colegio de Arquitectos no puedes hacer obra pública.

–Las revistas de arquitectura le ignoran, ¿le molesta?

–Me molestaba; ahora estoy seguro de que hago arquitectura de calidad. Por vanidad, me gustaría publicar en El Croquis, pero las revistas técnicas me la soplan, son para los propios arquitectos.

–¿Cuánto factura?

–Por encima de diez millones de euros, en arquitectura. El departamento de interiorismo está por encima y el de construcción, más aún. Superamos el ejercicio de 2009, que fue un año fantástico.

–¿Ha hecho vivienda de protección oficial?

–Varias veces, pero, al final, esto es una empresa y es mucho más rentable la vivienda de un riquísimo que cien viviendas de VPO.

–¿En esos tiempos, exhibir esas casas no es una obscenidad?

–En todo caso, será hacerlas, si es eso obsceno. Si tienen dinero y quieren... Cuando me hacen un encargo, no me planteo si el cliente ganó el dinero legítimamente o no, sólo si le gusta mi arquitectura.

–A Zidane no le gustó mucho.

–Ninguno de los dos acabamos contentos. Vino a encargarme una casa muy moderna, cuando lo que quería era un petit château.

–¿Penélope y Bardem quedaron satisfechos con la suya?

–Quedaron muy satisfechos de su casa pero no de mi notoriedad.

–¿A González le molestó que hablara de su casaza de Tánger?

–Tengo una relación cordial con Felipe y él no me ha dicho nada. La construcción se paró cuando se divorció de Carmen Romero.

–¿Tiene lista de morosos?

–Cada vez, menos, porque ahora cobramos por adelantado. Todo se aprende. Hay gente muy conocida que es muy mala pagadora.

–Acaba de celebrar el XV aniversario de A-cero con un fiestón.

–Una fiesta de celebración y de agradecimiento a mis clientes; sin ellos no A-cero no sería lo que es.

–¿Por qué ha cambiado de escala?

–Gracias a haber ampliado el abanico facturamos mucho más.

–¿Por qué el nombre A-cero?

–Éramos un cero a la izquierda. Arquitectura, un cero, el acero... Y porque teníamos que ser los primeros en las Páginas Amarillas.

–Torres y acero: combinan.

–Siempre dije que si no triunfaba en la arquitectura no triunfaba nadie, porque tenía los medios para lograrlo, por mi familia; estaba seguro de mi talento y era trabajador. Pero es una estupidez, hace falta mucho más: un espíritu muy comercial, contactos, suerte.

–¿Cuál es el papel de su socio, Rafael Llamazares, en A-cero?

–La empresa es piramidal y ni a él ni a mi nos gusta tratar con el cliente. Los dos llevamos la parte creativa y Rafa lidia con el estudio.

–¿Mientras Foster reduce sus colaboradores usted crece?

–Somos casi un centenar, pero no pretendo llegar a la escala de Foster. Ni es un referente para mí.

–¿Quién es su referencia?

–Zaha Hadid. Cambió el panorama arquitectónico mundial.

–Tiene una vertiente solidaria importante: ¿la mala conciencia?

–No, descubrí que darte a los demás de manera real te da una paz interior alucinante.